Hablar de paz entre balas. Moderar las necronoticias
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Antonio Roveda Hoyos, el periodista y académico colombiano que logró que los medios de comunicación de su país desnarcotizaran la información, trae a Sinaloa la propuesta inquietante de desmontar en las redacciones el discurso de guerra y montar el de la paz. Quitarle a las noticias el plomo del amarillismo, que a veces mata a más empeños pacíficos que la gente asesinada por los sicarios.
Lo ha planteado desde el lunes que llegó a Culiacán en una jornada intensa que pretende dejar, al menos, el debate sobre el tema. Lo traen un conjunto de instituciones como la Junta de Asistencia Privada, Compañía de Paz, Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión, Colegio Sinaloa y Consejo Estatal de Seguridad Pública.
Ayer culminó este esfuerzo inédito con un curso que aspira a sembrar en periodistas y comunicadores el vocabulario de la paz. Aun con el escepticismo que la encomienda implica, es el primer paso para definir políticas de medios referentes al manejo de información para tratar temas como homicidios y violencia.
Por supuesto que habrá resistencias. Las grandes audiencias del periodismo impreso o electrónico siguen consumiendo sangre y muerte y no es tanto para usar la información con fines útiles sino para saciar el morbo de una sociedad que se cura del miedo corroborando la crudeza de la carnicería humana.
También existen empresas periodísticas, grandes o pequeñas, que desaparecerían si dejan de suministrarle nota roja o amarillismo a su público. Ha sido el crimen y sus productos la mercancía que en automático acrecienta la circulación o seguidores a los medios. Somos víctimas y fanáticos a la vez del periodismo necrológico.
Sin embargo, tenemos que intentarlo sin dejar de informar. La libertad de expresión ha de evadir tarde o temprano la senda del libertinaje comunicativo. Además, ya es suficiente con el realismo trágico que hace de las redes sociales las principales propulsoras de la cultura por lo salvaje, lo bárbaro y del horror.
Roveda Hoyos sostiene que si Colombia pudo cambiar su historia de lo atroz del narcotráfico y la guerrilla, a la paz como sostén del desarrollo, México también puede. Ante directivos y trabajadores de medios de comunicación atónitos por el planteamiento, plantó la semilla de la curiosidad. Los que asistimos salimos de allí preguntándonos qué tal si lo intentamos.
Será difícil instalar la conversación por la paz en el campo minado de la narcoviolencia, donde todos los fusiles apuntan contra los pacíficos. El Gobierno, ya lo dijimos, hace negocios con la seguridad pública, en el ADN de los sinaloenses está la tolerancia al crimen por miedo o conveniencia, mientras que la nota roja es el superviviente vaso comunicativo entre medios y lectores.
¿Entonces qué? El periodismo tiene la responsabilidad social de construir esperanzas así sea en contextos desconsoladores. Ahora que la fuerza pública llevada al extremo de la militarización dejó de ser el clavo ardiendo al que quisimos aferrarnos, tenemos que calar la fórmula que sí funcionó en Colombia.
Los políticos no lo harán; hagámoslo los periodistas al lado de los ciudadanos.
Re-verso
Así sea el último aliento,
Alcemos bandera blanca,
Y arrojemos a la barranca,
El vocabulario sangriento.
Y ¡PAS! en lugar de paz
Fiel al estilo porril del partido que lo llevó al cargo, el Presidente Municipal de Mocorito, Guillermo Galindo Castro, se suma a la lista de Alcaldes intolerantes que quieren ver en cada periodista al servil bufón que les festeje sus dislates o al cómplice que solape las bribonadas del poder. Nos unimos a la protesta del Club de Periodistas de Guamúchil y la Asociación de Periodistas del Évora. ¡Alto a las agresiones contra la prensa!
alexsicairos@hotmail.com