Lo que Sinaloa espera de Sheinbaum
Además de tropas, los otros rescates
Con el envío de mil 800 elementos más de las secretarías de Defensa, Marina y Seguridad y Protección Ciudadana, el Gobierno que encabeza Claudia Sheinbaum adelanta visos de que la militarización continuará como estrategia central para la pacificación de Sinaloa sin marcha atrás en los operativos que durante dos años realizaron mayor labor de persuasión que de sujeción en la narcoguerra. Es decir, lo que resta de la confianza social puesta en lo federal tiene que ver con las decisiones que el domingo dé a conocer aquí la Mandataria nacional para atender las crisis social y económica.
Es posible que en la visita del próximo fin de semana la Presidenta avale el Plan de Seguridad Pública y Gobernabilidad en que han trabajado la Gobernadora Graciela Domínguez y funcionarios del Gobierno Federal. De éste resulta predecible que el combate a la violencia no varíe del esquema de tantos soldados como las circunstancias lo requieran, sin embargo, ¿qué hay para la reconstrucción del tejido social zurciendo los hilos legítimos rotos por la delincuencia?
Será difícil esperar un viraje en la táctica de a más violencia mayor fuerza pública como determinación que fue reforzada ayer cuando el Secretario Omar García Harfuch dedicó gran parte de su actividad en plataformas digitales a refrendar la llegada de nuevos contingentes castrenses, situando a Mazatlán como centro de operaciones. Temprano anunció la remesa de 800 efectivos a Mazatlán y más tarde agregó mil militares ampliando el radio de cobertura al centro y sur del estado.
Si algo trascendente ocurre en la víspera de que Sheinbaum llegue a Sinaloa tiene que ver con la colocación del tema estatal en la estrategia nacional de seguridad pública. García Harfuch ventiló en la red social X la reunión sostenida por la mañana del 15 de septiembre en la Ciudad de México en la cual participaron él y los secretarios de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, y de Marina, Raymundo Pedro Morales, con el propósito de “reforzar la presencia institucional y emplear todas las capacidades del Estado para garantizar la seguridad, preservar el orden y proteger a la población sinaloense”.
Esto significa que lo que sobrevive de la expectativa de que Palacio Nacional le entre de lleno a reinstalar condiciones de legalidad y gobernabilidad en Sinaloa depende no tanto de la ofensiva gubernamental contra las facciones del narco en pugna, sino de las medidas para la recuperación económica, atención a víctimas y programas específicos tendientes a que la educación, recreación, cultura y valores empujen la nueva era de civilidad proyectada a largo plazo.
Sheinbaum posee el diagnóstico que establece que la devastación causada en Sinaloa por la violencia exacerbada y prolongada dejará de ser tragedia colectiva cuando se ataquen las causas, de raíz, partiendo de reconocer los menoscabos. Sabe que es verídico, palpable, el desastre y que en sus manos está la labor de armado de la alianza entre el régimen denominado Cuarta Transformación y la sociedad sinaloense en general, edificada sobre cimientos de confianza compartida. Supongamos que la única posibilidad de combatir a la delincuencia que colisiona como nunca antes sea el desplazamiento de más tropas hacia zonas como Culiacán, Mazatlán y Escuinapa, pero lo que se espera de ella es que derive apoyos del gobierno para atender los otros colapsos.
No debiera constituir enigma la acción que la Presidenta dirija a Sinaloa si la voluntad por corregir la barbarie se sitúa por encima de la costumbre de maquillar la pesadumbre como placebo que empeora la apreciación de gobierno disminuido. Al contrario, el arribo a esta región caliente de quien fue legitimada como apagafuegos de cuanta lumbre haya en el País tendría que garantizarnos que acabará el infierno nuestro.
Y este es el momento. Cuando los ciudadanos toman la calle para desahogar el sentimiento popular de abandono e indiferencia gubernamental, si en las familias hay desempleos y pérdida del poder adquisitivo, y en el espacio público son pocos los vivos que hacen uso de ellos y muchos los cenotafios que intimidan, no hay duda de que suena la hora en la que el Estado erija los puentes, instale el aparato solidario y genere confianza como fundamentos del salvamento.
Eso es lo que esperamos, Presidenta Sheinbaum, le traiga a Sinaloa cuando venga dentro de cuatro días.
En su regreso, Presidenta,
No venga Usted de turista;
Logre que Sinaloa sienta,
Su presencia de estadista.
Es de honorables reconocer los errores y ofrecer disculpas a los agraviados, tal como procedió ayer el Chef Miguel Taniyama después de convertirse en el “prietito en el arroz” con el desaguisado que cerró la encomiable marcha que el domingo movilizó a auténticos ciudadanos en exigencia de la paz negada durante dos años y contando. Demos por cerrado el episodio pues la amalgama de emociones que develaron la verdadera alma de Culiacán prevalece más allá de traspiés y pruritos, porque la esencia consiste en el anhelo consensuado de un Sinaloa para vivirlo a plenitud sin perder la vida en el intento. Es que todavía nos falta aprender, a todos, cómo manejar los infortunios, miedos y sensación de abandono en el contexto de violencia de nunca acabar. Y quede escrita la moraleja: hasta en el mejor platillo gourmet se puede colar una mosca.