La ebriedad musical

Rodolfo Díaz Fonseca
30 julio 2026

La palabra ebriedad, como todos lo sabemos, significa embriaguez por exceso de vino o licor. Sin embargo, existen estados místicos a los que también se puede aplicar este vocablo; es decir, un arrobamiento o éxtasis espiritual puede recibir el mote de una divina embriaguez.

Es clásico el pasaje bíblico de Pentecostés, cuando los apóstoles reunidos después de la muerte y resurrección de Jesús, reciben la efusión del Espíritu Santo. Las personas que contemplaban su gran alegría y regocijo, decían que estaban borrachos y que apenas eran las nueve de la mañana: “Pero Pedro, poniéndose de pie con los once, alzó la voz y les dijo: «Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, sepan esto y presten atención a mis palabras. Porque esta gente no está ebria, como ustedes suponen, puesto que es apenas la tercera hora del día” (Act 2,14-15).

Por eso, el director musical, Íñigo Pirfano, escribió una libro que tituló “Ebrietas, el poder de la belleza”, para resaltar que la expresión artística también conlleva un éxtasis semejante a la experiencia mística. De igual forma, Claudio Rodríguez, en su obra, “El don de la ebriedad”, acentuó que el don de la belleza nos transforma a su semejanza al gozar de la plenitud de su hermosura.

Pirfano, que es filósofo además de prestigiado músico, planteó que la música está por encima de la filosofía, aún cuando exista un tratado específico sobre la Estética, y constituye la más elevada vía de revelación que se ha concedido al ser humano, apoyándose en una cita de Thomas Mann, en El Doctor Fausto: “Sólo la música, con exclusión de todas las demás artes, es capaz de expresar una belleza que produce un efecto físico, nos arrebata enteramente y roza el plano celeste”.

¿Gozo la ebriedad musical?