La crítica cultural y la polémica

Juan José Rodríguez
08 febrero 2026

La primera vez que conocí algo parecido a la crítica artística fue cuando vi en la televisión local al profesor Carlos Morg Patiño reseñando una exposición colectiva en el Acuario Mazatlán -a su tiempo, la única galería de arte del puerto- con frases directas, ironía y buenas maneras.

Más que nada, me hizo compartir la sensación de haber estado en la exposición y aceptar, por lógicos y entendibles, varios de sus planteamientos. No fue cruel con todas las obras: recuerdo que rescató un grabado del maestro Manuel Muñoz y a, Antonio López Sáenz, solo le acotó un título.

Durante un periodo posterior, la única crítica que se hacía en Sinaloa con entusiasmo y calidad fue la dedicada al cine. Aplicaban el ingenio, la sinceridad y la alegría de apreciar el arte.

Ahí recordaremos a Rolando Arenas, Ruy Alfonso Franco, Cesar Medrano y Jesús Ibarra, quien tuvo una columna llamada Celuloide y firmaba como “Cerillo Jr.”, ya que era hijo de un muy conocido cácaro de Mazatlán. En Culiacán se consolidó Ernesto Díez Martínez en Noroeste y de ahí saltó a Reforma y otras ligas mayores. Los Mochis tuvo un digno analista en Alfonso Orejel Soria.

No veo por qué no añadir en este recuento los comentarios directos y ocasionales de algunos cronistas de sociales como fueron Héctor Díaz Valdés, Enrique Ramos y Consuelo Lizárraga: sin ser profesionistas del arte, no pocas veces arrojaban luz reveladora hacia los actos culturales. Iban y venían entre arsénico y encaje como quien se toma un café.

Alguna vez don Héctor Díaz me dio una lección sin proponérselo dándome el ejemplo. Una vez vino un ballet folclórico checo y yo lo reseñé de emergencia en una nota tranquila y generosa. Un grupo artístico de ese país remoto era algo inusitado y curioso.

A los días vi qué en su columna miscelánea, don Héctor decía lo que yo también percibí y no puse: era un ballet de adolescentes más bien desordenado, de una escuela que andaba en gira, y que más allá de lo pintoresco, no daba una gran aportación.

En artes visuales, nuestro más exitoso crítico y directo fue el culiacanense Luis Carlos Emmerich a nivel nacional, lamentablemente ya fallecido. La literatura hoy tiene a Geney Beltrán. Música, Aldo Rodríguez.

El lenguaje es la principal herramienta del crítico. Sin eso, la inteligencia y el conocimiento no le sirven.

¿Cómo juzgar la crítica literaria y artística hoy que vivimos la edad de la información, la ráfaga y el sarcasmo? La crítica por necesidad debe cambiar con el lenguaje del mismo modo que las obras maestras deben retraducirse al mismo idioma, mínimo cada 10 años, tal como proponía José Emilio Pacheco.

Hoy el lenguaje es más agresivo, más directo y contestatario, por no decir grosero e hirviente.

La crítica no puede ser una isla exquisita dentro del lenguaje moderno, porque su principal herramienta es ese lenguaje y aspira a llegar a todos sus blancos.

Exige ser la revelación anterior a la bengala; la iluminación que prevalece más allá de las argucias y nuevas pirotecnias de un lenguaje capaz de voltear el sentido y dejar al texto y al lector sin sentido.

Las obras cambian de las maneras más inusitadas que él autor más vanguardista osaría imaginar. Hace unos años di a unos jóvenes de preparatoria a leer La Metamorfosis de Franz Kafka y uno de ellos me preguntó si no era la paráfrasis sobre un enfermo terminal de sida.

La crítica literaria es la hija contestona de la literatura creativa de ficción. Si los jóvenes, hoy, a los padres les dicen ¿qué parte de la palabra “no” no entendiste?, algo similar debe hacer el análisis crítico del arte y sus autosuficientes creadores.

Ya no es menester entrar en materia con una cortés introducción en lo alto del foro: es menester echar sal en la herida para ver qué sucede. Pero con veracidad, argumentos.

Para Martin Amaral, quien fue columnista largos años en Noroeste Culiacán, el ejercicio, es decir, el interés por ejercer el derecho de la duda, a la crítica, se define la mayor parte de las veces, con la palabra polémica. Pólemos en griegos, que se entiende controversia pública y con un halo a trifulca. Fin de la cita.

Crítica debe tener dominio del lenguaje y también criterio y sabiduría. Sin crítica auténtica, no puede existir el arte. Ni tampoco, una sociedad inteligente. Debemos acostumbrarnos a vivir en la polémica.