Llamado a la unidad

Rodolfo Díaz Fonseca
23 enero 2021

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“La unidad hace la fuerza”, dice un conocido refrán. En contrapartida, otro adagio semejante precisa: “Divide y vencerás”. En efecto, sin unión ninguna fortaleza puede resistir el asedio de sus enemigos, como enseñó Jesús: "Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir”, (Mc 3,24-25)

Consciente de esta realidad, el presidente Joe Biden centró su primer discurso en la urgencia de conservar la unidad: “Hoy no celebramos el triunfo de un candidato sino de una causa: la democracia. La voluntad del pueblo se ha escuchado y se le ha hecho caso”.

A Biden no le interesó ahondar en las heridas, sino restañarlas: “Este es un momento de crisis y de retos históricos. Y la unidad es el único camino. Los desacuerdos no tienen que acabar siempre en una guerra. Debemos acabar con esta guerra incivilizada que enfrenta republicanos y demócratas, la gente urbana y la gente del campo o conservadores y liberales”.

El nuevo Presidente subrayó que hay demasiado trabajo como para continuar resucitando rencillas partidistas: “En el trabajo que tenemos por delante nos vamos a necesitar.
Necesitaremos todas nuestras fuerzas para salir de este oscuro invierno. Nos adentramos en el periodo más duro y letal del virus y debemos dejar a un lado la política y afrontar la pandemia, por una vez, como nación”.

Jesús mismo suplicó a su Padre: “No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”, (Jn 17,20-21).

¿Avivo rencillas? ¿Construyo la unidad?