Mirar de frente la desaparición forzada
Después de más de un mes de que muchos vimos un video aterrador que da cuenta de cómo sujetos armados allanan la vivienda de la periodista veracruzana Roxana Guzmán, se ha confirmado que sus restos han sido identificados. Es monstruoso. Pero, además, las investigaciones apuntan a que los autores fueron grupos criminales en complicidad o colaboración con policías municipales. Justo lo que se señala como modus operandi en el informe de la ONU sobre desaparición forzada.
En estos días también se confirmó la muerte de un activista especializado en temas de medio ambiente, Alex Serna, ocurrida en Guerrero, quien estaba desaparecido desde el 20 de junio. Lo que estos dos casos nos documentan es la creciente dificultad para ejercer el periodismo o el activismo ambiental en el nivel local: los caciques resuelven con violencia aquello que les incomoda, y la impunidad los abraza.
Por otro lado, en Jalisco secuestraron a tres adolescentes en Guadalajara, y en Puerto Vallarta, a otros tres jóvenes, lo que confirma que el esquema de reclutamiento que se reveló tras el escándalo del Rancho Izaguirre sigue siendo una práctica común en aquella entidad. Mientras tanto, aquí se sigue queriendo minimizar el problema, se pretende encapsular a los colectivos de madres buscadoras, los encuentros son cada día más ríspidos y no parece haber una ruta de atención al problema.
Sin embargo, parece que los colectivos de madres buscadoras sí han logrado superar el cerco que pretendía invisibilizar las desapariciones.
La semana pasada, The Guardian, un medio británico que goza de gran prestigio, publicó un extenso reportaje sobre la dolorosa realidad de quienes han cambiado sus vidas para dedicarse a la búsqueda de sus seres queridos, y lo ha hecho justamente en estos días futboleros en que cualquier información sobre México en el Reino Unido resulta especialmente atractiva.
Primero fue el informe de la comisión de la ONU que aún puede llegar a un pronunciamiento de la asamblea general, ahora es el reportaje de The Guardian. No se puede seguir tratando de desconocer la magnitud del problema, los malabares de cifras no lo solucionan. Es tiempo de dejar de pretender gobernar solo desde el control de la narrativa, hay que asumir las consecuencias de las omisiones y complicidades para tratar de aminorar y controlar la tragedia.
El camino se ve difícil, pues reconocer responsabilidades nunca ha sido un hábito de la 4T, ellos desterraron la autocrítica. Sin embargo, tarde o temprano, ojalá lo más pronto posible y de la mejor manera, se tendrá que mirar de frente la tragedia de las desapariciones forzadas.
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El autor es consultor internacional en materia electoral.