Infancias en pausa

Daniel Elizondo de la Torre
30 abril 2026

Hoy “celebramos” el Día del Niño y de la Niña. Seguramente habrá festivales con sus respectivos dulces. Pero vale la pena hacernos una pregunta ¿qué estamos celebrando cuando miles de niñas y niños en Sinaloa están viendo su educación interrumpida... no por falta de capacidad, sino por las condiciones que los rodean?

Durante años, el gran objetivo fue que las y los estudiantes entraran a la escuela. Y se logró. Hoy, como ha señalado Mexicanos Primero Sinaloa, la cobertura educativa en el estado es relativamente alta y supera incluso el promedio nacional en varios indicadores. Pero esa es solo la mitad de la historia. No es lo mismo entrar que permanecer.

El verdadero reto -y el que menos se dice- es sostener las trayectorias educativas. Evitar que se rompan. Lograr que una niña que inicia la primaria también llegue a la secundaria, al bachillerato... y lo termine. Y es justo ahí donde el sistema está fallando.

El abandono escolar no ocurre de un día para otro. Es un proceso silencioso, acumulativo. Empieza con faltas esporádicas, con desinterés, con problemas en casa, con miedo. Sí, miedo. Porque en Sinaloa, como en muchas regiones del país, la violencia y la inseguridad ya forman parte del entorno cotidiano de la niñez.

¿Cómo aprende un niño cuando tiene miedo de salir de su casa porque ya le mataron a un familiar o incluso a un compañero de salón?

¿Cómo se concentra una adolescente cuando su comunidad vive bajo tensión constante?

La directora de Mexicanos Primero Sinaloa, Nuria González mencionó hace unos días que el abandono escolar no es una decisión individual, sino el reflejo de condiciones sociales, económicas, familiares e institucionales que terminan por quebrar la trayectoria educativa. Y entre esas condiciones, la violencia pesa... y pesa cada vez más.

En 2025, diversas escuelas en Sinaloa tuvieron que cerrar temporalmente por motivos de inseguridad. No por mantenimiento (ojalá así fuera). Por violencia.

Los datos nos dicen que en educación media superior -el punto más crítico- el abandono escolar alcanzó el 11.3 por ciento en el ciclo 2023-2024, llegando incluso a 16.3 por ciento en años recientes. Es decir, uno de cada 10 jóvenes -o más- deja la escuela en el momento más decisivo de su formación. Es el punto de quiebre.

Y lo más preocupante es que estas cifras no aparecen de la nada. Son señales que vienen de antes. Incrementos en primaria y secundaria, pequeños retrocesos que parecen menores... pero que en realidad son advertencias. Avisos de que algo se está debilitando.

Si algo queda claro es que el problema no se resuelve solo con acceso. No basta con abrir la puerta de la escuela si el entorno empuja a los estudiantes hacia afuera. No basta con inscribirlos si no podemos garantizar que se queden.

La educación no es solo un derecho de entrada. Es un derecho de permanencia.

Y aquí es donde el Estado tiene una responsabilidad ineludible. No basta con reconocer el problema. Hay que actuar. Implementar sistemas de alerta temprana. Detectar riesgos antes de que sea tarde. Asignar recursos donde más se necesitan. Entender que la educación no puede aislarse de la realidad social: requiere estrategias integrales que atiendan las causas profundas del abandono.

Cuando un niño deja la escuela, no abandona solo un aula. Abandona oportunidades. Se aleja de posibilidades. Se acerca, muchas veces, a contextos más vulnerables. Y como bien sabemos los sinaloenses, en un entorno marcado por la violencia, ese vacío puede ser muy peligroso para toda la sociedad.

Hoy veremos niñas y niños celebrando. Y está muy bien. Pero también deberíamos preguntarnos: ¿qué estamos haciendo hoy para que esa sonrisa tenga futuro mañana?

Un país que permite que sus infancias queden en pausa, es un país que está posponiendo y fracturando su propio futuro.

Te invito a leer el estudio completo de Mexicanos Primero Sinaloa en internet como “Abandono escolar: trayectorias que se rompen SINALOA”.