La familia en peligro
El primer domingo de marzo se ha dedicado para reconocer y conmemorar a la Institución de la Familia y claro, habría que preguntarse por qué un día, cuando todos los días vivimos, convivimos, nacemos y morimos dentro de una familia, aquella de nuestros padres y ahora la de nuestros hijos, y es que la sociedad, tal y como se vive y concibe actualmente, es una comunidad da familias, de hecho, si no hay familia no habría sociedad, razón por la cual se ha buscado, no sólo institucionalizar la entidad “familia”, relacionando su existencia con Dios y a través del reconocimiento jurídico y social del matrimonio, para con ello institucionalizar también la noción de padres, madres, hijos, nietos y en general de parentela familiar; razones por las cuales la convivencia en la familia es fundamental para la convivencia social, para la educación, para la integración en organizaciones, para la creación de los gobiernos y de conceptos esenciales como el de Patria o como el criterio de “pertenencia”, no sólo a una familia, sino también a un municipio, a una entidad estatal o a un país; sólo así se explica la nostalgia y los recuerdos de los mexicanos que han emigrado a otros países y añoran su país de origen, su municipio, su pueblo, su familia... el desarraigo es terrible y aunque allá en donde estén han formado su propia familia, lo han hecho a imagen y semejanza de aquella en la que nacieron, crecieron y se formaron.
Si nos parece lamentable el criterio del “desarraigo”, imagínese las situaciones actuales que sufren las familias que han perdido padres, madres, hermanos y parientes en estas luchas fratricidas que se están sufriendo en México; o lo que es peor, imagínese la catástrofe de las familias a los que se les ha “desaparecido” un familiar, sobre el cual no se sabe si vive o ha muerto, más aún, en las actuales circunstancias, si ya han pasado algunos días, la sospecha de que probablemente haya muerto y sólo queda la esperanza, la lejana esperanza, de que pudiera aparecer vivo o, en el peor de los casos, encontrarlo enterrado en alguna “fosa clandestina”; cada vez es mayor la cantidad de familias que se han visto prácticamente desintegradas por circunstancias que no siempre se explican y que ha sido causa de descomposición familiar.
Pero aún, en los casos en que “sí se explican”: porque el papá, la mamá o los hijos se hayan comprometido con los delincuentes tras el señuelo del dinero, del poder o de las drogas y con ello también se ha “destruido” la convivencia y el futuro familiar, porque una familia en la que alguno de sus miembros ha caído en las garras del vicio, o de la colusión con la delincuencia, está ya en proceso de destrucción, ya sea porque tengan que huir o que caigan presos, con lo que se inicia el peregrinaje familiar hacia los centros penitenciarios, los centros policiacos o los tribunales, por lo que ya la familia es otra.
Cuántas familias en México han sido destruidas por el narcotráfico y la violencia, ya sea porque no existieron condiciones favorables para sostener una familia, porque no hubo empleos o porque no encontraron la manera de subsistir; o bien, porque no haya habido condiciones adecuadas de educación y capacitación para integrarse a la economía y a la sociedad o bien porque sus miembros no encuentran en la sociedad condiciones favorables de educación, seguridad, salud, economía, libertades personales, clima sano y sociedad sana, factores que sólo se alcanzan si se tienen buenos gobernantes, preocupados más por los ciudadanos que por sus partidos o por su permanencia en los puestos públicos; se requiere pues una sociedad en la que se respire libertad para formar una familia, para educar a los hijos y a los nietos, proteger a los abuelos, donde haya un clima saludable, diversiones sanas, instituciones culturales, religiosas, de salud y de respeto ciudadano por y para el gobierno, en suma, una sociedad de familias en las que se pueda nacer, vivir y morir en paz.
Así pues, se ha de concluir que la familia en la actualidad está en serio peligro de desnaturalizarse y por lo tanto en peligro de desaparecer, por lo menos como se ha concebido como piedra angular de la convivencia social y de sobrevivencia de sus integrantes, ya que si no se cuenta con condiciones de seguridad, empleo, educación y buen gobierno, con leyes que protejan a la institución familiar, no uno sino todos los días, se está así en camino de destruir la esencia de cualquier sociedad organizada: la familia.