¿Hay liderazgos fiables en Sinaloa?
Incertidumbre y la aguja en el pajar
Quizás en Sinaloa no nos baste ni la lámpara con la que Diógenes buscaba a ciudadanos honestos, en la emergencia de ubicar a mujeres y hombres para creer que ellas y ellos nos llevarían a estructurar el gran movimiento social que saque a nuestro estado de la maraña de intereses que se mueven en el mismo sentido que las crisis de seguridad pública, económica y política. Alguien que nos extraiga del territorio de las balas, miedo, inestabilidad e incuantificables pérdidas humanas, materiales y morales.
Dónde están los líderes a los cuales podemos darles el cheque en blanco de la confianza, firmarles a ciegas el pacto social y acompañarlos en jornadas arduas por la seguridad, el desarrollo y los valores, sin temor a la traición. Bajo cuántas lupas cívicas tendremos que colocarlos para sondear en los intersticios profundos que esconden corrupción, engaños y oportunismos. Qué microscopio popular es tan potente que permita diseccionar las entrañas de las y los que se ofertan como redentores del pueblo. Si es que las y los hay cómo buscarlos hasta dar con ellas y ellos.
¿Quién que nos diga cuál de ellas o ellos que se promueven como diques contra corrupción, violencia y narcopolítica puede garantizar el cumplimiento de la palabra? ¿Una comunidad tan herida como lo está la sinaloense querrá asirse de viejas manos extendidas que luego la suelten para que caiga al abismo? ¿Estamos acaso a tiempo aunque sea para construir los nuevos liderazgos del futuro? Son preguntas lanzadas al océano de la perplejidad dentro de una botella en espera de que no las encuentren y respondan las mismas sirenas que por décadas nos embaucaron con seductores cantos.
Sin embargo, los embates de la decepción no deben doblegarnos a los sinaloenses en el ímpetu por un mejor mañana si es que el hoy ya está del todo perdido. La pesada carga de la narcoguerra, el lastre de la codicia política tendiéndonos redes de demagogia, la pesadumbre generalizada que agrega como víctima colateral al sentimiento social, le dejan poco lugar a la esperanza. Por desgracia, los ideales y los principios son los primeros caídos en el campo de batalla que es vivir aquí.
No es poca cosa despertar corroborando los 5.3 homicidios dolosos y 6.2 privaciones ilegales de la libertad que en promedio ocurren a diario como posdatas del interminable memorando que evita olvidar que cada uno resistimos con el arma apuntándonos siempre a la sien. Y la maldición de ecos nacionales e internacionales que repiten incesantemente la fatalidad de coexistir en la cuna del narcotráfico y nos quiere mimetizar a la generalidad en ese linaje criminal. Normalizar a modo de resiliencia la imposibilidad de rebelarnos ante la delincuencia sin el riesgo de perder la vida en el intento.
Por ello volteamos a los lados escudriñando si el pasado, presente o futuro muestran a aquellos que quieran ser cabeza de ratón en vez de cola de león para seguirlos en la operación rescate de Sinaloa. Ya no más madres empuñando palas y zapapicos al buscar a sus desaparecidos sino gente de bien blandiendo las ideas y el voto libre como herramientas de reconstrucción de Sinaloa. La no repetición de ametralladoras demoliendo las fuentes lícitas del desarrollo y sí la multiplicación de tesones legítimos por la paz y civilidad.
Cada inocente caído, niñas y niños, mujeres y jóvenes entre ellos; cada noche en vela por la pólvora que avisa de la proximidad de la fatalidad; cada empleo o empresas perdidos que se traduce en hogares sin medios de sustento; cada ausencia de seres entrañables que parece se los tragó la tierra, son motivación para seguir de pie restaurando las corroídas tranquilidad y justicia. Por más difícil que resulte retomar optimismos, caer en la pesadumbre no es opción.
Pero Y sí. Estamos en la encrucijada de proseguir pasivos en situación de habitantes resignados a sufrir todos los males habido y por haber, o bien encontrar las agujas de la dignidad que hemos perdido en el pajar de la barbarie. Es muy probable que en el segmento de quienes sin deberla ni temerla son los más vapuleados por la violencia existan esas mujeres y hombres que decreten el ya basta de guerras criminales y el hasta aquí de rendición de los pacíficos. Tenemos que encontrarlos donde estén.
Habremos de hallarlos no obstante el ruido, el escándalo y el escarnio. Sacarlos de entre las marejadas de sensacionalismo y especulación y los ríos de lágrimas derramadas por las muertes de inocentes.
Y si en medio del hartazgo,
La intrepidez nos convence,
Que en cada sinaloense,
hiberna un buen liderazgo.
Con la premisa de “creo en el Sistema Judicial Mexicano, confío en nuestro Estado de Derecho y respeto a nuestras instituciones de justicia que el movimiento de la Cuarta Transformación, ha venido saneando y legitimando”, Rubén Rocha Moya fue de los primeros en acudir ayer a las indagatorias que inició la Fiscalía General de la República con las “entrevistas” a funcionarios en calidad de licencias y de ex. Todos externaron la confianza en las instancias que investigan sus casos, mientras que a los ciudadanos nos corresponde instalar las condiciones indispensables para que el principio de “dura lex, sed lex” prevalezca por encima de cacerías de brujas, satanizaciones y piras encendidas al estilo inquisitorio del Santo Oficio de la Edad Media. Que cese el clímax de los que sentencian con base a apetitos de poder o venganzas políticas, para hacer posible que domine la acción, nos guste o no, de las instituciones del Estado.