Mazatlán: ¿violencia y apogeo turístico?
Decir la verdad a mazatlecos y turistas
Hay dos realidades que se confrontan en Mazatlán, una que habla de la llegada de 2.8 millones de turistas en el actual período vacacional de verano y otra que da cuenta de violencia irrefrenable hasta con cinco homicidios dolosos diarios, que ponen a lugareños y visitantes entre la espada del miedo y la pared del alto riesgo al determinar si continúan o suspenden sus actividades de descanso y diversión. Iguales dilemas deben enfrentar las autoridades estatales y municipales, al hallarse en la encrucijada de decir la verdad para proteger a los ciudadanos o alterar los datos con tal de motivar la reactivación de la economía del sur de Sinaloa.
Este miércoles la crisis de la seguridad pública volvió a estremecer a los mazatlecos y puso en duda los planes de los turistas que habían determinado pasar estos días de intenso calor en la Perla del Pacífico. La disyuntiva no es fácil: correr los peligros de trayectos y estadías donde el crimen puede actuar en el lugar y hora menos pensados, o bien desbaratar itinerarios planeados durante meses para disfrutar el principal paraíso sinaloense de sol y playa.
La relatoría de nota roja del 22 de julio comunicó de ataques de grupos armados extendidos a la comunidad de El Habal, un poblado ubicado a 13 kilómetros al norte de Mazatlán que forma parte del menú gastronómico ofrecido a turistas, así como la secuencia de asesinatos en diferentes puntos de una ciudad que se supone blindada con el despliegue de soldados, marinos, guardias nacionales y elementos de las policías estatal y federal.
Paralelamente, la Secretaría de Turismo del Gobierno del Estado, a través de la Subsecretaria de Promoción y Operación Turística, Michelle Aguilar Ramos, daba cuenta de una ocupación hotelera que roza el 73 por ciento como resultado de los 2.8 millones de paseantes que llegarán este mes y parte de agosto para cubrir el 81 por ciento de la oferta de hospedaje. Es decir, Mazatlán registra una buena temporada alta, sin mayores contratiempos.
En caso de que ambas cosas estén sucediendo a la vez, entonces la inseguridad deja de ser un problema en el objetivo de alcanzar el boom turístico. Estaríamos ante un comportamiento extraño de la economía regional en el cual el resto de la planta productiva estatal está afectada por la guerra de casi dos años entre organizaciones del narcotráfico, pero atípicamente la industria sin chimeneas vive una coyuntura excepcional.
Lo contrario sería que no esté ocurriendo la recuperación del ramo turístico y sí cobre fuerza y víctimas la acción delincuencial, y que surja la emergencia de que el gobierno lo informe con estricto sentido de fidelidad a la realidad, antes de que Mazatlán resulte remarcado en los warning nacionales e internacionales al agregarse más turistas a la ya deplorable lista de víctimas de homicidios dolosos y privaciones ilegales de la libertad. Es de elemental protección hablarle con la verdad a los que nos visitan o que están por venir a la tierra de venados.
Los sinaloenses llevamos más de 22 meses exigiendo seguridad para todos. Que estemos tranquilos quienes vivimos aquí, los que viajan a disfrutar del edén de los once ríos y las empresas que de manera lícita promueven el desarrollo que genera empleos y dispersa buenas oportunidades. Eso no está en tela de duda. Sin embargo, no lo hemos logrado y la evidencia de más de 3 mil 500 muertes violentas y 4 mil personas privadas de la libertad no permite colocarnos vendas fabricadas con las cuentas alegres oficiales.
Algo funciona mal y convoca a ser realistas con ánimo para detectar y corregir lo que falla. El hecho de cerrar los ojos e imaginar la pacificación lo único que logra es que ante el balance de las atrocidades por la narcoguerra la resiliencia sea la única aportación social y maquillar el contexto la última batalla que libre el Estado para darnos seguridad pública. Abandonar la coartada de invocar el incremento en la militarización cada vez que el crimen impone el salvajismo.
Tenemos que hacerlo. No quitar el dedo del renglón en el planteamiento de que el Gobierno revise en Sinaloa la estrategia anticrimen; impedir que como sociedad normalicemos la larga embestida delictiva; sacar la verdad como único escudo contra la negligencia que nos presenta todo en calma en medio de fuegos cruzados. Pelear por la paz positiva y permanente que restablezca a Mazatlán dentro de los itinerarios nacionales e internacionales de tranquilidad y esparcimiento.
Y si el balance oficial sobre el delito llegara a convencernos, a hacernos sentir que estamos bien, entonces perderíamos el derecho hasta de lamentarnos cuando la tragedia que ha entrado a miles de hogares toque en las puertas nuestras.
Adoptemos como mejor plan,
La estrategia del no mentir,
Que les ayude a prevenir,
A los que visitan Mazatlán.
Porque los ciudadanos también necesitan de pausas de silencio, para calibrar la mente frente a barbaries que atosigan y con el propósito de permitir que las ideas se acomoden en el casillero del libre albedrío, este ejercicio de análisis aún en fase de aprendizaje no se publicará durante la próxima semana. Nos reencontramos en los espacios de Noroeste el lunes 3 de agosto.