La Cuaresma y el Ramadán en el aire

Juan José Rodríguez
01 marzo 2026

A propósito, este año la Cuaresma y el Ramadán, mes sagrado del Islam, comenzaron el mismo día, casi coincidiendo con el Año Nuevo Chino.

El Ramadán concluirá el próximo 19 de marzo, día de San José. ¿Nadie más de las mentes New Age percibió esa poco común conjunción de fechas místicas?

Sospecho que esta humanidad ya no cree en nada o quedó agotada con el fiasco de los milenarismos de hace 26 años.

Me cayó esta percepción viendo en las noticias sobre como aconteció el primer día de ayuno en Irán, el pasado Miércoles de Ceniza católico, bajo la amenaza de ataque de Trump, hoy ya una vociferante realidad física.

El Ramadán es como una especie de Cuaresma con Navidad juntas. Ambas son periodos de reflexión mística, ejercicios espirituales y formas de ayuno.

En sus días finales del ayuno, que en el Ramadán es durante el día, se comparten por la noche muchos dulces y se dan regalos a los niños. Me tocó ver eso en el Sahara Español. Hasta sacan mesas a la calle al ponerse el sol para darle un bocadillo a los desconocidos que salen del trabajo.

A diferencia de la Pascua que siempre cae en primavera y se guía por una luna llena, el mes sagrado del Islam da vuelta y vuelta porque se guían con una luna creciente y, a veces cae en verano o invierno, recorriéndose poco a poco.

El Domingo de Pascua es una celebración que no se fija con relación al calendario civil. En el año 325 estableció la fecha de la Pascua como el primer domingo después de la luna llena, tras el equinoccio de primavera, la llamada luna llena eclesiástica.

Más tarde, Dionisio el Exiguo (525) convenció al Papado para fijar el equinoccio en el 21 de marzo (equinoccio de primavera eclesiástico). Por lo tanto, la fecha varía siempre entre el 22 de marzo y el 25 de abril y siempre nos toca un clima tolerable.

Por culpa de ese Dionisio el Exiguo no estamos siguiendo exactamente el tiempo, ya que eliminó dos años y ya es idea aceptada, incluso por la iglesia, de que Jesús de Nazaret en realidad moriría a los 35 años.

Pero eso no afecta la conmemoración de su sacrificio. Somos un pueblo de símbolos y la Cuaresma es de alta relevancia para un sector con la sensibilidad religiosa activa.

Nuestra sociedad, nacida en una era donde el peor pecado era aburrirse, a veces solo reflexiona cuando hay guerras, pandemias, tragedias sísmicas o se acciona la emoción con la cercanía a las fechas de fieles difuntos.

Damos “like” a quien sube una oración celta para ayudar a los espíritus y pedimos cárcel para un ministro religioso acusado de abuso al mismo tiempo.

Aunque sublimado en la transubstanciación de la misa o el linchamiento en las redes sociales al profanador, el sacrificio sigue vigente en la vida diaria como lo fue durante los primeros milenios de la especie humana.

Aquí me detengo en la mirada peculiar de Roberto Calasso, escritor y filósofo amante de la reflexión mística y el origen del mito.

El hombre, más que animal de costumbres, siempre ha sido un animal ceremonial, afirma.

Para Roberto Calasso, la nueva religión es la sociedad. Dice que “Este fenómeno, el de la conversión de la sociedad en un ente superior al que todo debe referirse, es el gran evento metafísico de nuestro tiempo. Y es algo que ya ha tenido lugar, ya se ha cumplido”.

¿Pero que sociedad es la nuestra? ¿Una sociedad cuyo evangelio dominical ahora es dictado por memes sarcásticos y noticias sin confirmación de falsas agencias?

Dar por cierto y darle like a todo lo que se ve en Internet es la nueva forma de escuchar el sermón del cura y rezar el Rosario todas las tardes en familia, sin salirse de esas reflexiones metafísicas. Y todo motivado por un algoritmo.

Estamos en plenas catacumbas a la hora de encender un aparato y comulgar con el chiste del día y subirnos al tren de la irreflexión en alegre procesión hacia la permanente estulticia.

Nadie se siente tentado a sugerir que la deplorada atomización de la sociedad pueda ser, también, una forma de autodefensa contra peores males, pero al mismo tiempo, llevan al auto-desnudamiento de las redes sociales.

En una sociedad atomizada es más fácil pasar inadvertido.

En una sociedad fanatizada, también es difícil ser diferente.

Ojalá estos días de ceremonias populares y actos personales sigan teniendo el mismo poder de la antigüedad: darse serenidad y consuelo en momentos en los que el dolor por las pérdidas familiares o amorosas nos abaten.

Lo que hacemos con el dolor y la sociedad define lo que somos. No solo con la religión: la fe cada vez más es un asunto de la esfera privada y el ateísmo militante más público. Ambos cosas, deben ser siempre para bien y pueden serlo.