Hombres de palabra

Rodolfo Díaz Fonseca
28 octubre 2026

El título de la columna hace referencia a una antiquísima frase que alude a la fuerza e integridad que distingue a un hombre de honor. Claro está que la frase fue acuñada en un ambiente machista, de ahí que no se aluda al género humano, sino al hombre recio y de carácter.

Sin embargo, esta afirmación no pretende desvirtuar el honor y labor de la mujer, aunque prevalezca aún el sentido patriarcal del término. De hecho, utilizamos el vocablo desvirtuar, el cual tiene una connotación masculinizante, pues virtud proviene de vir y de vis, que en latín significa fuerza o vigor, cualidades que residen en el varón. Por eso, en español puede usarse el adjetivo viril, como una cualidad propia del hombre.

No obstante, también existen mujeres de palabra; mujeres firmes y resueltas que son capaces de encarar los problemas y afrontar el peso de sus decisiones sin eludir las consecuencias. El prototipo clásico lo tenemos en María, la madre de Jesús, quien consciente de la responsabilidad y trascendencia de su misión, expresó con resolución al arcángel Gabriel: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). Y, sin ningún riesgo a equivocarnos, podemos señalar que son legión las mujeres que han dado testimonio de su vigor, fuerza y entereza a lo largo de la historia.

Hecha esta aclaración, conviene ampliar el término y subrayar que todo el género humano pertenece al mundo de la palabra, como indicó Alberto Manguel: “Somos criaturas lectoras, ingerimos palabras, estamos hechos de palabras, sabemos que las palabras son nuestro medio de estar en el mundo, y es a través de las palabras que identificamos nuestra realidad y a través de ellas que nos identificamos a nosotros mismos”.

¿Resalto el valor de la palabra?