Las acciones encubiertas (y no reconocidas) de la CIA

Arturo Santamaría Gómez
16 mayo 2026

¿A quién le puede sorprender que la CIA lleve a cabo acciones encubiertas en México y otras partes del mundo, si esa es una de sus tareas centrales como institución fundamental de la política exterior estadounidense? Lo ha hecho por décadas.

La CIA, dice Wikipedia, a la que Estados Unidos no puede decirle que falsea su realidad: “desempeña tres actividades principales y por las que se ha distinguido: recopilar información sobre gobiernos extranjeros, corporaciones e individuos; analizar esa información junto a datos recogidos por sus agencias hermanas; y proporcionar una evaluación sobre inteligencia para la seguridad nacional, para que así Estados Unidos enfoque sus políticas”.

“Realiza o supervisa actividades encubiertas y otras operaciones tácticas. Sus ejecutores pueden ser miembros de la agencia, militares del Ejército de Estados Unidos u otros socios gubernamentales o privados. La agencia tiene una considerable influencia en política exterior gracias a sus divisiones tácticas, como la División de Actividades Especiales”.

Al nacer en 1947, en plena Guerra Fría y cinco años después de Pearl Harbor, donde la Armada de Estados Unidos fue sorprendida por un destructivo ataque aéreo japonés, el Presidente Truman ordenó crear una agencia de inteligencia que actuara en todo el mundo para proteger los intereses de la Unión Americana en su disputa con la Unión Soviética por la hegemonía político-militar en el planeta. A partir de entonces, su enemigo principal, como sucedió durante la Segunda Guerra Mundial, no fue el nazismo-facismo sino el comunismo.

No obstante, al desaparecer la Unión Soviética y el Bloque de Europa del este en 1989, hegemonizado por los soviéticos, el islamismo radical pasa a ser el enemigo número uno del Tío Sam. Ya en pleno Siglo 21 y con Trump en la Casa Blanca, se suma a la lista de “los más buscados del mundo” a los narcotraficantes latinoamericanos. En el segundo mandato del hombre naranja los narcotraficantes son clasificados como terroristas, lo cual los convierte como prioridad central en los objetivos centrales del Gobierno estadounidense y particularmente de la CIA.

América Latina ha sido un territorio donde la CIA se ha dado el lujo de intervenir para derrocar o intentar derrocar a numerosos gobiernos que Estados Unidos consideraba sus enemigos: Guatemala en 1954, Cuba en 1961, Ecuador en los 60, Brasil en 1964, República Dominicana en 1965, Chile en 1973, Granada en 1983, Panamá en 1989, Haití en 1994, Venezuela en 2025-2026.

Así que no hay por qué sorprenderse de que la CIA intervenga con acciones encubiertas donde le parezca de interés para estados Unidos. Y, aquí, no hablamos de otras regiones del mundo porque no acabamos nunca.

Cuando la CIA lleva a cabo operaciones encubiertas siempre dice, como la acaba de hacer su vocera, después de que CNN y The New York Times hablaron de su intervención para eliminar el pasado 28 de marzo al narcotraficante Francisco Beltrán, “El Payín”, en las inmediaciones del AIFA, que no es cierto que ellos realicen ese tipo de actividades. Pero Donald Trump no lo negó en el caso de Venezuela porque confesó que había autorizado a la CIA a llevar a cabo operaciones encubiertas en ese país.

Y así como lo hace en Venezuela y lo ha hecho en muchos países del mundo, lo hace en México.

El problema es que con México siempre lo hizo de acuerdo con los gobiernos federales, prácticamente todos desde Adolfo López Mateos, y ahora se está saltando las trancas porque desconfía de los gobiernos de Morena y busca acuerdos estatales con contrincantes políticos de la 4T, como el que hizo con Maru Campos, la Gobernadora de Chihuahua. El problema para la señora Campos es que la Constitución Mexicana establece que los acuerdos solamente los puede firmar el Ejecutivo federal.

Ahora bien, por la negación rotunda de la Presidenta Sheinbaum de que la CIA actuó para eliminar a un narcotraficante en suelo mexicano, se puede interpretar que la inquilina de Palacio Nacional no puede aceptar públicamente que la agencia norteamericana la está ignorando o que, en otra interpretación, la Secretaría de Seguridad aceptó colaborar con la CIA, como sostiene el NYT, para eliminar a un delincuente sin que hubiese antes una detención ni enfrentamiento alguno.

Lo más grave y desestabilizador para México es que al ser considerados los narcotraficantes como terroristas, Estados Unidos, a través de la CIA, la DEA, el FBI u otras agencias, se da la licencia de llevar a cabo todo tipo de operaciones secretas en nuestro País. Y, como es evidente, muchas de ellas sin informar al Gobierno mexicano.

Para documentar nuestro pesimismo de que Trump ha ordenado intervenir directamente en México cada vez con mayor fuerza, esta semana Pete Hegseth, Secretario de Guerra de Estados Unidos, amenaza cuando dice que si México no actúa más eficazmente contra el crimen organizado ellos lo harán. Terry Cole, jefe de la DEA, completa la sentencia: “...y esto (con Sinaloa) apenas empieza”.

El martes 19 de mayo a las 18.30 en la Casa del Marino, en Mazatlán, presentaremos Eduardo Saínz y yo, el libro “Turismo y Futbol 2026”. Y el 28 de mayo en las instalaciones de Noroeste, en Culiacán (hora por confirmar). Están cordialmente invitados.