La guerra también es mediática: el conflicto en Irán y la manguera de la desinformación

Seminario sobre Violencia y Paz
01 abril 2026

A raíz de esto, la respuesta del gobierno de Donald Trump ha sido difusa. La Casa Blanca ha mantenido un flujo incesante de comunicación a través de diversos medios, incluyendo declaraciones tradicionales en ruedas de prensa o la publicación de memes en redes sociales. La comunicación gubernamental ha incluido mensajes que en ocasiones resultan inconsistentes y contradictorios: algunos declaran la victoria de Estados Unidos en el conflicto; otros indican que Irán está listo para negociar; mientras que el resto comunican que no hay una resolución inmediata para esta escalada bélica.

Desde luego, un gobierno en guerra tiene responsabilidades comunicativas importantes. Por un lado, existe la necesidad de ejercer control sobre la narrativa mediática. Para mantener la moral ciudadana alta, no es conveniente admitir pérdidas importantes ni errores estratégicos en las operaciones militares. Además, los altos mandos son responsables de manejar la incertidumbre del público. Asimismo, las rápidas actualizaciones acerca de los acontecimientos bélicos requieren mensajes constantes.

Para explicar esta estrategia comunicativa, es conveniente recuperar el concepto de la firehose of falsehood (o la estrategia de la manguera de desinformación) (Paul y Matthews, 2016), marco analítico desarrollado por el centro de investigación RAND Corporation para explicar los mecanismos de funcionamiento de la propaganda del gobierno ruso de Vladimir Putin, pero en este caso será utilizado para analizar la estrategia comunicativa de los Estados Unidos en el contexto de este conflicto. Este marco explica que la desinformación más efectiva es aquella que es de alto volumen, multicanal, rápida, repetitiva y sin un compromiso con la verdad. Esta manguera necesita un flujo constante de altas cantidades de información que puede ser transmitida a través de diferentes medios televisivos, las redes sociales, entre otros, y que pueden comunicar verdades a medias, contradicciones o, en el peor de los casos, simples mentiras. Este mecanismo no busca persuadir directamente, sino generar una sobrecarga informativa que consigue que el receptor genere confusión, donde la verdad es difusa; cinismo, ocasionando que el ciudadano asuma que todos los medios mienten; y parálisis, creando un sentimiento de derrota que logra que el receptor piense que informarse no vale la pena.

La rapidez de la desinformación logra que el público, al ser inundado de narrativas que justifican la violencia, la normalice. Además, al manipular la información en contextos de crisis, como un conflicto bélico, el emisor puede debilitar contrapesos y otros mecanismos de control, lo que puede aumentar la violencia física y escalar conflictos políticos.

Algunos de estos patrones pueden encontrarse en la comunicación oficial de Estados Unidos con respecto a la guerra en Irán. Según The Hill, Donald Trump ha emitido una gran cantidad de mensajes contradictorios. El Mandatario ha declarado victoria total sobre el país persa, retrocediendo minutos después para explicar que el ejército estadounidense está cerca de lograr sus objetivos en la región.

El Presidente también ha cambiado varias veces sus estimaciones acerca de la duración del conflicto. Al inicio, declaró que la operación solo duraría unos días. Posteriormente, el tiempo estimado pasó a ser de cuatro a cinco semanas de hostilidades. Hoy, no se sabe a ciencia cierta cuánto tiempo más pueda extenderse la guerra. De igual forma, el gobierno ha cambiado su versión acerca del estatus de las negociaciones de paz con Irán varias veces. Se ha dicho que el trato está cerca, que no existe aún o que no se sabe con quién negociar debido al asesinato de varios oficiales iraníes.

Estos mensajes han sido complementados por medios afines al gobierno de Trump, como Breitbart o OANN, que buscan justificar las operaciones militares en el Medio Oriente y que se alinean a la versión oficial. Asimismo, memes y otras declaraciones de apoyo en las redes sociales publicados por diversas cuentas gubernamentales buscan legitimar el conflicto en la esfera pública. Estas narrativas cambian y evolucionan día con día, dependiendo de la necesidad mediática de la Casa Blanca en ese momento.

Esta estrategia comunicativa tiene varios efectos sobre el público. En primer lugar, puede generar una gran confusión acerca del estatus del conflicto y de los objetivos reales del ejército estadounidense. Asimismo, el público se encuentra en peligro de caer en una fatiga informativa que lo lleve a no cuestionarse acerca de las acciones de su gobierno, lo que puede generar mayor desinformación y polarización entre los ciudadanos, dividiendo a aquellos que están a favor del conflicto de aquellos que se oponen.

Es importante reconocer que, además de en el campo de batalla, las guerras también se libran en el terreno informativo y mediático. Para los gobiernos, es tan importante controlar la narrativa como el Estrecho de Ormuz. Es por esto que entender estos patrones de desinformación pueden ayudar al público a hacer una mejor lectura de las noticias y menguar, aunque sea un poco, la confusión generada por la comunicación oficial en contextos de alta incertidumbre. Asimismo, es fundamental que otros oficiales electos de ambos partidos reconozcan el peso de sus mensajes en la creación de violencia y desinformación.

Paul, C. y Matthews, M. (2016). The Russian “Firehose of Falsehood” Propaganda Model: Why It Might Work and Options to Counter It. RAND Corporation, recuperado de: https://www.rand.org/pubs/perspectives/PE198.html

El autor es Mauricio Rojsen, politólogo por la Universidad Iberoamericana y co-conductor del podcast Hablemos de EU. Es especialista en la política y el sistema electoral estadounidense y ha participado en cobertura de estos en varios medios.