La protección del Golfo de México es una lucha de todos
A principios de marzo de 2026, comunidades de Veracruz reportaron manchas de chapopote en playas del Golfo de México. Lo que no sabíamos entonces era que el Gobierno tenía conocimiento del derrame de hidrocarburos desde semanas antes y, durante casi un mes, negó y minimizó la situación.
La Gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, dijo que habían sido solo “gotas” e incluso la titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Bárcena, afirmó el 26 de marzo de 2026 que “no se ha detectado daño ambiental severo”. Ambas minimizaron las señales de alarma y las denuncias de la sociedad civil. La falta de reconocimiento y de acción pronta por parte de las dependencias responsables tuvo impactos en los ecosistemas del Golfo de México y en quienes lo habitan, vulnerando el derecho a un medio ambiente sano para la población.
Esta omisión es el reflejo de una política pública que históricamente ha dado prioridad a las actividades extractivas sobre los derechos de las comunidades costeras. Mientras el Gobierno intentaba esconder el problema, fueron las comunidades organizadas y la sociedad civil -a través de la Red del Corredor Arrecifal del Golfo de México- quienes documentaron y visibilizaron la magnitud real de la emergencia.
El Golfo de México es un territorio en disputa, donde más de 90 mil personas y sus familias viven directamente de la pesca y luchan todos los días por la defensa de sus territorios y sus mares, mientras las grandes empresas las desplazan y contaminan sus ecosistemas, afectando directamente su salud y sus formas tradicionales de vida.
A pesar del impacto de la industria de los hidrocarburos, el Golfo de México sigue siendo un ecosistema de gran riqueza natural. Es dador de vida y sustento para miles de familias pescadoras y tiene la capacidad de recuperarse si se toman medidas inmediatas para su protección. Desde hace tiempo, las comunidades han exigido ser partícipes del diseño de estrategias para crear nuevas formas de desarrollo que pongan al centro a las personas, fortalezcan la economía regional, la identidad cultural y el cuidado ecosistémico. Sin embargo, sus demandas no han sido escuchadas.
Defender el Golfo de México no es una causa exclusiva de quienes viven en sus costas; es una responsabilidad de todas y todos. Bryan Montoya, director de Barrio Warrior Colectivo A. C., lo sabe y lo ha puesto en práctica desde el corazón de la Ciudad de México. Él encontró en el hip hop, el grafiti, el break dance y el rap herramientas para construir paz, concientizar y tender puentes entre luchas que parecen distantes.
En 2025, Barrio Warrior pintó un enorme mural sobre Avenida Reforma, justo enfrente del mercado de La Lagunilla, con el título “El Golfo de México nos une”. Con este mural buscan visibilizar que, en el mundo actual, la lucha por la vida va mucho más allá de los territorios que habitamos: las luchas por la justicia social son globales, son de todas y de todos.
“Nuestro movimiento busca cuidar el medio ambiente, promover tequios y nos hace sentir que el Golfo de México es nuestro, porque lo que da vida es de todos y nos toca a todos defenderlo”.
Vincular las luchas y las acciones de defensa de la vida es el único camino para entender que la posibilidad de un mundo mejor solo es viable a través de la unidad, la comunidad y la empatía con las problemáticas sociales que debemos asumir como propias.
Construir comunidad es defender, apoyar, concientizar y accionar para cuidar lo bueno del mundo y cambiar lo malo. “El mensaje del hip hop es para apoyarnos mutuamente, y el Golfo de México, algo tan lejano que muchas personas no conocen, nos ayuda a entender que, a pesar de la distancia, estamos cerca. Defender lo que da vida es una tarea de todos”.
Es por eso que, desde las costas del Golfo de México y desde el corazón de la Ciudad de México, exigimos al Gobierno hacerse responsable de los daños ocasionados por la industria de los hidrocarburos, e imaginar -en diálogo constante con las comunidades- nuevas formas de desarrollo que pongan a la vida en el centro y promuevan el fortalecimiento de la identidad colectiva e individual de quienes habitamos la Tierra.
Defender la vida es responsabilidad colectiva.
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El autor es León Pérez, coordinador de los trabajos en campo de Oceana en México.