Herramientas que están cambiando cómo pensamos, trabajamos y decidimos

Emiliano Terán Bobadilla
25 mayo 2026

Escribir una carta, elaborar el reporte financiero mensual de un negocio, diseñar una página web, componer una canción o crear una imagen sin ser escritor, programador, músico o diseñador grafico. Todo esto es hoy posible gracias a las herramientas públicas y gratuitas de inteligencia artificial. Estas nuevas herramientas han llegado para transformar la forma en que interactuamos con la información, pero también la manera en que pensamos, tomamos decisiones y trabajamos.

Para abordar este tema nos hemos inspirado en los libros “De la sabana a Marte” y “Entre el paraíso y el apocalipsis”, del economista Xavier Sala i Martín, quien realiza un análisis profundo sobre el efecto de la inteligencia artificial en nuestras vidas. Son libros que vale la pena conocer, tanto por la trascendencia de las ideas que plantean como por la claridad con la que logran explicar temas complejos. A partir de esas ideas, vale la pena detenernos en una de las herramientas que más ha acercado la inteligencia artificial al público general: los chatbots.

Un chatbot es una interfaz que traduce el lenguaje escrito u oral a un formato interpretable por una máquina mediante modelos de aprendizaje automático. No entraremos en detalle sobre el funcionamiento interno de estos modelos estadísticos probabilísticos, sino en su impacto práctico. Lo relevante es que permiten que una persona interactúe con sistemas complejos usando lenguaje cotidiano, simplificando enormemente el acceso a la información disponible en Internet y a tareas que antes requerían habilidades técnicas especializadas.

Entre los más conocidos actualmente está ChatGPT (acrónimo del inglés Chat Generative Pretrained Transformer), probablemente el más popular y el primero que abrió el camino de este tipo de modelos al público en general de la empresa OpenAI. Su versión más reciente ya produce respuestas que, en muchos contextos, son difíciles de distinguir de las de una persona. Si quisiéramos compararlo, podría verse como el vehículo todoterreno de los modelos de inteligencia artificial: versátil, adaptable y útil en múltiples escenarios.

Gemini, anteriormente conocido como Bard, representa la apuesta de Google en este terreno. Su principal fortaleza es su integración con el ecosistema de servicios de Google, lo que lo convierte en una herramienta particularmente conectada con el flujo cotidiano de información digital. Si ChatGPT es el vehículo todoterreno, Gemini podría verse como el explorador integrado a la infraestructura digital que muchos usamos diariamente.

Claude de la empresa Anthropic, en referencia al histórico matemático Claude Shannon, tiene un enfoque distinto. Aunque comparte fundamentos probabilísticos similares, busca una interacción más orientada a la interpretación y al razonamiento textual. Si siguiéramos con analogías, Claude podría ser el filósofo de los chatbots, menos enfocado en la amplitud operativa y más en la profundidad conversacional.

El uso de estas herramientas se ha extendido a prácticamente todos los ámbitos, pero quizá uno de los espacios donde más discusión han generado es el académico. Esto ha obligado a abrir conversaciones sobre su uso responsable.

Actualmente, en muchos contextos académicos se acostumbra a declarar explícitamente cuándo se emplearon estas herramientas, como una forma de mantener transparencia y evitar confusiones. Es posible que en el futuro esto deje de ser una aclaración excepcional y se convierta simplemente en una realidad asumida, como ocurrió con la calculadora. Hoy nadie declara haberla usado para resolver una operación matemática; simplemente es parte del proceso.

Cabe decir que, al menos por ahora, no resulta realista pensar en escenarios de amenaza existencial derivados de la inteligencia artificial. Todavía estamos lejos de sistemas comparables a una inteligencia artificial general, capaces de razonar y adaptarse con la amplitud de la inteligencia humana. Basta observar que aún enfrentamos retos importantes en aplicaciones más acotadas, como los vehículos autónomos. Apenas comenzamos esta carrera tecnológica.

Si bien estas herramientas pueden considerarse esencialmente inofensivas, el uso que se da a la información que proporcionamos para obtener respuestas, así como a los contenidos que generamos con ellas para nuestro propio uso, y el impacto futuro de todo ello, aún no están del todo claros. Conviene recordar una advertencia del entorno digital: cuando algo es gratis, con frecuencia el producto somos nosotros.

La inteligencia artificial ha llegado para quedarse. Como toda herramienta, no es buena ni mala por sí misma; lo determinante es el uso que hacemos de ella. Usarla bien no significa usarla para todo, sino saber cuándo nos amplifica y cuándo simplemente nos sustituye. Esa distinción es ahora una habilidad tan importante como saber leer o escribir.