Guerra Liera en su laberinto

Ernesto Hernández Norzagaray
19 enero 2020

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En las últimas semanas se ha hablado mucho sobre el futuro financiero de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Se ha dicho, por ejemplo, que desde finales del año un grupo de auditores se han instalado en la Casa Rosalina para realizar una investigación a fondo sobre el manejo de los recursos federales que se otorgan a la institución. Que producto de ese trabajo minucioso se tiene un diagnóstico preciso y este se ha presentado a las autoridades de la SEP y la SHCP, y si nos vamos, por la movilización y declaraciones alarmantes del Rector, la institución no salió bien librada.

Más aun, sería el refrendo de lo que ya se había encontrado a finales de 2018 y que provocó un acuerdo firmado y sellado por el Rector, el Gobernador y el Subsecretario de Educación Superior, donde el Rector se compromete a hacer cambios en los contratos colectivo de trabajo sean en los aguinaldos, las primas, la contratación de personal de confianza e incluso la jubilación dinámica.

Y esto, ha permitido al secretario Esteban Moctezuma afirmar que ya se sabe dónde radican los problemas financieros de nuestra Alma Mater y lo lleva a exigir de nueva cuenta, como parte de la solución, que se lleven a cabo planes de racionalización del gasto público en un tiempo perentorio sin mencionar que podrían abrir expedientes judiciales en los casos en que se han encontrado malos manejos.

Juan Eulogio Guerra Liera, el Rector de la UAS, ha tenido que transigir en su postura autonómica y permitir que los auditores hagan libremente su trabajo y cumplan en tiempo y forma con los objetivos establecidos por la SEP y la SHCP.

Es decir, permitió, lo que no ha permitido, a los universitarios interesados en reformar una ley orgánica que explica muchos de los males que seguramente los auditores han encontrado en el diagnóstico. Menos, ha exigido que ese diagnóstico inédito, deba pasar por la aprobación del pleno del Consejo Universitario. O sea, estoicamente, ha tenido que chupar faros y aceptar el ultimátum de que antes de que cierre marzo ponga sobre la mesa un plan para optimizar el recurso público.

Ahora, el Rector ha empezado a socializar el tema cuando debió hacerlo desde el año pasado, y lo hace en la calle y a la defensiva, buscando con engaños y medias verdades el apoyo de los universitarios y, en especial de los titulares de los sindicatos, que esperemos la piensen antes de firmar lo que les pongan sobre la mesa, aun cuando para muchos universitarios son una pieza de la llamada Universidad partido.

Es público que los funcionarios de primer nivel de la UAS se han servido con la cuchara grande asignándose salarios y prestaciones que son de los más altos entre las instituciones de educación superior. Desde que se instaló el cuenismo quedó atrás aquel salario para Rector que existía todavía en la gestión de José Luis Guevara Reynaga (1996-2000), y se fijaba de acuerdo de lo que percibía un profesor-investigador de tiempo completo titular C y, que hoy, a pesos actuales sería prácticamente un 25 por ciento de lo que hasta hace poco ganaba el Rector.

Pero, hasta ahí, es una parte del problema financiero, lo otro tiene que ver con las prestaciones que reciben los funcionarios de primer nivel y en algunos casos, hasta la parentela. Que igualmente tienen un estatus especial en cuanto a derechos pecuniarios. Más aun, está el costo que tiene para la Universidad sostener la estructura partidaria del Partido Sinaloense, sea a través de cargos, sobresueldos, plazas académicas y administrativas, programas sociales, comisiones, incluso utilización de los recursos materiales en las actividades partidarias.

O sea, hay tela de donde cortar, si la auditoría fue a fondo tuvo que haber encontrado los desvíos que se hacen a actividades ajenas a la Universidad.

Ahora bien, como el asunto se ha manejado con el mayor sigilo por el gobierno federal, buscando quizá correctamente no levantar olas mediáticas, no se conoce públicamente el diagnóstico que arroja la auditoría y eso, le ha dado margen al Rector para que plantee ante la opinión pública lo que desee para regularizar a la institución y que va en contra de los derechos de los trabajadores activos y jubilados, que dicho de paso no puede tener efectos retroactivos.

Es así como ofrece un cambio, en lo que él llama las “prestaciones no necesarias”, lo que esto signifique, y eso podría pasar por conculcar obligaciones y en especial de quienes disfrutan de la “jubilación dinámica”.

Ciertamente, al margen de estas “singularidades” de la UAS, se encuentra una realidad que es la masificación de la educación superior de manera que hoy la institución, según datos oficiales, tiene aproximadamente 150 mil estudiantes en los tres niveles académicos (prepas, licenciatura y posgrado) y, ahora, con la política del gobierno federal de puertas abiertas podría complicarse aún más el problema financiero.

Los directivos de la UAS deberían dar el primer paso y eso pasa por separar los vínculos de la UAS con el PAS, dejar de seguir dotando financiamiento en especie, es decir, “yo te doy trabajo y te pago, pero tú trabajas en el partido”, y si trabajas en el partido, “debes cotizar periódicamente a su funcionamiento”, además, “hacer activismo político constante sobre todo en épocas electorales” en menoscabo de las actividades sustantivas de la UAS.

Esta anomia institucional ya hizo crisis entre los propios universitarios comprometidos con el “proyecto” externo a fuerza de permanecer en la nómina: Una, porque rectoría ha empezado a hacer ajustes llamando a los directores a que racionalicen el personal a su cargo, lo que ha significado que activistas que durante mucho tiempo estuvieron en el “Servicio Social” o son “Personal de Confianza”, ahora se les han asignado actividades sustantivas. Asimismo, profesores que tenían carga les han pedido en algunas escuelas que las compartan con sus compañeros de partido, y eso lo único que ha provocado es frustración y socialización de la miseria salarial; Dos, en las escuelas y facultades, se han creado grupos de poder que trabajan para ellos y eso significa que los que no están nucleados queden prácticamente en desamparo, por lo que acuden desesperados con sus jefes políticos para que pongan orden en sus escuelas; y, Tres, estas jefaturas políticas, cada día tienen y tendrán menos márgenes de actuación para seguir aceitando con estos recursos el engranaje de la Universidad partido y están en clave de sálvese quien pueda.

La UAS vive un momento de inflexión y con ello su actual grupo dirigente. El cambio ha llegado de fuera y no estaban preparados para ello. No tienen margen de negociación con el gobierno federal y asumen que están en una posición débil, los senadores morenistas Rubén Rocha e Imelda Castro, poco podrán hacer para salvarlos, aun cuando el PAS se rinda a ellos con fines electorales, menos todavía, si lo que se busca es sacrificar los ingresos de los trabajadores activos y jubilados.

Bien lo decía un jubilado del sur esta semana, el gobierno federal está obligado a suministrar recursos a las universidades públicas, y si el problema son funcionarios corruptos, que vayan por ellos, no podemos pagar justos por pecadores.

¡Qué así sea!