La influencia del periodismo

Rodolfo Díaz Fonseca
27 enero 2018

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Presentamos la segunda parte del texto de la periodista española Soledad Gallego-Díaz titulado “El futuro del periodismo”, el cual fue publicado en el número 231 de la revista Página Abierta correspondiente a marzo-abril de 2014.

“La influencia del periodismo se basa en su capacidad para imponer agendas públicas, agendas relacionadas con el interés público (del que hablaré más adelante). Algo realmente difícil en la actualidad, debido a la enorme fragmentación de los medios en los que los ciudadanos buscan su información, pero que debe seguir siendo uno de los grandes objetivos del periodismo. Influir es decir explícitamente las cosas sobre las que creemos que hay que hablar colectivamente.

 

Importancia de las agendas públicas

Esas agendas públicas son también las que marcan las diferencias con la prensa amarilla o sensacionalista, porque ese tipo de medios lo que quiere es imponer una propia como si fuera pública. El ejemplo más claro son los sucesos puestos en primera página. Si aparecen en la sección de sucesos, invitan a la reflexión sobre la insondable condición del ser humano. Si aparecen en la primera página, exigen declaraciones sobre la pena capital, la cadena perpetua o la reforma de incontables leyes (sobre todo, si afectan a los menores).

Las agendas públicas que el periodismo quiere imponer tampoco tienen nada que ver con los trending topics, que son otra cosa. De hecho, los trending topics que han batido récords de cientos de millones de citas, como la muerte de Michel Jackson o los papeles de Wikileaks, no son consecuencia de una voluntad de fijar agendas. La muerte de Jackson fue un hecho que marcó la agenda por sí mismo. Y los wikileaks fueron una agenda marcada por otros medios de comunicación, no en Twitter o Facebook, que se limitaron más bien a rebotarlo o glosarlo.

d) Me gustaría también recordar las recomendaciones de Albert Camus a los periodistas. Sus reglas. Eran estas: «Reconocer el totalitarismo y denunciarlo. No mentir y saber confesar lo que se ignora. Negarse a cualquier clase de despotismo, incluso provisional». [...]

 

Existencia de la verdad

Precisamente, es muy fácil caer en ese descrédito si los periodistas no creemos que existe la verdad. Una verdad de los hechos que queremos y debemos contar. Quieren convencernos de que no existe la verdad. Pero existe, claro que existe. No se trata de verdades filosóficas, ni religiosas, ni judiciales, sino de la verdad relacionada con los hechos.

Es esa verdad la que ayuda al sostenimiento de la democracia, porque le da al ciudadano instrumentos para llegar a sus propias conclusiones. Que les proporciona conocimientos necesarios para ser más autónomos.

Los periodistas que no creen en esa verdad no creen en ellos mismos y, además, han perdido algo fundamental: la lealtad al ciudadano, de la que hablaba Kovach.

 

El descrédito del periodismo

El descrédito del periodismo viene cada vez más unido del descrédito de la democracia y entraña los mismos peligros. Los periodistas hemos sido, y somos, responsables de buena parte de ese descrédito, hemos ayudado a esa pérdida de reputación, porque no cumplimos con nuestras obligaciones.

Somos responsables, porque nos falta independencia, porque no cumplimos con la obligada verificación, ni con la obligación de controlar los poderes. Porque no creamos los foros de discusión crítica, que deberíamos promover. Porque, como denunciaba Camus, ejercemos el despotismo, amigándonos con las fuentes. [...]

Por ejemplo, me preocupa que ahora el periodismo de investigación, el periodismo de calidad, esté siendo financiado en Estados Unidos, sobre todo, por fundaciones sin ánimo de lucro, porque eso quiere decir que las grandes empresas periodísticas norteamericanas ya no se lucran del periodismo de calidad y de investigación. Y eso me parece peligroso.

Peligroso que desaparezca el papel de la empresa como impulsora del periodismo de calidad. Si el periodismo de investigación tiene que depender de la filantropía, malo. Malo también que se confíe e impulse exclusivamente el periodismo público, el periodismo amateur, como si pudiera sustituir al profesional.

Porque si para saber qué sucede en Homs basta Twitter, Facebook o los blogs de quienes viven en la ciudad, ¿por qué fue allí y por qué murió Marie Colvin?

Yo no creo que su trabajo en Homs pudiera haberse hecho mirando los twitters desde París o leyendo los blogs desde Nueva York. Colvin fue a Homs porque su testimonio era importante. Ella trabajaba con unas reglas y buscaba la verdad de los hechos. Indagaba la verdad de los hechos.

 

Indagar los hechos sin prisa

e) Otra manera de suicidarnos es rendirse a la prisa. [...] Pero una cosa es trabajar con prisas, y otra suprimir completamente el contexto de los hechos para ganar tiempo. La instantaneidad es un fenómeno formidable, pero no debe suplir a la obligación de proporcionar ese contexto.

Por eso creo que necesitamos los periódicos, sean en papel o en tabletas. Un periódico es una publicación que transmite hechos, contextos, análisis y opinión al respecto de esos hechos en un momento concreto. Además genera un espacio público de discusión, de discusión política, no de comunicación.

Para eso hace falta tiempo. Para hacer un periodismo molesto. [...]

f) La peor manera de suicidarse es dejar de indagar los hechos y limitarse a vocear las distintas versiones. Eso no es periodismo. Volvemos a la comunicación, que consiste en compartir mensajes, y no en averiguar qué tienen de cierto.

Periodismo, insistamos, es indagar en hechos, acontecimientos que tienen interés público y hacerlo respetando unas reglas.

 

Interés público

¿Qué es de interés público?, se preguntan algunos. Desde luego, no lo que más interesa al público, sino algo muy distinto.

La definición más clara que he encontrado es la que proporciona el Código de Práctica de la Press Complain Commission, del Reino Unido. Dice así: «Es de interés público detectar y exponer delitos o graves fechorías. Detectar o exponer una seria conducta antisocial. Proteger la seguridad y la salud pública. Evitar que los ciudadanos sean confundidos por declaraciones o hechos de un individuo» (especialmente si su conducta no se ajusta a lo que predica).

Los periodistas deben creerse estas reglas y estos objetivos porque es lo que da sentido a su trabajo. El gran periodista polaco Kapuchinsky decía que este no es un oficio para cínicos. [...]

Los periodistas mexicanos que arriesgan su vida analizando lo que sucede en su país, y que merecen toda nuestra admiración, son sense makers [contextualizadores]. No importa cómo se les llame siempre que no se confunda qué hacen. En el fondo, lo que importa es el emocionante texto que hicieron público algunos periodistas guatemaltecos, quizás los más amenazados del mundo: «Nadie dijo que fuera fácil para los periodistas perder el miedo ante los poderosos. Pero ¿para qué sirve el periodismo, si no es para que el resto de la sociedad tenga información con la que enfrentar esos miedos?».

El periodismo de indagación sigue siendo un trabajo importante para la sociedad. Exige contexto, credibilidad, testimonio, verificación. Todas esas técnicas exigen un cierto tiempo y no deben abandonarse por ninguna circunstancia. [...]

 

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