Infatigable sembrar
Los resultados que recogemos en la vida no se originan en un solo hecho o circunstancia, sino que son producto de un ininterrumpido proceso, que tiene como base el esfuerzo, la disciplina y la paciencia. En pocas palabras, nunca hay que cansarse de sembrar, aunque los frutos no sean los esperados y tarden mucho en aparecer. Lo importante es cultivar constantemente la esperanza que nos invita a aguardar y a crecer.
A ese constante sembrar nos invitó el escritor cubano José Ángel Buesa, en su bello poema: Sembrar:
“Alza la mano y siembra, con un gesto impaciente, en el surco, en el viento, en la arena, en el mar...
“Sembrar, sembrar, sembrar, infatigablemente: En mujer, surco o sueño, sembrar, sembrar, sembrar...
“Yérguete ante la vida con la fe de tu siembra; siembra el amor y el odio, y sonríe al pasar... “La arena del desierto y el vientre de la hembra bajo tu gesto próvido quieren fructificar...
“Desdichados de aquellos que la vida maldijo, que no soñaron nunca ni supieron amar... Hay que sembrar un árbol, un ansia, un sueño, un hijo. Porque la vida es eso: Sembrar, sembrar, sembrar”.
Este llamado al constante sembrar, se complementa con otro poema de Herman Hesse, que se titula: Peldaños, o Escalones (entresacamos algunos fragmentos):
“Así como toda flor se enmustia y toda juventud cede a la edad, así también florecen sucesivos los peldaños de la vida; a su tiempo flora toda sabiduría, toda virtud, mas no les es dado durar eternamente... el espíritu universal no quiere encadenarnos: quiere que nos elevemos, que nos ensanchemos escalón tras escalón... sólo quien está pronto a partir y peregrinar podrá eludir la parálisis que causa la costumbre”.
¿Persevero infatigable en el sembrar? ¿Soy original y creativo? ¿Eludo la parálisis de la costumbre?