Mexicostone

Pablo Ayala Enríquez
20 febrero 2022

Por alguna extraña razón nunca había aprovechado las promociones que, un día sí y otro también, aparecen en la televisión por cable. Con más suspicacia que convicción le di el sí a Paramount plus, y me puso de frente con una serie de la que alguna vez leí una reseña bastante positiva: Yellowstone.

Con todo y que el actor principal es Kevin Costner, me atrevo a recomendársela porque esta serie de cuatro temporadas, además de entretenida, es sumamente útil para poder comprender todo lo que sucede en nuestro país, cosa que queda fuera del alcance de la mayoría de los medios impresos y noticieros. Me explico.

La serie -integrada por 32 episodios- trata de las muchas peripecias que a lo largo de cuatro generaciones la familia Dutton ha venido haciendo por conservar el territorio del rancho más grande, no solo de Montana, sino de todos los Estados Unidos.

John Dutton -Kevin Costner- es la cabeza de la última generación y el padre de tres hijos bastante disímiles entre sí. Beth -Kelly Reilly-, una chica forjada en el dolor, se parece a su padre en la frialdad con la que toma decisiones asombrosamente difíciles, la manera en que se relaciona con la gente y la lealtad con esa parte que considera su familia. Kayce -Luke Grimes- es un ex seal de la marina estadounidense que volvió de la guerra para instalarse en una reserva indígena de la que son su esposa e hijo pequeño. Y Jamie -Wes Bentley- es un abogado egresado de Harvard que regresó a la profundidad de Montana a sumarse a la misma causa de la familia.

A su modo y con los recursos personales y profesionales que cada uno de los hijos de John Dutton poseen, junto con los vaqueros del rancho, defienden con uñas y dientes cada centímetro de la centenaria propiedad, la cual ha sido y es asechada por los indígenas locales con el fin de ampliar su red de casinos, las empresas inmobiliarias que tratan de hacer en las montañas de la zona el mejor ressort de ski de los Estados Unidos y los vecinos de otros ranchos que, al igual que los indígenas, dicen que los Dutton con el paso del tiempo se fueron apropiando de Yellowstone.

Al ser un drama western, la trama de la historia se da entre corrales, vacas, caballos, praderas, lagos, montañas, botas y sombreros. Destacan los contrastes entre los apacibles paisajes y la frenética violencia en la que se ven metidos los Dutton para defender su propiedad y, a la vez, sortear el paso del tiempo. Y creo que esa es la tarea de vida más importante de John Dutton: evitar que la dinámica de los procesos civilizatorios del Siglo 21, se trague la esencia y valores con los cuales ha venido funcionando el rancho desde hace más de 100 años.

El tipo de peleas y el modo en que las enfrenta, me hicieron caer en cuenta que quien encabeza el rancho Yellowstone y nuestro país, tienen un montón de similitudes que, vistas en detalle, nos permiten entender un poco mejor el momento que atravesamos.

Comenzaré con las similitudes, para luego dar paso a tres diferencias entre John Dutton y López Obrador. Cualquier omisión involuntaria es responsabilidad exclusivamente mía.

Ambos personajes se parecen en su carácter dominante. Amantes del campo, se comportan como machos alfa a los que muy pocos se atreven a desafiar, porque resulta claro cual será la consecuencia de ello. En ninguno de los capítulos que he visto -me faltan solo ocho para acabar los 32- alguien ha salido bien librado después de meterse a las patadas con Dutton.

También son iguales en su obsesión con la cuestión de la lealtad. No importa que sus allegados sean estúpidamente ineptos o brutos de atar; lo verdaderamente importante es que estén dispuestos a dar la vida por el patriarca -de hecho, los vaqueros más cercanos a John llevan marcado en su pecho el fierro del rancho-.

Otra cosa en la que John y Andrés Manuel parecen dos gotas de agua, es en la creencia de que su palabra es la única que vale. Sobran en la trama escenas -y en las mañaneras- momentos donde quienes rodean al patriarca se da cuentan de las barbaridades que dice, limitándose a arquear las cejas y acatar la instrucción dada -en el caso de los Dutton, Beth, la hija, es quien más cuestiona a su padre, pero sin llegar a desobedecerlo-.

También se parecen muchísimo en la visión conservadora y el papel que juega el rancho en la vida de los demás. La pelea de Dutton no es contra el dinero, sino contra el progreso. Así existiera una mina de diamantes en los cimientos de la casa que construyó su bisabuelo, jamás la destruiría porque en ella habita el espíritu de su familia.

El amor por la familia, es algo que también vuelve muy similares a ambos personajes. Las estupideces cometidas por los Duttoncitos, son defendidas a capa y espada por John, aun y cuando sabe que son una acción que nadie en su juicio podría defender -algo similar le pasa a López Obrador en el caso del escándalo de su hijo y su casa gris-.

Dada su perspectiva ultraconservadora de la vida, a diario se meten en problemas para que las cosas funcionen conforme ellos las piensan, imaginan o sueñan. Eso les lleva a actuar con fiereza tope donde tope.

En lo que no se parecen es que John Dutton sí jala el gatillo por cuenta propia y ordena a sus vaqueros que lo hagan cuando es necesario.

Pero hay otra cosa en la que me resultan muy distintos: a Dutton le crees porque es congruente en lo que dice y hace. A Andrés Manuel, visto lo visto, no hay manera de creerle.

Seguramente se me escaparon muchos detalles, por eso le recomiendo que la vea para que usted saque sus propias conclusiones.

Y por no dejar, van unas cuantas preguntas al margen: ¿Qué hace falta para que López Obrador suspenda su pleito con la prensa? ¿Que haya más periodistas muertos? ¿Que termine por amordazarse?