Mecanismos contra la corrupción política. Más allá del género

Omar Lizárraga Morales
12 octubre 2026

Sin duda, la corrupción política es uno de los grandes problemas de nuestro País. El desvío de recursos, los “moches”, los contratos sospechosos, el enriquecimiento inexplicable y las redes de influencia han deteriorado la confianza ciudadana en las instituciones.

En vísperas del proceso electoral de 2027, la discusión sobre este tema adquiere especial relevancia. En Sinaloa, los ciudadanos elegiremos Gubernatura, diputaciones locales y federales, presidencias municipales, entre otros cargos. Ésta será una oportunidad para evaluar tanto a hombres como a mujeres, sobre sus propuestas para enfrentar uno de los problemas más persistentes de la vida pública.

La correlación entre género y corrupción ha despertado el interés de numerosos investigadores. A principios de este siglo, David Dollar y sus colaboradores (2001) en su estudio publicado en el Journal of economic behavior and organization, encontraron una asociación entre una mayor representación femenina en la política y menores niveles de corrupción en determinados contextos. Una de las explicaciones sugeridas era que las mujeres podían mostrar una mayor preocupación por el bienestar colectivo y una menor disposición a involucrarse en prácticas deshonestas.

Sin embargo, la evidencia mexicana muestra una realidad distinta. Otro estudio elaborado por Gustavo Guajardo y Leslie A. Schwindt-Bayer, publicado recientemente en la revista Electoral Studies, analizó casi dos décadas de auditorías municipales para analizar las irregularidades en el manejo de los recursos públicos.

Su conclusión cuestiona la idea de que basta con elegir mujeres para reducir la corrupción, pues los municipios gobernados por mujeres no presentaron menos irregularidades que aquellos encabezados por hombres.

El hallazgo es importante porque nos obliga a mirar más allá de los estereotipos sobre la honestidad femenina. No significa que la participación política de las mujeres sea irrelevante, sino que el género, por sí solo, no garantiza un comportamiento íntegro.

Por eso, la corrupción no se combate confiando ciegamente en la honestidad de las personas, y mucho menos en base a su género, sino construyendo instituciones que reduzcan las oportunidades de actuar deshonestamente.

Durante los próximos meses escucharemos promesas de honestidad, eficiencia, austeridad y combate a la corrupción. Habrá aspirantes que presenten su trayectoria personal como garantía suficiente de que gobernarán correctamente. Otros podrán recurrir a su género o su juventud para construir una imagen de renovación.

Pero los electores tenemos que ir más allá de las apariencias. A quienes aspiren a un cargo de elección, debemos preguntarles cómo piensan prevenir los conflictos de interés, qué harán para transparentar las contrataciones públicas, cómo garantizarán auditorías independientes y qué mecanismos concretos proponen para todo esto.

Para ello, la transparencia adquiere un papel fundamental. No basta con que un gobernante prometa ser honesto o declare que su administración tendrá las manos limpias. La ciudadanía necesita conocer cómo se utilizan los recursos públicos, quiénes reciben los contratos, bajo qué criterios se toman las decisiones y cuáles son los resultados del gasto gubernamental.

Además, se necesitan mecanismos institucionales que limiten la discrecionalidad y eviten que las decisiones públicas dependan exclusivamente de la voluntad personal de quien gobierna. Ningún funcionario debería poder asignar contratos, disponer de recursos, contratar familiares o beneficiar a sus allegados sin sujetarse a procedimientos claros y controles efectivos.

También es indispensable proteger a las organizaciones y periodistas que denuncian actos de corrupción, así como garantizar que los órganos internos de control, responsables de investigarlos, puedan actuar sin presiones políticas.

Finalmente, debemos preguntarles si están dispuestos a rendir cuentas incluso cuando las investigaciones involucren a integrantes de su partido o de su equipo de gobierno.

Es cuanto...