La figura del mundo

Rodolfo Díaz Fonseca
20 junio 2023

Recibí muchos comentarios sobre la columna de ayer, dedicada a mi padre. Agradezco profundamente las palabras de los lectores y amigos que se identificaron con el tema, sobre todo porque a algunos papás nos cuesta mostrarnos más humanos y cariñosos con los hijos. Procuramos hacer de ellos personas recias e íntegras que sepan luchar contra cualquier obstáculo y adversidad, a fin de que logren encontrar su vocación, pertenencia, sentido y coherencia en la vida.

La figura recia y dura del padre es algo que se experimenta en muchas familias, como lo atestiguó el escritor Juan Villoro al recordar a su padre en el libro La figura del mundo, donde abundó sobre el insigne filósofo y profesor español, Luis Villoro Torranzo, que se transterró a México: “Me dio un solo beso en toda la vida, cuando yo cumplí los 21 años, la antigua mayoría de edad... Quise entender muchos de sus actos que no iban acompañados de palabras, ni de apapachos ni de besos”.

Mi padre y su padre provenían de universos muy diferentes, como hizo constar el escritor. Luis Villoro fue un gran lector y eminente profesor de Filosofía. Era una figura pública, conocida por muchísima gente, pero tal vez no tanto por su hijo: “Yo conocía más a un padre público que a un padre privado. Este libro es una indagación de quién fue esa persona, de la que yo estuve tan cerca sin conocerla del todo... Decidí escribir un libro no para que él lo lea, porque ya murió, sino sobre él, tratar de entender quién fue y tratar de entenderme”.

Mi padre no fue una persona pública ni un gran lector, pero coincidía su figura con la del padre de Villoro. Y, como hace Juan, escribo para entenderme.

¿Guardo su figura?