Mazatlán necesita ordenar su futuro
Mazatlán ha cambiado a una velocidad que parece haber rebasado la capacidad de sus autoridades para planear su crecimiento. La ciudad que durante décadas se distinguió por sus playas, su centro histórico y su vocación turística enfrenta hoy problemas complejos que requieren atención a largo plazo.
Los problemas están a la vista de todos: los socavones que aparecen en el malecón, vialidades congestionadas, la erosión costera, los baches, las deficiencias del drenaje, los problemas de movilidad, construcciones irregulares, invasión de áreas naturales, inseguridad. Todas estas son manifestaciones de una ciudad que debe responder a nuevas exigencias.
A todo esto, se suma el cambio climático. Una ciudad costera como Mazatlán necesita prepararse para enfrentar riesgos asociados con lluvias intensas, inundaciones y otros fenómenos que pueden afectar tanto a las viviendas como a la infraestructura pública.
Lo preocupante es que algunos de estos problemas no necesariamente eran imprevisibles. El especialista, investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Ramón Peraza, había advertido hace años sobre situaciones que hoy observamos en Mazatlán, particularmente los problemas relacionados con los socavones y la erosión costera.
¿Cuánto de lo que hoy padecemos pudo haberse prevenido si hubiéramos prestado mayor atención a las advertencias de los académicos?
En ocasiones, los gobiernos convocan a especialistas cuando el problema ya se presentó, cuando la infraestructura ha colapsado o cuando la presión social obliga a encontrar una respuesta inmediata. Sin embargo, la función de la academia no debería limitarse a explicar las causas de los daños después de que ocurren. Su mayor aportación consiste en ayudar a identificarlos anticipadamente y proponer soluciones sustentadas en investigación científica.
Mazatlán cuenta con académicos e investigadores que estudian el territorio, el desarrollo urbano, la economía, el turismo, la movilidad, el medio ambiente y los fenómenos sociales. Ese conocimiento representa un recurso humano que tendría que aprovecharse de manera sistemática.
Ahora bien, un plan de desarrollo urbano con perspectiva de largo plazo debería también tener una atención igualmente estratégica para la zona rural del municipio. Con frecuencia, cuando hablamos del desarrollo de Mazatlán, pensamos casi exclusivamente en la franja turística; los hoteles, los restaurantes y los nuevos desarrollos inmobiliarios. Sin embargo, el municipio es mucho más que su zona costera.
Las comunidades rurales también requieren infraestructura, servicios públicos, caminos adecuados y oportunidades para desarrollar sus actividades productivas. Necesitan condiciones para que sus habitantes puedan permanecer en sus lugares de origen si así lo desean, sin que la falta de oportunidades los obligue a trasladarse a la ciudad.
Mazatlán tiene condiciones para consolidarse como un destino turístico competitivo a nivel internacional y, al mismo tiempo, como una ciudad habitable, incluyente y ambientalmente responsable. Pero para ello se requiere ordenar su futuro, y escuchar a los especialistas nos permitirá actuar antes de que las advertencias se conviertan en emergencias.
Es cuanto...