Lecciones de la historia: el Gobernador de un solo día
No, esta columna no se dedicará a hacer leña, astillas y cenizas del reciente árbol caído. Las consecuencias del meteorito caído en Sinaloa, provocando una hecatombe política, ya han sido bastante comentadas.
Hoy deseo hablar de la figura, un tanto injustamente desleída, del escritor Francisco Peregrina, muy recordado por su novela “En el sur de Sinaloa”, quien se desempeñó como periodista y fotógrafo durante su vida profesional con incursiones en la administración pública, llegando a ser Gobernador por un día.
Francisco Peregrina nació en Colima y se volvió bastante sinaloense; un recuerdos de una época en la cual nuestro estado estaba mucho más comunicado con Colima que con Nayarit y Jalisco. Curioso, ¿no?
Las estribaciones de la sierra y el clima húmedo insalubre hacían muy complicado el viaje en carreta o conductas de arrieros, por lo que era muy común y más práctico que un buque de vapor saliese de Manzanillo, Colima, y atracase en Mazatlán y en Altata.
Esa situación se prolongó por muchos años. Por ejemplo, hay un registro de que el poeta José Juan Tablada llegó a Mazatlán por esa vía en 1893. De ahí una acuarela que hizo él antes de desembarcar donde se ve el Cerro del Vigía y la catedral de Mazatlán con una sola torre.
Ese trafico naval provocó una migración constante y a la fecha tenemos descendientes de dicho puente social. Un caso muy especial son la familia Díaz Fonseca, por mucho tiempo valedores de este periódico y, dentro de la familia Noroeste, debo mencionar al periodista y escritor Juan Macedo López. Hace unos años me tocó ir a dar una conferencia en la Universidad de Colima y, justamente, el aula magna lleva su nombre.
Volvamos. Francisco Peregrina ejerció una vida intensa en Mazatlán, e incluso aquí decidió morir. Siendo yo estudiante de periodismo y trabajando para un libro que proyectaba el ingeniero Sergio Herrera y Cairo, entrevisté a dos hijos suyos, a finales de los ochentas, y me comentaron que incluso él no quería ir a “recoger sus pasos a Colima”. Yo aquí me quedo, les decía, aquí es mi tierra.
Ahí ellos me ratificaron la información de que, durante la muerte del Gobernador Rodolfo T. Loaiza en Mazatlán, también se encontraba aquí acompañándolo el equivalente al secretario de gobierno y demás autoridades que por ley les correspondería en emergencias suplirlo.
Dado que en lo que transcurrían la investigación y las exequias no podía haber un vacío de poder, y estando el señor Peregrina en Culiacán, fue investido con la figura de la gubernatura durante el tiempo en que volvía a la normalidad todo el aparato gubernamental, el cual retornó a Culiacán vía ferrocarril, junto con el ataúd del General Rodolfo T. Loaiza, oriundo del municipio de San Ignacio, Sinaloa.
Existe una filmación casera de la familia Gómez Rubio, en que se ve el momento en que el ataúd es subido a la estación del ferrocarril con guardia de honor.
Otro testimonio que vale la pena recordar es que, aunque oficialmente se canceló el Carnaval de Mazatlán, el señor Jesús Ernesto Gómez Rubio nos comentaba que toda la gente siguió saliendo a su celebración popular.
La historia está hecha de pequeños detalles como este.
Hay más. En esas 24 horas de gobierno, Francisco Peregrina hizo un acto que fue más allá de lo protocolario o cuidar la oficina interinamente.
Le llevaron el caso de un joven menor de edad que había sido detenido por el delito de abigeato. En aquel momento, la pena de muerte en Sinaloa estaba vigente y en el caso del robo de ganado, se justificaba la ejecución inmediata por la vía de la horca.
Así que el abogado de este joven vio la oportunidad y aprovechó para llevarle la solicitud del indulto, a la cual Francisco Peregrina accedió de inmediato.
Siempre comentó que ese era su máxima orgullo. “Gracias a mí, ese joven que anda por ahí y que es hombre de provecho, está vivo”, comentaba en persona. Quien salva una vida salva al mundo, dice un proverbio hebreo.
¿Por qué era pena de muerte robarse una res? No tanto por proteger a los grandes ganaderos. Hay que entender que en esa época había gran escasez y hambrunas. Las zonas estaban más aisladas.
Una familia en la sierra si perdía su única vaca enfrentaba de inmediato un riesgo, empezando por la leche de los niños. Y esa misma situación provocaba esos robos desesperados, que al parecer fue el caso de ese joven.
Peregrina vivió de niño la peste negra de Mazatlán, a principios del siglo 20 y cuenta que sobrevivieron él sus amigos porque un viejo marino les aconsejó bañarse dos veces al día en la playa.
Hay lógica en eso y la ciencia lo comprobaría. El agua de mar fortalece la piel, curtiéndola poco a poco, y ayuda a eliminar las pulgas, el agente desconocido entonces de la fiebre bubónica.
Fue Premio Nacional de Novela por “En el Sur de Sinaloa” en 1958, convocado por el periódico El Nacional, teniendo como jurados a José Luis Martínez, Luis Spota y Alí Chumacero.
Es posible que sea el primer escritor sinaloense en ganar un concurso nacional con un jurado de ese calibre. Dos de ellos ganarían a futuro el Premio Mazatlán de Literatura.
Sobre esta novela, Patiño Escamilla escribió lo siguiente: En el año de 1958 el periódico “El Nacional” convocó a un concurso literario internacional. El premio era de $15,000.00 y un diploma. Pancho ya tenía esbozado un retrato literario del sinaloense sureño que llamó “En el Sur de Sinaloa” y en donde narra sin desplantes académicos una devota querencia al folclorismo de tonos armoniosos con que vive y se entiende la gente “mal hablada”, parrandera, que “jala” la tambora por las calles y canta al amor; toda la gama de la expresión corriente y llana del sinaloense que baja desde la sierra mojada con su melancolía cancionera, hasta los planos y lomeríos donde el campesino siembra “a piquete” para hermanarse con el “marismeño” que huele a pescado porque vive en los esteros y entre los mangles; parece que “En el Sur de Sinaloa” se trasunta la bravía postura de los hombres en los bailes “de candil”.
Otro texto importante de Peregrina es La Sagrada Familia, (Ediciones Lear Culiacán, 1938) El Colegio de Sinaloa reeditó su ensayo Ayeres.
Peregrina se jactaba que fue un Gobernador que no se enriqueció con el puesto. Incluso, añadía, ni siquiera alcanzó a cobrar su único día de sueldo.
Y pocos escritores pueden salvar una vida con solo tomar la pluma y escribir unas pocas letras, llenas de la limpieza de su nombre.