Mensajes ominosos desde Washington

Gerardo López García
12 marzo 2026

Continúan los mensajes ominosos de parte de los Estados Unidos, ahora en el marco de la reunión del llamado “Escudo de las Américas” donde el Presidente Trump se reunió con mandatarios latinoamericanos (entre ellos Javier Milei de Argentina y José Antonio Kast de Chile entre los más relevantes) para declarar la cooperación entre países latinoamericanos y los EUA para “blindar” el hemisferio.

Durante el evento, Trump señaló que “el epicentro de la violencia de los cárteles es México”, con lo que vuelve a reincidir en su narrativa criminalizadora de nuestro país e injerencista al insistir en que le dejen acabar con los cárteles, cosa que, según dice, la Presidenta Sheinbaum se ha negado.

¿Debemos preocuparnos por este mensaje? ¿Es una señal de un próximo operativo militar en territorio nacional por parte de fuerzas estadounidenses?

Me parece que estamos frente a un evento que no tiene a México como principal receptor del mensaje: en primer lugar, el mensaje estaba dirigido a los países del Comando Sur, en su mayoría, países aliados y alineados a los Estados Unidos. Fue un ejercicio de fuerza y presencia frente a sus socios regionales, para hacer notar su posición dominante en el escenario, acción muy fiel al estilo de Trump. Durante el evento hubo varias expresiones que iban en esta línea, como aquella declaración de que no tenía tiempo de “aprender su maldito idioma” (el español).

El otro destinatario de su mensaje es, como siempre, su base votante en suelo estadounidense. Estos desplantes de poder y visceralidad en sus declaraciones y formas de ser también buscan mandar mensaje a su población cautiva de que él es el líder que eligieron precisamente para eso, para poner su país sobre los demás, así sea pisoteando el derecho internacional. En un momento de tensiones internas debido a los archivos de Epstein y un cada vez mayor rechazo a sus campañas militares en el extranjero, la estrategia política de Trump se puede denominar a la inversa de la planteada por Obrador, donde la mejor política interior es la política exterior: la estridencia en el exterior debe servir para fortalecer su posicionamiento en su política nacional.

Aunque México no sea el destinatario último de estos mensajes, ello no significa que el país pueda hacer caso omiso. El guión de que México está lleno de “bad hombres” sigue acumulándose, mientras su imagen internacional continúa deteriorándose. Peor aún, esto ocurre a pocos días de que los bloqueos derivados de la muerte de “el Mencho”, los cuales alcanzaron titulares internacionales y a escasos meses del inicio de la Copa Mundial de Futbol.

Tiene razón la Presidenta cuando dice, en la mañanera del 10 de marzo, que no fue necesaria la presencia de México en ese encuentro y que no es relevante que no se forme parte de lo ahí acordado, ya que México y los EUA tienen sus propios acuerdos. Pero, aunque sea cierto, no significa que sea necesariamente positivo.

En mi texto publicado con motivo de la intervención estadounidense en Venezuela y el secuestro de Maduro, argumenté que en México no se tienen las mismas condiciones que en Venezuela que motiven una intervención estadounidense de esas características, además de que el gobierno mexicano ha respondido afirmativamente a todas las exigencias en materias de seguridad: desde el cambio de la estrategia de “abrazos, no balazos” el cual llegó a su máxima expresión con la muerte de Nemesio Oseguera “El Mencho” con inteligencia estadounidense, la entrega de 37 detenidos presuntamente pertenecientes a los cárteles de las drogas y la militarización de la frontera. El entendimiento entre nuestros países ha consistido básicamente en ceder en todas las presiones estadounidenses en el tema de seguridad, con excepción de la acción militar directa.

Estados Unidos ya demostró que en cualquier momento puede pasar de la retórica a la acción y que puede cumplir sus amenazas de intervención y guerra, de eso no queda duda, y el fenómeno del tráfico de drogas le brinda en su discurso la justificación necesaria para realizar cualquier acción intervencionista en el hemisferio. Por ahora, México tendrá que seguir la ruta impuesta: redoblar esfuerzos en el combate a los grupos de la delincuencia organizada, desmantelar las redes político-delictivas que les brindan protección y esperar que estas acciones sigan sirviendo para apaciguar cualquier tentación de acción militar directa estadounidense en nuestro país.

El autor es analista de seguridad pública, delincuencia organizada y control territorial.