La música del mar
En la columna anterior dijimos que la pieza musical “Perenne mar” la compuso Estrella Cabildo inspirada en el poema “Dolor”, de Alfonsina Storni. La obra musical envuelve al escucha en el imponente grito de un mar tormentoso, así como en el apacible susurro del mar calmo que se mece deslizándose en sedosa hamaca, para reposar placentero en la silente espuma que se deshoja al andar.
Transcribimos el poema de Storni: “Quisiera esta tarde divina de octubre/ pasear por la orilla lejana del mar;/ que la arena de oro, y las aguas verdes,/ y los cielos puros me vieran pasar.
“Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,/ como una romana, para concordar/ con las grandes olas, y las rocas muertas/ y las anchas playas que ciñen el mar/ con el paso lento, y los ojos fríos/ y la boca muda, dejarme llevar./ Ver cómo se rompen las olas azules/ contra los granitos y no parpadear, /ver cómo las aves rapaces se comen/ los peces pequeños y no despertar.
“Pensar que pudieran las frágiles barcas/ hundirse en las aguas y no suspirar;/ ver que se adelanta la garganta al aire,/ el hombre más bello no desear amar;/ perder la mirada, distraídamente,/ perderla, y que nunca la vuelva a encontrar;/ y figura erguida, entre cielo y playa,/ sentirme el olvido perenne del mar”.
El mar fue otra permanente figura en la poesía de Pablo Neruda, quien precisó que hay una gimnasia del mar: “Necesito del mar porque me enseña: No sé si aprendo música o conciencia: No sé si es ola sola o ser profundo, o sólo ronca voz, o deslumbrante suposición de peces y navíos. El hecho es que hasta cuando estoy dormido, de algún modo magnético circulo en la universalidad del oleaje”.
¿Gozo la música del mar?