Logros y desacuerdos en la COP-30 sobre el cambio climático
Son muchas las personas, organizaciones y países preocupados por lo que está sucediendo en todo el mundo con el clima, la contaminación, la deforestación, la pérdida de la biodiversidad, la cada vez mayor escasez de agua dulce y la constante pérdida de la capacidad de producción de alimentos para los casi 8 mil millones de personas en el mundo, que dependen de la salud de este planeta y que cada día se deteriora más con el calentamiento y acidificación de los mares, el deshielo de los polos y glaciares, la desaparición de especies, el incendio y la tala de montes y selvas y, sobre todo, porque miles de personas, las más vulnerables por su pobreza, mueren víctimas de este desorden en el clima.
Hace 10 años, en 2015, se lograron por primera vez compromisos internacionales en los llamados Acuerdos de París, para detener la contaminación del medio ambiente, acordando que los países se comprometieran a reducir sus emisiones de gases y sustancias de efecto invernadero y que para fines de este siglo, el incremento de la temperatura fuera de menos de 2 grados sobre la que se tenía antes de la llamada “revolución industrial” y que para 2050 fuera de menos de 1.5 grados; sin embargo, todo indica que, aún y cuando se cumplieran esos compromisos, la temperatura para fines de siglo se incrementará entre 2.3 y 2.5 grados.
Los grandes países industrializados no se han sujetado al cumplimiento de los Acuerdos de París, no sólo en cuanto a disminuir la emisión de gases de efecto invernadero, sino que tampoco quieren aportar recursos para los planes de control y disminución de la contaminación, además, han continuado con la utilización de combustibles fósiles y, como expone el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, “...los gobiernos, por su incapacidad para limitar el calentamiento, están cautivos por los intereses del petróleo, el gas y el carbón”; pero además, los gobiernos se han desatendido en la generación de energías limpias.
Estados Unidos, con Trump a la cabeza, no sólo no cree en el cambio climático sino que ha abandonado los Acuerdos de París a pesar de las inusitados y tremendos ciclones y tormentas que han golpeado a su país, ni por los deshielos en Alaska, el Polo Norte y los glaciares, tampoco parece percatarse de las sequías e inundaciones que constantemente tiene la población, y es que, simplemente quiere seguir conservando y aumentando su estructura empresarial y sus recursos petroleros.
En esta tesitura se llevó a cabo la Conferencia Anual de Cambio Climático de las Naciones Unidas, la COP-30 en Belem do Pará, Brasil, en la Amazonia, en la que los casi 200 países debieron presentar sus nuevos planes nacionales de control del clima y en la que finalmente se logró un acuerdo para crear en la COP un “mecanismo” u “hoja de ruta” para “abandonar los combustibles fósiles y lograr una transición justa hacia una economía verde, en la que se protejan los derechos de todas las naciones” e igualmente elaborar una “hoja de ruta” para alcanzar el acuerdo logrado en la “Cumbre de Líderes”, previa a la celebración de la COP-30, para alcanzar los 1.3 billones de dólares como meta de financiamiento de los planes y actividades para el mejoramiento del clima.
Como se aprecia, si los acuerdos nacionales para eliminar los combustibles sólidos han sido muy complicados, más lo es el obtener el financiamiento no sólo para desarrollar las nuevas fuentes de energía verde, sino para subsanar los daños que ya se tienen, sobre todo en los países de escasos recursos en África, Asia y América Latina.
Se desconoce a qué se comprometió México en cuanto a las aportaciones para el financiamiento mencionado, pero en cuanto a su compromiso en el Acuerdo de París en su Contribución Determinada Nacional (NDC), para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, México a través de la Semarnat en la tercera edición de su NDC 3.0, se ha comprometido a adoptar una meta absoluta de reducción de todos los gases de efecto invernadero para 2035, en “dos posibles rangos: 1. Meta condicionada de 332-363 millones de toneladas de dióxido de carbono, si se cuenta con financiamiento externo, o 2. Meta no condicionada de 364-404 millones de toneladas de CO2, sin necesidad de apoyo internacional”.
Un problema que tiene México es que, en sus informes sobre uso de combustibles limpios, consideró al uso de gas natural como menos contaminante que aunque genera menos CO2 que el petróleo, produce en cambio gas metano que, según los expertos produce 30 veces más efecto invernadero que el petróleo