Hablar con las manos
12 noviembre 2017
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Hay personas que hablan más con las manos que con palabras. Otras se sobrepasan y se dice que hablan hasta por los codos. Sin embargo, cuando no se exageran los movimientos, las manos se convierten en un hábil y efectivo vehículo de comunicación. Además, a través de su movimiento se puede mostrar si existe o no realmente congruencia con lo que se afirma vocalmente.
En noviembre de 1993 falleció un actor mexicano ampliamente conocido por hablar con las manos, Antonio Espino y Mora, mejor conocido como “Clavillazo” (aunque él había utilizado previamente los seudónimos de El “Chumiate” y “Polidor”), porque acostumbraba pintarse clavos en los ojos, y su compañero Adalberto Martínez le llamaba “Clavitos”, mote que mezcló con payaso y quedó finalmente como “Clavillazo”.
Originario de Teziutlán, Puebla, comenzó trabajando en las carpas hasta que se ganó la oportunidad de incursionar en el cine y la televisión. Se caracterizó, además, por vestir pantalones bombachos, saco de mangas largas y sombrero de tres picos. Además de hablar con las manos, inmortalizó algunas frases, como: “Pura vida, nomáaaaas” y “Nunca me hagan eso”, entre otras. Su hermano, Fidel Ángel Espino, escribió su biografía con el título de “Clavillazo, cuando las manos hablaron”.
Otras manos que hablan mucho y dejan profunda huella son las que se graban en la acera del Grauman’s Chinese Theatre, de Hollywood, inaugurado el 18 de mayo de 1927 con la película Rey de Reyes, de Cecil B. De Mille, aunque muchos actores prefieren grabar sus pies u otros objetos.
La tradición de estampar las manos en esa acera surgió en 1927, gracias a que la actriz del cine mudo, Norma Talmadge, se cayó accidentalmente sobre el cemento fresco en ese lugar.
¿Me expreso efectivamente con las manos? ¿Refuerzan lo que pronuncio vocalmente?
@rodolfodiazf