López Obrador frente a Estrada y Benítez. Ninguneo y saludo; destierro y validación

Alejandro Sicairos
31 mayo 2022

Asumiendo que el futuro político de los alcaldes del Movimiento Regeneración Nacional depende de cómo los trata el Presidente Andrés Manuel López Obrador, entonces el desdén aplicado a Jesús Estrada Ferrero en Culiacán lo condena a desengancharse de la Cuarta Transformación, y la cortesía de la sonrisa obsequiada a Luis Guillermo Benítez Torres en Mazatlán le refrenda la licencia de impunidad para que siga con un gobierno desastroso. Eso es lo que deja la estela amloísta en Sinaloa, con uno infeliz por el menosprecio y otro hinchado de alegría por la reiteración de la estima.

¿Así de sencillo? Solo si alguien hurgara en lo profundo de lo hosco y lo cortés del Mandatario que dejó una moraleja por cada lugar que pisó en tres días de gira oficial por Sinaloa, podría desentrañar lo íntimo de la mentalidad del tabasqueño que gratifica la lealtad de los suyos aún tratándose de fidelidad incómoda, pero castiga a los alevosos que se aprovechan de la amistad para jugarle chueco a sus programas y principios esenciales.

No todos pueden leer los recónditos sentimientos presidenciales y cualquiera es capaz de deletrear la palpable naturaleza de políticos ahora alicaídos o estimulados al descifrar los guiños que proceden del habitante principal de Palacio Nacional. Los semblantes lo dicen todo: aquí el del rictus triste y el cuerpo encorvado y allá el que hace alarde de la felicidad como perdón a sus dislates. Aquel al exilio político, el otro a la fraternidad de la indulgencia ampliada.

A Estrada Ferreiro le significó algo así como el último clavo de la cruz el hecho de que los mismos grupos sociales que se han manifestado cada vez que López Obrador viene a Sinaloa salieran de nuevo a inconformarse, como son los reclamos de la viudas de policías caídos en el cumplimiento del deber, los culiacanenses que llevaron al Congreso del Estado la demanda de juicio político, así como las personas de la tercera edad y de capacidades diferentes que necesitan de los descuentos en pagos por impuesto predial y consumo de agua potable, que el Alcalde les quiso quitar.

Mientras el jefe del Ejecutivo federal es muy sensible a temas que tienen que ver con los más vulnerables, el Presidente Municipal de Culiacán se aprisionó en iras, rebeldías y testarudeces que lo fueron aislando en el laberinto particular del poder, su poder, del cual ya no pudo salir. Cada día que pasa se torna irreversible el fallo legislativo-judicial para quitarle el cargo y el principal acusador de Estrada es Estrada mismo. Aquí se trata, sin lugar a dudas, de un choque de emociones.

Y la dignidad que debiera corresponderle al abogado que libró episodios plausibles en la lucha ciudadana la fue gastando en sketches infortunados que acumulados con los desapegos a la ley le dieron forma al expediente de la ineptitud. A Estrada se le somete al juicio de procedencia por causales que en un 50 por ciento son insultos lanzados contra instituciones y autoridades y la otra mitad la constituyen delitos en materia de derechos humanos, uso indebido de la función pública y traición a los programas sociales de López Obrador.

En el lado opuesto juega el afecto que el Presidente le sostiene al Alcalde de Mazatlán, sin que ello signifique la charola de impunidad para que Luis Guillermo Benítez Torres libre el procedimiento que le pueda abrir el Congreso en caso de calificar para que también vaya a juicio político. Es probable que muchos se queden con la finta de las fotos de la reciente gira de AMLO en Sinaloa, donde aparece hablándole al oído a “El Químico” mientras éste suelta la carcajada, pero en la candidez está la trampa.

Benítez Torres tiene la caparazón más resistente. Acaba de salir de viaje todo pagado gastándose un millón de pesos en ocho suites de negocios del Tianguis Turístico de Acapulco, en medio del escándalo de las luminarias caras y opacas que le investiga la Auditoría Superior del Estado, los ganones del caso Nafta que le quieren cobrar más de los 142 millones que ya les dio el Ayuntamiento, el expediente que integra el Movimiento Amplio Social Sinaloense para que la 64 Legislatura le instaure juicio político, y las manifestaciones de colonos cuyas casas quedan asifixiadas por las torres de departamentos que son construidas al margen de la regla.

Pero en sus estrategias de comunicación le sacó jugo a la situación ventajosa que él vive en comparación con su homólogo de Culiacán. “El Químico” sí fue invitado a la actividad de supervisión que el Presidente realizó el sábado en la Presa Picachos y eso lo capitalizó como oro molido para tumbarse por unos momentos la percepción mazatleca que poco a poco lo recluye en el rincón destinado a la frivolidad y la vida dispendiosa a costa del erario municipal.

¿Le alcanzará a Benítez Torres el gesto correctamente político que le brinda el Presidente, para librar las posibles sanciones a sus actos, decisiones y negligencias que van en contra de la ley? Nomás que no olvide que antes Estrada Ferreiro era uno de los alcaldes predilectos de López Obrador.

Lo que López les vino a notificar,

Es que a él no le importa nada,

Si le cortan la barba a Estrada,

Y la de Benítez echan a remojar.

Con la promesa del Presidente López Obrador de no injerencia en un asunto que les corresponde resolver a las instancias locales, que en sí representa el voto de confianza plena que el Mandatario nacional le otorga al Gobernador Rubén Rocha Moya, la Comisión Instructora de la 64 Legislatura prepara el resolutivo final del juicio político que a su vez será aleccionador para servidores públicos que sientan que al transgredir el Estado de derecho tendrán en la cabecera sus “santos” milagrosos en la 4T que vendrán a salvarlos a cambio de veladoras o padrenuestros. Aquí sí ni Malverde les salvará el pellejo.