La economía mexicana: poco sol y muchas nubes

Gustavo de Hoyos Walther
18 septiembre 2026

México cerrará 2026 con un crecimiento modesto. Tras un primer trimestre decepcionante que obligó a Banxico a recortar su estimación a 1.1 por ciento, la sorpresa positiva del segundo trimestre -con un avance trimestral de 1.5 por ciento tras la contracción previa- permitió al banco central revisar al alza su pronóstico hasta 1.5 por ciento, con un intervalo entre 1.0 y 2.0 por ciento. La encuesta de analistas privados converge en un rango similar, entre 1.1 y 1.3 por ciento, mientras que instituciones como BBVA se muestran algo más optimistas, con estimaciones cercanas al 1.8 por ciento. El propio Banxico advirtió que, aunque el segundo trimestre sorprendió positivamente, el tercero mostraría una desaceleración mayor a la anticipada, dentro de una trayectoria de moderada y gradual aceleración trimestral.

El diagnóstico de fondo no ha cambiado: la inversión sigue siendo el eslabón débil de la cadena. El débil dinamismo de la inversión ha sido, mes tras mes, la explicación recurrente de Banxico para justificar sus recortes de expectativas y esa debilidad está directamente ligada a la incertidumbre sobre la relación comercial con Estados Unidos y a la revisión futura del T-MEC.

Aquí es donde el cierre de año concentra el verdadero riesgo político-económico. La negociación arancelaria y la revisión del tratado no han cesado pero tampoco se han consolidado. Nos encontramos en un escenario difícil con negociaciones anuales que incrementan en lugar de reducir la incertidumbre. La postura oficial mexicana ha sido consistente: no se contempla la cancelación del T-MEC, sino una renegociación que endurezca reglas de origen y profundice la integración regional frente a China, más que su ruptura. Ese es también el consenso entre analistas de comercio exterior: probablemente habrá reducción, no eliminación, de aranceles, con un acento mayor en la integración norteamericana.

Para el corredor exportador del País, el desenlace de esta revisión -más que el dato agregado del PIB- será el verdadero termómetro del año. La industria de autopartes y la manufactura ligera dependen de que se resuelva la incertidumbre sobre reglas de origen y sobre los aranceles a vehículos pesados, un sector que ha registrado caídas interanuales superiores al 50 por ciento en producción y exportación. Al mismo tiempo, México necesita incorporarse a la nueva forma de hacer riqueza que tiene su epicentro en la inteligencia artificial.

Si la revisión se resuelve sin escalamiento -el escenario que hoy manejan la mayoría de los analistas- cabría esperar una reactivación de proyectos de inversión pausados desde 2024, con efectos visibles ya en el primer semestre de 2027 más que en lo que resta de 2026.

En síntesis, el país cierra el año con tres certezas y una incógnita. Las certezas: un crecimiento del PIB en el entorno de 1.0 a 1.8 por ciento, muy por debajo del potencial pero ya alejado del estancamiento que se temía a inicios de año; una inflación que converge gradualmente hacia la meta del 3 por ciento, aunque con un componente subyacente todavía resistente, finalmente una inversión productiva que permanece contenida a la espera de certidumbre regulatoria. La incógnita -y la que definirá si 2027 es el año de la recuperación o el de una nueva frustración- es si la revisión del T-MEC logra despejarse con una fórmula que preserve el trato preferencial a México sin imponerle condiciones que erosionen su competitividad frente a Estados Unidos y Canadá. La apuesta institucional, tanto de Hacienda como de Banxico, es que sí. La historia reciente de la relación bilateral aconseja no darlo por descontado hasta que la firma esté sobre la mesa.

El autor es abogado y Diputado federal.