El Centinela
12 enero 2026

Hay bolsos que cargan más que llaves y maquillaje. Algunos arrastran discursos completos. La directora de Gestión Social del Gobierno de Sinaloa, Siomara Morales Báez, decidió posar en Instagram con uno de esos: una mini bolsa Yves Saint Laurent valuada en 57 mil 645 pesos, casi tres veces su ingreso mensual neto. El detalle que terminó de redondear la escena fue el intento de ocultar el logotipo con un emoji, como si tapar la marca pudiera borrar el mensaje.

Pero ocurrió lo contrario. El emoji no disimuló nada: encendió la lupa pública. Porque cuando una funcionaria que gana 25 mil pesos mensuales, unos 19 mil libres, presume un accesorio de lujo, la pregunta no es de moda, es política. Y es ética.

La ironía es pesada. Morales Báez no ocupa cualquier cargo: su función es ser enlace entre “las necesidades del pueblo” y el Gobernador Rubén Rocha Moya. Es decir, conoce de primera mano historias de desempleo, de familias que estiran la comida, de colonias donde la dignidad se administra por turnos. Y aun así, decidió exhibir un lujo que no cabe en ese paisaje.

Morena repite como mantra que no puede haber Gobierno rico con pueblo pobre. En Sinaloa, al menos en Instagram, el lema parece opcional. Aquí, la encargada de “contactar con el pueblo” se da gustos que para la mayoría de los sinaloenses no son aspiracionales, sino insultantes.

No se trata de fiscalizar clósets ni de imponer votos de pobreza. Se trata de sensibilidad política, esa que tanto presume el discurso y tan poco aparece en los hechos. Cuando el servicio público se convierte en vitrina, el problema no es la bolsa, es el vacío de criterio.

Lo verdaderamente increíble no es el precio del accesorio, sino la incapacidad reiterada de los funcionarios del Gobierno de Rocha Moya para sostener un perfil acorde a lo que pregonan. Pareciera que el poder les pesa menos que la tentación de presumirlo. Y en un estado golpeado por la desigualdad, ese exhibicionismo no es ingenuo: es provocación.

Porque mientras el pueblo carga carencias, algunos servidores públicos exhiben lujos. Y luego se preguntan por qué el discurso ya no convence.

En Choix, gobernar no sólo es un honor, también es un negocio que rinde frutos crecientes.

Para 2026, el salario mensual de la Alcaldesa alcanzará los 111 mil 879 pesos, una cifra que confirma que, al menos en el Palacio Municipal, la inflación no sólo se resiente, se supera.

En apenas unos años, el sueldo del Presidente Municipal pasó de 77 mil a más de 111 mil pesos mensuales, un ritmo de crecimiento que muchos ciudadanos sólo pueden soñar... o envidiar desde la informalidad, el subempleo o el salario mínimo.

Pero claro, la austeridad siempre aplica mejor hacia abajo.

El tabulador oficial respalda el incremento, porque cuando algo está en un documento aprobado por el Cabildo deja automáticamente de ser cuestionable, aunque la lógica social se quede esperando.

Su sueldo base anual supera el millón 342 mil pesos, sin contar prestaciones, gratificaciones y demás beneficios que adornan el cargo. Porque administrar uno de los municipios con mayores carencias de Sinaloa exige sacrificios... especialmente económicos, pero del erario.

Y si el salario no fuera suficiente, el despacho de la Presidencia Municipal cuesta más de 6.7 millones de pesos al año. Asesores, chofer, gasolina, viajes y difusión social: gobernar es caro, sobre todo cuando se gobierna desde arriba.

Mientras tanto, casi 549 millones de pesos del presupuesto municipal se van a nómina y servicios personales.

Una cifra que invita a pensar que en Choix el principal servicio público sigue siendo mantener bien pagado al Gobierno.

Tuvieron que haberlo visto, desde la Lomita hasta la Plaza Álvaro Obregón, desfilando van los muchachones de Morena con ese fervor patriótico como cuando estaban en la primaria, con pancartas y hasta altavoces para realizar una marcha.

Pero no vamos a echar a todos en el mismo costal, porque existe otro grupo de personas que forman el Frente Antiimperialista de Sinaloa con quien no tenemos bronca.

Ay, pero esos de Morena, les decimos, los hubieran visto en esa movilización, que clamaban por levantar la bandera de la soberanía nacional, reclamos a las más razas del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, pero enredándose en su misma lengua, al defender la legitimidad del Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Nos hizo recordar aquel video del Senador Fernández Noroño tras su viaje a Israel, llorando a moco tendido por la falta de estado de derecho y de abandono del Gobierno, como si el México que gobierna Morena fuera un ejemplo a seguir.

La verdad es que no estamos en contra de que se marche, por la razón que se crea y quiera, eso es totalmente justificable para las organizaciones, incluso el magisterio, que se manifiesten contra la retórica belicista de Trump, ya que en los testimonios de la marcha existió un temor fundado en Culiacán y de que una intervención militar estadounidense actúe de manera indiscriminada, cobrando la vida de familias inocentes bajo el pretexto de combatir al narcotráfico.

Pero lo que nubla la coherencia de este movimiento es su empeño en victimizar a Maduro, mientras exigen que Trump se ocupe de sus propios problemas de adicción y vivienda en Estados Unidos, los manifestantes locales parecen ignorar la crisis que ha consumido a Venezuela.

Eso sin criticar lo que sucede en México bajo la administración morenista y no se diga de la guerra que nos atormenta en Sinaloa... pero no, contra esas “nimiedades” no se marcha.

En conclusión, la marcha puso el grito en el cielo por la soberanía de México y la seguridad ante las amenazas externas.

No obstante, la manifestación pierde fuerza moral al intentar vender como un acto de justicia la defensa de un régimen que ha dejado a su propio pueblo en la precariedad.

Esta situación es como intentar reparar la cerca de tu casa para que no entre el vecino abusivo, mientras aplaudes que el vecino de enfrente tenga su casa cayéndose a pedazos sobre su familia.

Hay bolsos que cargan más que llaves y maquillaje. Algunos arrastran discursos completos. La directora de Gestión Social del Gobierno de Sinaloa, Siomara Morales Báez, decidió posar en Instagram con uno de esos: una mini bolsa Yves Saint Laurent valuada en 57 mil 645 pesos, casi tres veces su ingreso mensual neto. El detalle que terminó de redondear la escena fue el intento de ocultar el logotipo con un emoji, como si tapar la marca pudiera borrar el mensaje.

Pero ocurrió lo contrario. El emoji no disimuló nada: encendió la lupa pública. Porque cuando una funcionaria que gana 25 mil pesos mensuales, unos 19 mil libres, presume un accesorio de lujo, la pregunta no es de moda, es política. Y es ética.

La ironía es pesada. Morales Báez no ocupa cualquier cargo: su función es ser enlace entre “las necesidades del pueblo” y el Gobernador Rubén Rocha Moya. Es decir, conoce de primera mano historias de desempleo, de familias que estiran la comida, de colonias donde la dignidad se administra por turnos. Y aun así, decidió exhibir un lujo que no cabe en ese paisaje.

Morena repite como mantra que no puede haber Gobierno rico con pueblo pobre. En Sinaloa, al menos en Instagram, el lema parece opcional. Aquí, la encargada de “contactar con el pueblo” se da gustos que para la mayoría de los sinaloenses no son aspiracionales, sino insultantes.

No se trata de fiscalizar clósets ni de imponer votos de pobreza. Se trata de sensibilidad política, esa que tanto presume el discurso y tan poco aparece en los hechos. Cuando el servicio público se convierte en vitrina, el problema no es la bolsa, es el vacío de criterio.

Lo verdaderamente increíble no es el precio del accesorio, sino la incapacidad reiterada de los funcionarios del Gobierno de Rocha Moya para sostener un perfil acorde a lo que pregonan. Pareciera que el poder les pesa menos que la tentación de presumirlo. Y en un estado golpeado por la desigualdad, ese exhibicionismo no es ingenuo: es provocación.

Porque mientras el pueblo carga carencias, algunos servidores públicos exhiben lujos. Y luego se preguntan por qué el discurso ya no convence.

En Choix, gobernar no sólo es un honor, también es un negocio que rinde frutos crecientes.

Para 2026, el salario mensual de la Alcaldesa alcanzará los 111 mil 879 pesos, una cifra que confirma que, al menos en el Palacio Municipal, la inflación no sólo se resiente, se supera.

En apenas unos años, el sueldo del Presidente Municipal pasó de 77 mil a más de 111 mil pesos mensuales, un ritmo de crecimiento que muchos ciudadanos sólo pueden soñar... o envidiar desde la informalidad, el subempleo o el salario mínimo.

Pero claro, la austeridad siempre aplica mejor hacia abajo.

El tabulador oficial respalda el incremento, porque cuando algo está en un documento aprobado por el Cabildo deja automáticamente de ser cuestionable, aunque la lógica social se quede esperando.

Su sueldo base anual supera el millón 342 mil pesos, sin contar prestaciones, gratificaciones y demás beneficios que adornan el cargo. Porque administrar uno de los municipios con mayores carencias de Sinaloa exige sacrificios... especialmente económicos, pero del erario.

Y si el salario no fuera suficiente, el despacho de la Presidencia Municipal cuesta más de 6.7 millones de pesos al año. Asesores, chofer, gasolina, viajes y difusión social: gobernar es caro, sobre todo cuando se gobierna desde arriba.

Mientras tanto, casi 549 millones de pesos del presupuesto municipal se van a nómina y servicios personales.

Una cifra que invita a pensar que en Choix el principal servicio público sigue siendo mantener bien pagado al Gobierno.

Tuvieron que haberlo visto, desde la Lomita hasta la Plaza Álvaro Obregón, desfilando van los muchachones de Morena con ese fervor patriótico como cuando estaban en la primaria, con pancartas y hasta altavoces para realizar una marcha.

Pero no vamos a echar a todos en el mismo costal, porque existe otro grupo de personas que forman el Frente Antiimperialista de Sinaloa con quien no tenemos bronca.

Ay, pero esos de Morena, les decimos, los hubieran visto en esa movilización, que clamaban por levantar la bandera de la soberanía nacional, reclamos a las más razas del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, pero enredándose en su misma lengua, al defender la legitimidad del Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Nos hizo recordar aquel video del Senador Fernández Noroño tras su viaje a Israel, llorando a moco tendido por la falta de estado de derecho y de abandono del Gobierno, como si el México que gobierna Morena fuera un ejemplo a seguir.

La verdad es que no estamos en contra de que se marche, por la razón que se crea y quiera, eso es totalmente justificable para las organizaciones, incluso el magisterio, que se manifiesten contra la retórica belicista de Trump, ya que en los testimonios de la marcha existió un temor fundado en Culiacán y de que una intervención militar estadounidense actúe de manera indiscriminada, cobrando la vida de familias inocentes bajo el pretexto de combatir al narcotráfico.

Pero lo que nubla la coherencia de este movimiento es su empeño en victimizar a Maduro, mientras exigen que Trump se ocupe de sus propios problemas de adicción y vivienda en Estados Unidos, los manifestantes locales parecen ignorar la crisis que ha consumido a Venezuela.

Eso sin criticar lo que sucede en México bajo la administración morenista y no se diga de la guerra que nos atormenta en Sinaloa... pero no, contra esas “nimiedades” no se marcha.

En conclusión, la marcha puso el grito en el cielo por la soberanía de México y la seguridad ante las amenazas externas.

No obstante, la manifestación pierde fuerza moral al intentar vender como un acto de justicia la defensa de un régimen que ha dejado a su propio pueblo en la precariedad.

Esta situación es como intentar reparar la cerca de tu casa para que no entre el vecino abusivo, mientras aplaudes que el vecino de enfrente tenga su casa cayéndose a pedazos sobre su familia.