Las rastreadoras en la mira del crimen
Agosto 30: Alma Rosa y Rosario Lilian

Alejandro Sicairos
31 agosto 2026

A ninguna estrategia para la seguridad pública, nada que le apueste a la expectativa de paz positiva, nadie que desde el apego a la ley la civilidad vea derrumbadas su tranquilidad y patrimonios, reciben esperanza y confianza con actos criminales como el del sábado en que sicarios dispararon contra Alma Rosa Rojo Medina y su hija, cuyo único empeño consiste en encontrar a los desaparecidos. La sentencia de plomo y horror sostenida por la delincuencia organizada contra la sociedad sinaloense que ve caer a las víctimas entre miles de militares y policías que supuestamente nos protegen.

No digan que la agresión a la mujer que lleva 17 años buscando a su hermano Miguel Ángel es parte de la narcoguerra en curso que lo devora todo, sin que nos percatemos que ocurre dentro del activismo por el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada, amenaza y arredramiento al movimiento de rastreadoras que en la misma fecha de 2022 fue marcada con el asesinato de Rosario Lilian Rodríguez, integrante del movimiento “Corazones sin Justicia” en La Cruz, municipio de Elota.

Es consecuencia de la impunidad como respuesta del Estado en anteriores crímenes que le costaron la vida, por ejemplo, a las madres buscadoras Sandra Luz Hernández, asesinada en Culiacán el 12 de mayo de 2014, y Rubí Patricia Gómez, privada de la vida en Mazatlán el 27 de febrero de 2026. A ellas que gobernantes y gobernados tendríamos que llevar tatuadas en la conciencia porque no supimos respaldarlas y defenderlas en sus jornadas de palas y zapapicos que las ponen en desventaja frente a los arsenales del hampa. Qué mayor evidencia se necesita para confirmar el abandono a las rastreadoras que por medios propios y sin medidas de protección efectúan las tenaces acciones de búsqueda.

Atribuir a la casualidad la acometida a balazos contra Alma Rosa Rojo sería como cerrar los ojos frente a la peor expresión de la barbarie sinaloense que recalca el salvajismo con familias que ya viven la brutalidad de manera directa. Madres que sufren el viacrucis sin fin para encontrar a sus hijos sienten que los delincuentes que se los llevaron ahora las tienen a ellas en las miras de los rifles de asalto, acechanza que en vez de intimidarlas las habilita con mayor valentía en resolver el ¿dónde están? que las impulsa.

El ataque contra Alma Rosa deja sin palabras a instituciones y ciudadanos por el estupor que le corresponde al crimen sobre más crimen. El silencio, sin embargo, es el grito ensordecedor de exigencia para que la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y la Gobernadora Graciela Domínguez Nava implementen lo que la Ley les faculta hacer para devolverle la seguridad a Sinaloa antes de que dos años de narcoguerra colapsen lo poco que queda de pie.

También es la reclamación a los sinaloenses por haberles dedicado a las madres caídas sólo un minuto de silencio y el efímero asombro que poco honra el heroísmo y la memoria que les corresponde. Esa terrible costumbre de sentarnos en el balcón a ver pasar los cortejos de los inocentes sacrificados y creer que sólo a otros los alcanza la tragedia, o bien normalizar la crueldad como fatalidad a la que debemos acostumbrarnos impasibles e indolentes.

La tarde del sábado trajo otro pinchazo a la pasividad de los sinaloenses que tolera la inacción de las instancias de procuración e impartición de justicia en lo que corresponde a la enorme secuencia de asesinatos, amenazas y privaciones ilegales de la libertad cometidas en perjuicio de madres y colectivos de búsqueda de desaparecidos. Habría de ser también el poderoso marrazo en la mesa del Gobierno que sacuda las omisiones a ras de complicidades.

En Alma Rosa y su hija, miembros de “Voces Unidas por la Vida” que providencialmente libraron con vida el atentado, encarna el aviso puntual a los movimientos de defensoras de derechos humanos que notifica de la determinación de las facciones del narcotráfico en guerra desde hace dos años, de que proscribe todo rasgo de humanismo y, al contrario, decide recalzar la atrocidad perpetrada. El edicto de la permanencia del crimen garantizando la supremacía por encima de las fuerzas armadas y corporación policiales.

Dejemos de fingir que no nos percatamos ni nos damos por aludidos. Eso es únicamente prolongar la espera y aumentar la probabilidad de que la violencia nos alcance.

¿Y cómo llamarle al criminal,

Que le dispara al ave de paz,

Y decreta como cosa normal,

Para todos una vida fugaz?

Escúchense las voces que se unieron para lograr ser escuchadas sin que las apague el estruendo de la ráfaga criminal lanzada contra Alma Rosa Rojo. Al unísono salieron a exigir la eficiente investigación y la justicia expedita la Red de Periodistas y Defensores de Derechos Humanos, el Instituto para la Protección de Periodistas y Personas Defensoras de Derechos Humanos, la Comisión Estatal de Derechos Humanos, Observatorio Ciudadano de Mazatlán, los colectivos de madres rastreadoras, entre tantas organizaciones y líderes cívicos que, ojalá, sean oídas y atendidas desde el despacho principal del tercer piso del edificio sede del Gobierno de Sinaloa y la oficina presidencial de Palacio Nacional, con la única respuesta posible que es la detención y enjuiciamiento de los atacantes.