Militancia del PAS en desbandada
Avanza ‘despasitación’ de la UAS
Nada peor le puede ocurrir al Partido Sinaloense en la antesala de un proceso electoral que la fuga de militantes mediante la acelerada desafiliación que registra desde que no tiene el liderazgo de Héctor Melesio Cuén Ojeda ni la Universidad Autónoma de Sinaloa le significa ya el principal bastión de correligionarios. Es la natural migración de simpatías cuando el ciclo vital de organizaciones políticas depende de un solo líder sin base social adherida por convicción.
Con estas siglas en pleno proceso de deserciones se le dificulta al dirigente Robespierre Lizárraga Otero hacer la labor de convencer a otros partidos para que lleven al PAS en sus alianzas, lo que significa un impasse desesperante de resucitación con la mínima prolongación de vida que impida perder el registro en las votaciones del próximo año. Tiene poco que ofrecer, y al paso de las semanas dispondrá de menos, en la circunstancia de coasociado débil.
El mayor desprendimiento de adhesiones ocurre en la UAS al desmantelarse por obra de la pérdida de privilegios la masa de trabajadores y estudiantes que infló el padrón del PAS a niveles exorbitantes. Tal afiliación indiscriminada le causó tanto daño a la casa de estudios que el Gobierno federal la tildó como Universidad-partido e impuso la anulación de tal binomio entre los requisitos para la reingeniería financiera y administrativa.
Ahora la “despasitación” transcurre de manera voluntaria en sentido contrario a la afiliación que fue forzada, amagada. Algo similar viviera el Movimiento Regeneración Nacional si Andrés Manuel López Obrador, su líder moral a ras del mesianismo, estuviera en situación de ausente. Muchos modelos de poder cuyas subsistencias dependen de esquemas personalísimos han concluido en México y el Mundo porque las bases consideran que no hay otros que las guíen hacia algún fin específico.
Esto es lo que coloca al PAS en la vertiente del declive que inició gradualmente después de que a Héctor Melesio Cuén le costara la vida la mala determinación de asistir a la reunión del 25 de julio de 2024 en Culiacán a la cual acudieron también Ismael Zambada García y Joaquín Guzmán Loera, hijo éste de “El Chapo”, desde donde “El Mayo” fue llevado a la fuerza a Estados Unidos y recibiera allá sentencia de cadena perpetua. Y así a lo largo de 2025 y lo que va de 2026 la estampida morada arreció y en la cercanía de la elección del próximo 6 de junio adquiere sorprendente velocidad.
Recientemente Lizárraga Otero blandió la fuerza que le dan 130 mil afiliados y no habló de tal desbandada que es evidente en el partido que en 2012 fundó Cuén Ojeda y actualmente registra el más bajo acopio de simpatías. Aun permaneciendo ese número de adeptos no sería ni la mitad de los 267 mil votos que obtuvo Cuén al competir en 2016 por la Gubernatura de Sinaloa en candidatura común con Movimiento Ciudadano. Lo más deplorable es que al dirigente del PAS no se le ve al lado otra fuerza del mismo partido haciendo la labor de reanimación y es cuestión de que voltee a los lados o cuente a los asistentes a las reuniones que preside y perciba el ocaso de la fuerza política que tuvo buenos tiempos.
De allí deriva el dilema de ir solo a medirse en los comicios cada vez más cercanos o mantener abierta hasta el último minuto la eventualidad de que la coalición de Morena, PVEM y PT, o tal vez la alianza de PRI y PRD, lo conviden a ir de acompañante pese a que en ambos bloques estén conscientes que el PAS les aportaría más ruido que nueces. ¿Cuántos votos les podría ofrecer? Los que sean necesarios para seguir formando parte de la partidocracia y recibir las correspondientes prerrogativas.
Causará sorpresas y suspicacias la característica de que la desafiliación se dé en mayor número en plantillas de maestros y alumnos de algunas unidades académicas de la UAS, aunque esto nada tiene de raro si se trata de la institución de educación superior en la que el pasismo y cuenismo reclutaron a militantes y activistas al tenerlos cautivos política y doctrinariamente. Para moderar el asombro recordemos que se han roto ataduras y se ha ido el enganchador.
Habrá quienes duden de la desafiliación en el PAS, pero ello lo pueden verificar en el Instituto Electoral del Estado de Sinaloa, o de la contingencia en que este partido se quede sin registro, lo cual será posible corroborar en ocho meses y seis días. Lo que hoy atestiguamos es apenas la víspera del trueno.
Acabó el acuerdo fugaz,
De beneficios compartidos,
Donde le eran fieles al PAS,
Según favores recibidos.
Como en política las casualidades no existen, pero sí abundan las causalidades, provoca intrigas la vinculación a proceso que un Juez determinó contra Fausto Corrales Rodríguez al considerarlo testigo principal del episodio de la finca de Huertos del Pedregal en las que fue sometido “El Mayo” Zambada y asesinado Héctor Melesio Cuén Ojeda. Es que después de dos años de esta trama aún no esclarecida, y en el umbral de un proceso electoral, la Fiscalía General de la República procedió a detenerlo el 19 de agosto y en cinco días judicializó el caso. ¿Lo necesita para armar el rompecabezas de la trampa tendida al emblemático jefe del Cártel de Sinaloa o lo utilizará como pieza estratégica en el juego del ajedrez electoral en Sinaloa?