Infancias que Sinaloa no defendió
A marchar junto a Ricardo Mizael

Alejandro Sicairos
20 febrero 2026

Acompañar a la familia de Ricardo Mizael, el joven estudiante de preparatoria al que le quitaron la vida el 11 de febrero en Culiacán al salir a la farmacia a comprar un biberón para alimentar a gatos cachorros que rescató de la calle, equivale a acompañarnos a nosotros mismos en la circunstancia en que a las tragedias por la violencia les sobreviene siempre la ausencia de sociedad y tardanza de la acción de la Ley. Víctimas directas o no, de todas maneras somos parte del séquito de los sin justicia.

Aparte del miedo que paraliza, la pusilanimidad popular es otra de las maneras en que la alta delincuencia nos sujeta a sus designios trágicos. Si abandonamos a los deudos de los pequeños cuya infancia fue suspendida por las balas, en realidad decretamos la soledad que seguirá a los apáticos como sombra negra recriminándoles las indolencias acumuladas.

Al parecer preferimos dedicarle mayor tiempo a configurar las evasivas del “a mí no me afecta” pese a que la guerra por el control de los negocios del narcotráfico insta a recitar el “yo también soy víctima” porque desde hace tiempo somos copartícipes del conflicto interno en el Cártel de Sinaloa, ya sea por decisión propia o jalados por la casualidad. Pero a los niños necesitamos mantenerlos al margen y distantes de las fauces de este monstruo.

El domingo será un buen día para comenzar a estructurar el blindaje que impida que la delincuencia organizada toque a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes, sumándonos a la movilización convocada por la madre de Ricardo Mizael, el 22 de febrero a las 9:00 horas partiendo al pie de la escalinata del Templo La Lomita con destino a Catedral, ese viacrucis frecuente de un pueblo que se había acostumbrado a ver pasar impasible los cortejos de las “víctimas colaterales”, pero que hoy presiente que cualquiera en el día menos pensado puede encabezar esta romería atormentadora.

La protesta por la inmolación del muchacho de corazón noble, el que sufría al notar el abandono de animales y el deambular de éstos con hambre y enfermos, representa la indignación generalizada por la pérdida de más de un centenar de vidas de menores de edad desde el 9 de septiembre de 2024 a la fecha, con el 95 por ciento sin recibir la justicia que no los devuelve a sus hogares pero algo aporta a la paz del espíritu de víctimas y familias.

Tenemos bastante que ver los sinaloenses en esto e incalculable es la perseverancia para mostrar desde la familia, la escuela, la empresa y el tejido social entero, la gran cruzada cívica para que el humanismo sea la impenetrable coraza que mantenga ilesos a los menores de edad en escenarios de violencia exacerbada. Insistir e incidir hasta que nadie atente contra los niños de nosotros los pacíficos ni los de ustedes, señores del crimen.

Por eso entendamos que el apremio de salir a gritar por las niñas, niños, adolescentes y jóvenes alcanzados por las balas de la narcoguerra adquiere la valía del ultimátum a que termine la barbarie sinaloense y permitan que la gente de bien esté a salvo. Ir marchar simboliza el desafío al apocamiento que nos invisibiliza, aún en el caso de Ricardo Mizael en el cual la Fiscalía General del Estado se dispone a solicitar las correspondientes órdenes de aprehensión.

Ningún sinaloense debiera observar a la distancia la peregrinación que se vuelve parte del paisaje urbano sólo por el hecho de creer que el drama alcanza a los demás y nunca a uno mismo o a nuestros seres entrañables. En tanto más nos apartemos de la exigencia de ningún joven arrebatado por las armas criminales resulta mayor la inminencia de la atrocidad tocando a las puertas propias.

Nadie es ajeno, sólo por la suerte de no ser parte de los dolientes, a pérdidas letales de niños y jóvenes como las tantas integradas a carpetas de investigación en las que fenece también la fe en la justicia. Ya debiéramos saberlo por las lecciones que nos deja cada infancia suspendida. Recordemos que las muertes de Gael y Alexander, ocurridas el 19 de enero de 2025 en el sector Los Ángeles, nos advirtieron desde entonces de lo mucho que nos quitaría la guerra.

Entonces salgamos otra vez el domingo de este otro estado de sitio autoimpuesto a hacer ver con las palabras o el silencio que no hemos dejado de ser el Sinaloa valiente que cuida a sus niños y jóvenes y no tolera que los agreguen al inventario de “víctimas colaterales”.

Guíanos tú, Ricardo Mizael,

Para que nuestra lucha tenaz,

Sosiegue al Sinaloa cruel,

Y los once ríos traigan paz.

Las gestiones que hizo en la Ciudad de México el Alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez, hacen posible una inversión federal de al menos 20 millones de pesos para implementar en la capital de Sinaloa la estrategia de Territorios de Paz que impulsa la Presidenta Claudia Sbeinbaum a través de la Unidad de Prevención de la Violencia y el Delito, de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, consistente en abrir más espacios destinados para la educación cultura y deporte. Esto se agrega al ya avanzado Sendero de Paz que será el Boulevard Agricultores con el propósito de promover la interacción armónica en dicha zona urbana.