Matrimonios entre mazatlecos y ucranianas
A partir de la invasión rusa en Ucrania en el año 2022, este país ha tenido uno de los más grandes flujos migratorios del Siglo 21. Según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), se estima que hay más de 6 millones de refugiados ucranianos que se encuentran fuera de su país, principalmente en otras naciones de Europa occidental.
Debido a las restricciones de salida impuestas a los varones durante la guerra, una proporción importante de ese éxodo está integrada por mujeres, niños y adultos mayores, lo que ha provocado serios impactos sociales como la separación familiar, envejecimiento de su población, baja natalidad, y escasez de mano de obra en ciertos sectores económicos.
México nunca ha sido un destino tradicional para la migración ucraniana. Hasta hace pocos años, la presencia de ciudadanos de aquel país era apenas perceptible. Sin embargo, la guerra modificó este panorama. En el censo de población del Inegi del año 2020, tan sólo se tuvo registro de 713 nacidos en aquel país, pero entre los años 2022 y 2024, el Instituto Nacional de Migración registró el ingreso de más de 70 mil ciudadanos ucranianos, aunque la mayoría utilizó el País como ruta hacia Estados Unidos.
Entre quienes eligieron (o tuvieron que) permanecer en México se encuentran mujeres con altos niveles de educación escolar. Algunas trabajan como profesoras, investigadoras, médicas, ingenieras, etc. Sin embargo, muchas han enfrentado dificultades para validar sus títulos profesionales y se emplean en el sector servicios, ya sea en hotelería, aerolíneas o cruceros turísticos internacionales.
El sector de cruceros turísticos ha sido uno de los principales espacios de encuentro entre estas dos nacionalidades. La tripulación con frecuencia está integrada -además de ucranianos- por filipinos, rumanos, colombianos y mexicanos, muchos de ellos mazatlecos. Y en ese contexto, las relaciones amorosas son inevitables.
Hace apenas unos días, un medio impreso local dio a conocer la historia de Yuliia Yushyna, una joven ucraniana que se estableció en el puerto tras haber conocido a su novio mazatleco precisamente trabajando en un crucero. Pero esa no es la única historia de amor que he conocido entre un mazatleco y una ucraniana. Justo ahora tengo como alumna en la UAS a Svitlana Kovalik, quien también se estableció en Mazatlán, después de conocer a su esposo trabajando ambos también en un crucero turístico. Y antes de ella conocí a Kateryna quien conoció a su novio mazatleco de igual manera.
Hace una década, era poco común encontrar en Mazatlán una pareja formada por un mazatleco y una mujer nacida en Ucrania. Hoy, sin embargo, estas historias son cada vez más visibles. Algunas comenzaron en cruceros turísticos, pero otras nacieron en redes sociales, en hoteles o restaurantes.
Sin embargo, estas uniones también enfrentan desafíos particulares. Los choques culturales suelen manifestarse en las relaciones familiares, las expectativas sobre el matrimonio o la crianza de los hijos. Lo que para una cultura resulta natural, para la otra puede parecer extraño.
A pesar de ello, muchas de estas parejas encuentran en la diferencia una fuente de enriquecimiento mutuo, la teoría de “complemento de necesidades” lo explica: los mazatlecos descubren nuevas formas de entender la disciplina, la educación y la historia europea. Las mujeres ucranianas, por su parte, encuentran una sociedad caracterizada por una fuerte vida comunitaria y familiar.
En Mazatlán, donde el turismo y la migración ha conectado a personas de distintas nacionalidades, estas historias son una muestra de que los desplazamientos también tienen un rostro humano. Detrás de las estadísticas existen proyectos de vida compartidos, familias binacionales, y niños que crecen entre dos culturas.
Probablemente dentro de algunos años estas parejas dejarán de llamar la atención porque serán parte habitual del paisaje de nuestra ciudad. Entonces entenderemos que la migración también crea nuevas familias, incluso en tiempos de guerra e incertidumbre.
Es cuanto...