La alegría de Navidad

Rodolfo Díaz Fonseca
24 diciembre 2015

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Charles Dickens publicó su famoso Cuento de Navidad en 1843, en el que narró la historia de un adulto mayor egoísta, huraño, avaro y malvado (Ebenezer Scrooge) que a nadie quería ni ayudaba, pero que cambió radicalmente su forma de ser en la víspera de una Navidad, en la que tuvo un sueño con la aparición de tres fantasmas.

El primero fue el fantasma de las navidades pasadas, el cual hizo recordar a Scrooge episodios de su vida: su niñez, su trabajo como aprendiz, un día en que estuvo muy triste y un encuentro con su hermana.

El segundo fantasma fue un gigante con una resplandeciente antorcha representando al espíritu de las navidades presentes, quien lo llevó al centro del pueblo para que viera cómo la gente se preparaba con alegría para la cena de Navidad. Después lo trasladó a la casa de uno de sus empleados para que percibiera cómo compartían alegres en familia a pesar de su pobreza y de tener un hijo enfermo. Finalmente, lo llevó a casa de su sobrino, quien lo había invitado a cenar y no quiso ir con él.

El tercer fantasma fue el espíritu de las navidades futuras, quien le mostró cómo toda la gente comentaba el fallecimiento de una persona, que yacía cubierta con una sábana y se estaban vendiendo sus posesiones. Pronto comprendió que quien había muerto era él mismo.

Al despertar Scrooge, percibió con alegría que todo había sido un sueño y que era el día de Navidad. Encargó un gran pavo que mandó a la casa de su pobre empleado, fue a comer a casa de su sobrino, concedió un aumento de sueldo a su trabajador y se convirtió en un buen hombre a quien todos estimaron.

¿Vivo la alegría de Navidad?