La tormenta amainó en la inauguración de la Copa Mundial
El artículo de la semana pasada lo intitulé “La tormenta perfecta”. La coyuntura política nacional, apenas un día antes del arranque del magno torneo futbolístico, exhibía cargados nubarrones negros.
Claudia Sheinbaum, en Palacio Nacional, y Clara Brugada, en el edificio del Gobierno de la Ciudad de México, parecían rebasadas por tantos bloqueos, marchas y movilizaciones de maestros normalistas, estudiantes de Ayotzinapa, madres de personas desaparecidas, campesinos, personal médico, pensionados, los anarquistas del Bloqueo Negro, etc.
Algunos llegaron a pensar que los manifestantes, por lo menos algunos de ellos, podrían si no impedir sí provocar serios conflictos el día de la inauguración. Pero no fue así. La Presidenta Sheinbaum aseguraba que la fiesta deportiva iba a iniciar sin complicaciones, y así fue.
Parecía difícil que la palabra presidencial se cumpliera sin enfrentar con fuerza a grupos radicales como al Bloque Negro, los estudiantes de Ayotzinapa y la sección de Guerrero de la CNTE. El Gobierno federal dijo que no iba a recurrir a la represión, de haberlo hecho los conflictos hubiesen crecido y los titulares periodísticos se habrían plagado de letras rojas.
Para fortuna de Palacio Nacional y la tranquilidad social, la Selección Mexicana triunfó, aún sin brillo, sobre la oncena de Sudáfrica. De haber sucumbido, además de las críticas estrictamente deportivas, la frustración de la derrota podría haber sido caldo de cultivo para que el enojo social hubiese encontrado un pretexto más para criticar a los gobernantes.
Mientras el llamado Tri tenga un desempeño solvente en el torneo y avance a una siguiente ronda el Gobierno mexicano podrá contar con un tanque de oxígeno que palie las críticas a su gestión.
La atmósfera futbolística es tan absorbente, nacional e internacionalmente, que ni las declaraciones arrogantes y amenazantes de Donald Trump contra las posibilidades de que él firme un nuevo tratado comercial entre México, Canadá y Estados Unidos tuvieron la repercusión que en otros momentos hubiesen tenido.
No obstante, cuando habla Trump, aunque suene repetitivo, no puede ser ignorado. Es tan voluble pero también imprevisible que cualquier amenaza puede cumplirse.
Es probable que antes de que termine el campeonato Mundial de Futbol sepamos si se firmó o no un nuevo tratado comercial. Si no se firma, lo cual es poco probable, sería una catástrofe para México. La inversión extranjera, la cual ha sido positiva en meses recientes, así sean más reinversiones que nuevas inyecciones de capital, podría contraerse antes un escenario de menos exportaciones a Estados Unidos. Y el limitado crecimiento económico podría caer tanto que entraríamos a una recesión.
Es decir, la tormenta amainó este fin de semana pero podría arreciar muy pronto con más movilizaciones y en un escenario económico incierto. Máxime si se inicia la persecución gringa de narcos mexicanos en nuestro propio territorio, tal y como lo ha declarado Trump una y otra vez, lo cual parece difícil pero no improbable.
Por otra parte, vemos que el triunfo de los futbolistas mexicanos, sin ser brillante y dejar insatisfechos a los especialistas y críticos, por la manera en que fue celebrado en las calles de varias ciudades mexicanas, demuestra que la gente necesita de satisfacciones emocionales, necesita sentirse contenta ante la violencia delictiva y la frustración social.
Si la Selección Nacional lograra un desempeño como nunca lo ha tenido en ninguna otra Copa Mundial, podría regalar un sólido envión anímico a muchos mexicanos y al mismo Gobierno, al menos por unos cuantos días.
Lo cual, no obstante, se revertiría fácilmente si la Casa Blanca hace efectivas sus amenazas de penetrar suelo mexicano en busca de los narcotraficantes y no firma el nuevo T-MEC.
Mientras tanto, la guerra narca en Sinaloa no cede en Culiacán y se intensifica en Escuinapa y El Rosario. Fuentes periodísticas -y también callejeras- dicen que lo que sucede en el sur de Sinaloa es que los hijos de Joaquín Guzmán tratan de preservar el último bastión que les queda en el estado. Y, también como parte de esa guerra, intimidan a Paola Gárate, Diputada priista. Al margen de cómo se resuelva el conflicto bélico criminal, la presión de la Casa Blanca sobre los políticos mexicanos acusados de complicidades con los cárteles de la droga no cederá, a pesar de las palabras diplomáticas del Embajador Ronald Johnson después de la inauguración de la Copa Mundial, muy distintas a las de Donald Trump. Dijo el Embajador de Estados Unidos:
“¡Felicidades, México! Hoy comienza la Copa Mundial de la FIFA 2026, el evento deportivo más grande de la historia. Mientras celebramos el hermoso juego que une a nuestras tres naciones, también celebramos la cooperación, la amistad y el propósito compartido que ayudan a hacer de esta la Copa Mundial más segura y memorable de la historia”.
Pues sí, ojalá haya cooperación, amistad y propósito compartido, y no amenazas ni intervenciones ilegales en los asuntos internos de México.