Las tres fases de la riqueza familiar
La mayoría de las familias empresarias dedica grandes esfuerzos a proteger su patrimonio. Sin embargo, la riqueza rara vez desaparece de manera repentina. Normalmente comienza a deteriorarse cuando la familia deja de crear, aprender e innovar. La riqueza tiene un ciclo natural: se construye, se conserva y también puede disiparse. Entender estas etapas permite comprender qué distingue a las familias que trascienden de aquellas que sólo sobreviven por un tiempo.
Existe una paradoja que pocas familias reconocen.
Cuando el patrimonio es pequeño, la familia suele estar unida porque todos saben que necesitan contribuir para salir adelante.
Cuando el patrimonio crece, aparece el riesgo de que algunos miembros confundan los beneficios de la riqueza con el mérito de haberla creado.
Es entonces cuando surge una pregunta incómoda: ¿Estamos formando herederos de bienes o herederos de capacidades?
Los bienes pueden transferirse mediante un testamento. Las capacidades requieren años de formación, disciplina, experiencia, humildad y trabajo.
Una familia que sólo transmite activos financieros puede producir riqueza durante una generación. Una familia que transmite capacidades puede producir riqueza durante muchas generaciones.
Por eso las familias empresarias más longevas del mundo no centran su atención únicamente en la administración del patrimonio. Dedican una parte importante de sus esfuerzos a desarrollar personas capaces de crear nuevamente ese patrimonio.
Con frecuencia asociamos la riqueza con empresas, inmuebles, inversiones o cuentas bancarias.
Sin embargo, esos activos son únicamente la manifestación visible de algo mucho más profundo.
El patrimonio familiar descansa sobre tres grandes pilares:
Capital humano: la calidad de las personas que integran la familia.
Capital intelectual: el conocimiento, la experiencia, la cultura y los aprendizajes acumulados.
Capital social: la confianza, las relaciones y la reputación construidas a lo largo de los años.
Cuando estos tres capitales se fortalecen, el capital financiero tiende a crecer. Cuando se deterioran, el patrimonio económico termina debilitándose tarde o temprano.
La historia de muchas familias empresarias demuestra que las fortunas rara vez desaparecen por una sola mala inversión. Generalmente comienzan a erosionarse cuando desaparece la disciplina, la unidad, el compromiso y el deseo de seguir construyendo.
Existe una diferencia fundamental entre recibir riqueza y merecerla.
Recibirla puede tomar un instante. Merecerla puede tomar toda una vida.
El sentido de responsabilidad hacia el patrimonio cambia radicalmente cuando una nueva generación entiende que el legado no es un privilegio sino una misión.
Las familias que logran trascender varias generaciones enseñan una lección sencilla: cada generación debe convertirse en creadora antes de convertirse en beneficiaria.
La riqueza heredada sólo conserva su valor cuando las nuevas generaciones desarrollan la capacidad de multiplicarla, transformarla y ponerla al servicio de un propósito superior.
Las familias no fracasan porque se quedan sin dinero; se quedan sin dinero porque antes perdieron los valores, la disciplina, la unidad y la vocación de crear.
Mientras más se concentra una familia en proteger su patrimonio, más corre el riesgo de perder la capacidad que originalmente lo creó.
La mayor responsabilidad de una familia empresaria no consiste en transmitir riqueza, sino en transmitir la capacidad de generar riqueza.
Las empresas pueden venderse. Los inmuebles pueden perderse. Las inversiones pueden fluctuar.
Pero una familia que conserva el carácter, la confianza, la cultura de trabajo y el espíritu emprendedor siempre tendrá la posibilidad de reconstruir lo que sea necesario.
Por eso la pregunta más importante para cualquier familia empresaria no es cuánto patrimonio posee hoy, sino qué tan preparada está para volver a crearlo mañana.
Como advierte James E. Hughes Jr., la riqueza es un proceso dinámico, nunca un estado permanente. Y quizás la mejor forma de honrar el legado de quienes nos precedieron sea actuar cada día como si nos correspondiera fundar nuevamente la empresa familiar.
Una familia permanece rica cuando cada generación decide convertirse, otra vez, en la primera generación.