La Presidenta, ‘El Mencho’ y la Copa Mundial
Antes de la eliminación de “El Mencho” había quienes dudaban que la Presidenta Claudia Sheinbaum combatía en serio a la delincuencia organizada aun cuando era evidente que, en Sinaloa, por ejemplo, la Presidenta había mermado con severidad a las dos fracciones que se disputan el control de su imperio criminal.
La Mayiza y La Chapiza siguen escupiendo fuego y resistiendo, pero informes oficiales estadounidenses y mexicanos, así como de expertos en el tema de la delincuencia, nos dicen que el tráfico de drogas ha disminuido sensiblemente hacia el Norte y cientos de sus hombres en armas han muerto o están detenidos.
No obstante, la muerte de “El Mencho” a manos de las Fuerzas Armadas de México es la acción más importante que haya realizado el Estado Mexicano en toda su historia frente al crimen organizado. No hay nada comparable a eso, ni siquiera la detención de “El Chapo” Guzmán, porque el narco michoacano había desafiado como nadie al Estado mexicano. Ahora ya no puede haber duda alguna de que la Presidenta está convencida de que el uso legal y legítimo de la fuerza sólo puede provenir del Estado, y que la principal tarea de éste es brindar seguridad y justicia a sus ciudadanos.
Las primeras encuestas que se han levantado después del abatimiento del jefe del CJNG le otorgan a la doctora Sheinbaum una aceptación de su gobierno 3 o 4 por ciento más después de ese hecho trascendental, oscilando ahora entre el 73.5 y el 74 por ciento. Y le conceden un porcentaje, según la encuesta de SDP Noticias, de 80.7 por ciento de aprobación al abatimiento del delincuente.
Es evidente que el grueso de la población mexicana está respaldando las decisiones del gobierno de Claudia Sheinbaum en materia de seguridad y que desea fervientemente que se enfrente con firmeza a la delincuencia. Pero, además, defiende con rotundas muestras de sociabilidad su deseo de recuperar la normalidad de la vida cotidiana. Dos ejemplos: uno propio, mazatleco, con el Carnaval, y otro, queretano, con el juego de la Selección Mexicana de Futbol contra Islandia.
En ambos casos, a pesar de que comentaristas de prensa, radio y televisión, así como algunos activistas de derechos humanos pedían que se suspendieran esos actos festivos y de masas, tanto por el luto de los asesinados y secuestrados en Sinaloa, como por la inseguridad que habían generado las respuestas del CJNG a la muerte de su líder, la respuesta de la gente fue totalmente contraria: se volcaron en decenas de miles a las calles de Mazatlán y al estadio de La Corregidora, en Querétaro, para defender su derecho a convivir en paz y, creo yo, en el caso del encuentro de futbol, dando un apoyo explícito a la Presidenta Sheinbaum y al Ejército Mexicano.
Tan fue así que pocas veces hemos presenciado un respaldo tan emotivo como el que jugadores y aficionados le brindaron al Ejército Mexicano en los honores a la bandera. Evidentemente, de esa manera, los mexicanos que asistieron masiva y entusiastamente al evento deportivo, quisieron decir que México no podía perder la oportunidad de ver de nueva cuenta un campeonato mundial de futbol e, insisto, quieren recuperar la celebración de una vida normal, sin violencia criminal.
No es exagerado decir que la celebración del Carnaval en Mazatlán y del partido de futbol en Querétaro no fueron una ofrenda a la frivolidad y banalidad sino, al contrario, una celebración pacífica y familiar de responsabilidad ciudadana que respondió de esa manera a la violencia criminal.
Por otro lado, el periodismo amarillista, que exigía la cancelación del Carnaval y del partido de futbol, fue desmentido en su interpretación de lo que la mayoría de la gente quiere. En el caso del evento deportivo, diferentes programas de radio y televisión le dieron mucho espacio al comentarista David Faitelson, quien con frecuencia es pesimista y alarmista, para que expresara su opinión de por qué debía suspenderse el encuentro de futbol entre México e Islandia y porque ponía en duda que la ciudad de Guadalajara pudiera ser plaza de cuatro encuentros de la Copa Mundial. Los aficionados con una interpretación de la realidad radicalmente diferente les hicieron mentís.
Si las autoridades futbolísticas y gubernamentales de México hubiesen cancelado el partido de futbol en Querétaro habrían dado una prueba de debilidad que al CJNG le hubiera encantado. Habrían sido derrotados los gobernantes, los dirigentes deportivos y los ciudadanos mexicanos y con ello estarían mostrándole al mundo que México ya era presa definitiva del crimen organizado y que la celebración de la Copa Mundial en nuestro País se habría puesto en duda.
Pero sucedió lo contrario: se dio una prueba de fortaleza con la emotividad cívica y la asistencia masiva de la ciudadanía queretana al estadio, sellada con un triunfo rotundo frente a la modesta oncena islandesa.