Más calor para Culiacán, cortesía de Costco

Alberto Kousuke De la Herrán Arita
26 abril 2026

En Culiacán, el calor no sólo se siente, se construye. Se acumula en el concreto, se refleja en los parabrisas, se queda atrapado entre avenidas sin árboles. No es casualidad que cada verano parezca más intenso que el anterior. La ciudad, como muchas otras en América Latina, ha ido reemplazando sombra viva por superficies duras, y con ello ha modificado su propio clima a escala local.

La historia es sencilla, pero sus consecuencias son profundas. Donde antes había suelo natural o vegetación, ahora hay planchas de asfalto y concreto. Donde había árboles capaces de interceptar radiación solar y enfriar el aire mediante evapotranspiración, ahora hay estacionamientos abiertos que absorben calor durante el día y lo liberan lentamente por la noche. Este fenómeno, conocido como isla de calor urbana no es algo abstracto, es una experiencia cotidiana para cualquier persona que camina en Culiacán a mediodía.

Los árboles funcionan como infraestructura climática. No sólo dan sombra; también enfrían el aire al liberar vapor de agua, reducen la temperatura superficial del suelo y mejoran la circulación del aire. Cuando se talan para ampliar calles o crear estacionamientos, se elimina ese sistema natural de regulación térmica. En su lugar, el concreto puede alcanzar temperaturas superiores a los 50°C bajo el sol directo, irradiando calor hacia el entorno y elevando la temperatura ambiental varios grados.

Este proceso no es aislado. Responde a una lógica urbana centrada en el automóvil (más coches implican más espacio para estacionarse, y más espacio para estacionarse implica menos espacio para árboles). Así, la ciudad se adapta al vehículo, pero no al cuerpo humano.

Un ejemplo reciente ilustra esta tendencia. En Culiacán, la tienda Costco planea ampliar su capacidad de estacionamiento en un terreno contiguo, con el objetivo de ofrecer mayor comodidad a sus clientes. A primera vista, parece una mejora funcional. Sin embargo, desde una perspectiva ambiental y de salud pública, plantea una pregunta más incómoda: ¿a qué costo térmico y ambiental?

Cada nuevo cajón de estacionamiento es, en esencia, una pequeña fuente de calor. Multiplicados por cientos, estos espacios se convierten en superficies que intensifican la temperatura local. El resultado es un microclima hostil con zonas donde la sensación térmica puede ser significativamente mayor que en áreas arboladas cercanas.

Las consecuencias para la salud son bien conocidas. El calor extremo incrementa el riesgo de deshidratación, agotamiento por calor y golpes de calor, especialmente en niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. También se ha asociado con un aumento en eventos cardiovasculares y una disminución en la calidad del sueño. En ciudades como Culiacán, donde las temperaturas ya son elevadas de forma natural, estas modificaciones urbanas amplifican un riesgo preexistente.

La alternativa a una plancha de concreto no es la ausencia de infraestructura, sino una mejor infraestructura.

Un estacionamiento verde es una solución viable y cada vez más adoptada en ciudades que buscan adaptarse al cambio climático. En lugar de superficies completamente impermeables, se utilizan pavimentos permeables que permiten la infiltración de agua y reducen la acumulación de calor. Se integran árboles en hileras estratégicas, proporcionando sombra directa a los vehículos y al pavimento. Se pueden instalar cubiertas vegetales o estructuras con paneles solares que, además de generar energía, crean sombra. Incluso el diseño puede incluir jardines de lluvia que capturen escorrentías y contribuyan al enfriamiento del entorno.

Imaginemos, por un momento, que el nuevo estacionamiento de Costco en Culiacán no fuera una extensión de asfalto, sino un espacio híbrido con árboles nativos en cada cajón, superficies claras y permeables, sombra estructural y captación de agua. No solo reduciría la temperatura local, sino que mejoraría la experiencia del usuario, disminuiría el estrés térmico y contribuiría a la resiliencia urbana.

La diferencia entre una plancha de concreto y un estacionamiento verde no es solo estética. Es la diferencia entre amplificar el problema o empezar a resolverlo.

En una ciudad donde el calor define la vida cotidiana, la sombra no es un lujo: es infraestructura esencial. Y cada decisión urbana, cada árbol que se tala o se conserva, cada metro cuadrado de concreto que se vierte, es en última instancia, una decisión sobre la salud de quienes la habitan.