La Pavana de la Infanta
“Pavana para una infanta difunta” fue una obra que compuso para piano Maurice Ravel en 1899, pero que posteriormente orquestó en 1910. Parece ser que se la encargó la Princesa Edmond de Polignac, cuyo apellido de soltera era Winnaretta Singer (de la familia de máquinas de coser), quien era una conocida mecenas. Singer le pidió al joven Ravel, que contaba con 24 años, que compusiera una obra corta, de seis minutos, inspirándose en una supuesta princesa del pasado, pero sin ninguna referencia real con una persona o un infausto acontecimiento.
La Pavana era una danza que se bailó en las cortes de Europa durante el Renacimiento, de ritmo muy lento y solemne. Algunos historiadores creen que el nombre deriva de la ciudad de Padua (que en italiano es Padova, y el gentilicio sería padovana).
El mismo Ravel señaló que el nombre es una simple eufonía o efecto fonético que le gustó, pero no hace referencia a ninguna infanta en particular. Lo que sí se puede suponer es que tomó como base alguna hija legítima de un Rey de España, dado que Ravel fue un compositor fronterizo. Como dato curioso, conviene mencionar que el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante jugó también con este juego de palabras al escribir un libro con el título: “La Habana para un Infante difunto”, donde narró algunas reminiscencias personales.
Por otra parte, el tema de la muerte es ajeno a esta pieza musical, pues está muy lejos de ser una obra fúnebre y de lamento; más bien, es una música serena, rítmica, contemplativa y tranquila.
Íñigo Pirano, en su obra “Inteligencia musical”, precisó de manera contundente: “A la hora de interpretarla, es muy importante extraer su contenido poético y su ambiente vaporoso y crepuscular”.
¿Me inspira la poesía musical?