La jugada

Sergio Aguayo
03 junio 2026

En su discurso dominical, Claudia Sheinbaum Pardo definió su postura hacia Estados Unidos. La arropaba el Monumento a la Revolución, donde reposan los restos de Cárdenas, Carranza, Elías Calles, Madero y Villa; cada uno de ellos defendió su visión de México con posturas muy diferentes hacia la potencia que la geopolítica nos endilgó.

La Presidenta expresó su insatisfacción con la poca reciprocidad del gobierno de Trump hacia la 4T que lo ha colmado de cortesías: ha frenado a los extranjeros que quieren ir al norte y ha recibido a los nacionales de otros países que Estados Unidos deporta; ha entregado a un centenar de capos y ha elevado la cantidad e intensidad de la colaboración en el combate contra el crimen organizado a niveles sin precedentes. Pese a eso y más, Washington mantiene exigencias y regatea reciprocidades.

Palacio Nacional pareciera haber hecho un paralelismo entre el Estrecho de Ormuz y la frontera terrestre México-Estados Unidos. Irán ha demostrado que la geopolítica empareja asimetrías de poder y frena el unilateralismo estadounidense, lo que en parte hace perder a los republicanos la intención del voto y achica los márgenes del voluntarismo de la Casa Blanca. ¿Seguirá entonces que nos salvamos de ver a México usado como una piñata electoral pedagógica?

Otro factor que pesa en el superávit de la Presidenta es que tiene a su disposición el manejo de los tres poderes, y puede decidir a cuáles leales nombrar para dirigir organismos públicos que alguna vez fueron autónomos. Es cierto que el PAN está tomando un nuevo aire y que Movimiento Ciudadano mantiene sus plazas, pero se antoja imposible que la Oposición compita con Morena en las elecciones de 2027.

Los tres factores arriba bosquejados se reflejan en el tono y el mensaje del discurso dominical. La adjetivación presidencial se endurecía con los adversarios locales y se ablandaba cuando se refería a los internacionales. Ejemplo: criticó con acritud a la “ultraderecha estadounidense”, pero solicitó con educación a “las autoridades del vecino país del norte” que rompan “las cadenas de distribución de drogas y el lavado de dinero” que nos afectan y terminó prometiendo que “vamos a seguir colaborando” porque “somos hermanos de todos los pueblos”.

A las pocas horas sobrevino el arrumaco público para ahuyentar los malos pensamientos: el lunes, el Embajador de EE.UU. mandó un mensaje por redes sociales llamando a la unidad de los dos pueblos y la Presidenta aclaró en la mañanera de ese mismo día, que en ningún momento pensó en Donald Trump. De acuerdo con fuentes confiables, Palacio Nacional ya había tenido la cortesía de informar a Washington que México seguirá cooperando, pero que no entregará a los ocho sinaloenses que exige la justicia estadounidense porque serán juzgados en México que también tiene, faltaba más, Fiscalía y Poder Judicial. Hasta hace unos días eran 10, pero dos malagradecidos optaron por entregarse en Estados Unidos y desairar a jueces y cárceles mexicanas.

¿Qué sigue? Imposible anticiparlo porque México, Estados Unidos y el mundo navegan por el embravecido océano de los imponderables. Entre otras cosas, ¿qué informarán los dos sinaloenses que optaron por las cortes y prisiones estadounidenses? ¿Cómo reaccionará el proverbialmente impulsivo Presidente de Estados Unidos? ¿Continuarán los cárteles mexicanos ofreciendo poca resistencia a la ofensiva gubernamental o lanzarán contraataques?

Este lunes supimos lo que piensa y siente la sociedad mexicana. En la encuesta de El Financiero levantada entre el 18 y el 25 de mayo, un sólido 69 por ciento aprueba la gestión de la Presidenta y un 71 por ciento se pronuncia a favor de los apoyos sociales. Reprueban, sin embargo, sus políticas contra la corrupción (61 por ciento), la seguridad pública (66 por ciento) y el crimen organizado (66 por ciento). Estos números nos dicen que la sociedad no está convencida de la versión oficial; tal vez por ello el oficialismo necesita maquillar las cifras de sus informes sobre seguridad, como demuestra un estudio reciente de Dulce Alicia Torres para el Seminario sobre Violencia y Paz de El Colegio de México.

¿Le funcionarán las jugadas a la Presidenta Claudia Sheinbaum? ¿Está defendiendo adecuadamente el interés nacional frente a Estados Unidos?

Colaboró Andrea Ramírez Sánchez