Liderar desde el corazón
Muchas veces hemos visto, generalmente por inercia cultural, que las mujeres no son seriamente consideradas como candidatas a la sucesión del máximo liderazgo de organizaciones familiares. Grave error. Las mujeres tienen la destreza para manejar las relaciones interpersonales partiendo de una perspectiva diferente.
Tradicionalmente el mando se ha asociado con la firmeza y la frialdad en la toma de decisiones. El peso otorgado a la racionalidad y la fuerza suele apuntar hacia los hijos varones con demasiada frecuencia. Sin embargo, es claro que la mujer líder es capaz de aportar una dimensión distinta: el liderazgo desde el corazón.
No confundamos un sentimentalismo frágil con una inteligencia emocional aplicada que permite leer a las personas en lo más profundo de su comportamiento y su forma de ser, y que facilita calibrar el clima organizacional antes de que las crisis estallen. Tampoco nos polaricemos hacia ningún género, abramos el proceso de escogencia con profesionalismo y estudiemos a los posibles sucesores para elegir al mejor candidato.
Liderar desde el corazón implica entender que la empresa familiar es un sistema de personas. La mujer tiene una capacidad intrínseca para humanizar la estrategia, logrando que los colaboradores y los familiares no sólo trabajen por una remuneración económica, sino por un propósito común de largo alcance.
Una de las habilidades más críticas en el ejercicio de la Dueñez es la formación de equipos de trabajo con una querencia compartida. En este cometido la mujer destaca en su capacidad para detectar intenciones y talentos ocultos. Mientras que otros pueden enfocarse exclusivamente en el currículum o los resultados numéricos, la percepción femenina suele ir más allá, identificando habilidades blandas, integridad y potencial de crecimiento de cada individuo.
Esta habilidad le permite a la mujer actuar como una gran orquestadora. Sabe quién puede trabajar con quién para que la suma de sus capacidades sea exponencial, para que la multiplicación de valor se catapulte. Al reconocer y capitalizar los dones de los demás, a la líder mujer se le facilita integrar formando constelaciones de liderazgo sinérgicas, donde la complementariedad de perfiles neutraliza los egos y enfoca la energía hacia la creación de valor.
En la empresa familiar, los conflictos suelen ser un destructor de valor. La mujer, por su tendencia natural hacia la conciliación y la escucha activa, actúa como el lubricante que propicia que los engranajes de la familia y el negocio sigan embonando. Su tacto le permite detectar roces en etapas tempranas, interviniendo con una mezcla de intuición y empatía que preserva la unidad familiar sin sacrificar la eficiencia operativa.
El futuro de las empresas familiares depende de su capacidad para adaptarse y humanizarse. La sensibilidad femenina, lejos de ser un rasgo secundario, es la ventaja competitiva que permite gestionar el patrimonio con una visión integrada y responsable. Cuando una mujer lidera desde el corazón y potencia el talento ajeno, no sólo está administrando el negocio, está blindando el futuro de la familia.
En el complicado entramado de la empresa familiar, donde los hilos del afecto y el patrimonio se entrelazan de forma indisoluble, la figura de la mujer emerge como un motor emocional integrador, como una fuerza estratégica de la Dueñez Compartida, donde la trascendencia y la sucesión no se reducen a repartir acciones y puestos, sino a construir una fórmula de gobierno que sea capaz de generar valor económico, organizacional y familiar de forma simultánea. En estas transiciones, la sensibilidad femenina se convierte en el aceite que integra, lubrica y hace fluir esas estructuras.
Las fórmulas de gobierno sinérgicas y efectivas no parten de moldes rígidos ni de estructuras prefabricadas, se arman de personas talentosas que se acoplan con un claro sentido de propósito. Esa armazón puede ser la gran aportación de la mujer líder. Liderar desde el corazón es algo más que emoción, es capacidad de conexión.
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* “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois