Inteligencia musical

Rodolfo Díaz Fonseca
22 junio 2026

Existen sentimientos y experiencias que no pueden ser expresados fielmente por las palabras; los conceptos no pueden traducir la profunda vivencia que nace en los arcanos veneros del corazón.

Uno de los epígrafes, de la autoría de Giovanni Battista Pergolesi, que colocó Íñigo Pirfano, director huésped que dirigió los últimos conciertos de la OSSLA, en su libro “Inteligencia musical”, así lo hace constar: “La música nace en el límite mismo del fracaso de la palabra”.

En esta obra, Pirfano recogió enseñanzas de varios compositores y maestros de la música: Beethoven, Schubert, Ravel, Chopin, Rachmaninov, Stravinsky, Bach, Dvorak, Haendel, Mozart, Brahms, Mahler, Haydn.

Subrayó que la música nace en el reducto más íntimo de la persona: “el núcleo mismo en el que laten las necesidades y expectativas amorosas y poéticas del ser humano”. Ampliando su perspectiva, señaló que el ser humano construye tanto armas como instrumentos musicales, para garantizar el recto funcionamiento de su instinto de conservación. La música, refrendó, “es la gran aliada para conservar el espíritu, su anhelo de perdurabilidad -expresado en el amor- ante el gran enemigo que es la muerte”.

Añadió: “hay algo en la música que no se reduce a los sonidos, las duraciones, los silencios, los ritmos, los pulsos y los timbres; algo que está incluso muy por encima de la sabia combinación de bellos sonidos, con arreglo a las leyes del contrapunto y de la armonía. Ese algo que hace que la música sea tan especial es lo que podríamos llamar vida”.

Tratando de ser lo más claro posible, prosiguió: “La música constituye una auténtica vía de conocimiento, cuya virtud radica en que puede hacer que cada persona dé lo mejor de sí. Por eso se puede hablar con propiedad de la existencia de una inteligencia musical”.

¿Promuevo esta inteligencia?