Libertad interior

Rodolfo Díaz Fonseca
26 marzo 2021

Es común que al hablar de libertad hagamos referencia al concepto de autonomía. En ocasiones, tergiversamos el concepto y confundimos libertad con libertinaje. Así, la libertad consistirá en buscar evadir o escabullirse de cualquier forma de autoridad.

Sin embargo, se debe reconocer que siempre existirán unos límites o barreras externas que nos impidan actuar y movernos a placer. Ante los condicionamientos se puede reaccionar de varias maneras: rebelión, frustración, resignación, sumisión o aceptación.

Es claro que solamente la última manera de accionar es la adecuada, porque como señaló el padre Jacques Philippe: “La libertad no es solamente elegir, sino aceptar lo que no hemos elegido”. En efecto, hay situaciones y circunstancias que debemos sobrellevar y que no dependen de nuestra elección, pero nunca debemos olvidar que lo que verdaderamente nos ayuda a crecer y a desarrollarnos es aquello que no dominamos.

Víctor Frankl afirmó que en el campo de concentración le dijo a un compañero que le acompañaría a huir. Posteriormente, lo pensó mejor y no se atrevía a decirle la verdad: “De pronto decidí, por una vez, mandar en mi destino. Salí corriendo del barracón y le dije a mi amigo que no podía irme con él. Tan pronto como le dije que había tomado la resolución de quedarme con mis pacientes, aquel sentimiento de desdicha me abandonó. No sabía qué me traerían los días sucesivos, pero ya había ganado una paz interior como nunca antes había experimentado”.

Agregó: “al ser humano se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias- para decidir su propio destino... Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito”.

¿Soy verdaderamente libre?