Mitad del año: ¿cómo vamos?
Llegar a la mitad del año siempre es una buena oportunidad para detenernos un momento y mirar hacia atrás. No para quedarnos atrapados en lo que no salió bien, sino para reconocer lo que hemos construido, agradecer a quienes han sido parte del camino y preguntarnos con honestidad cómo queremos terminar el año.
En Culiacán y en Sinaloa atravesamos una situación económica y de seguridad que ha golpeado a muchas familias, empresas y organizaciones. Sería absurdo negarlo. Hay incertidumbre, cansancio y preocupación. Pero también debemos aceptar algo: lamentarnos todos los días no cambiará nuestra realidad. La queja puede ayudarnos a desahogarnos por un momento, pero no construye soluciones, no alimenta a una familia y no devuelve la esperanza.
Por eso, en el Banco de Alimentos de Culiacán hemos decidido poner la mirada también en lo bueno. No como una forma de ignorar los problemas, sino como una manera de recordar que incluso en los tiempos difíciles siguen existiendo personas dispuestas a ayudar.
En estos primeros seis meses del año hemos visto a un equipo operativo que no se detiene. Mujeres y hombres que reciben, clasifican, almacenan, preparan y entregan alimentos. Personas que recorren comunidades, atienden a las familias, organizan rutas, revisan documentos, cargan cajas y resuelven problemas que muchas veces nadie ve. El trabajo diario puede parecer rutinario, pero detrás de cada tarea hay una familia que podrá llevar alimento a su mesa.
A todo nuestro equipo quiero decirle gracias. Gracias por trabajar aun cuando el cansancio aparece. Gracias por adaptarse, por resolver, por mantener la operación en movimiento y por comprender que nuestra labor no consiste solamente en entregar alimentos, sino en tratar con dignidad a cada persona que se acerca a nosotros.
También quiero agradecer a quienes se han sumado durante el año a nuestras colectas y eventos. A las empresas, instituciones educativas, organizaciones, medios de comunicación, voluntarios y ciudadanos que han decidido participar. Algunas personas donan una tonelada de alimento; otras entregan un kilo. Algunas aportan recursos económicos, otras tiempo, conocimiento, espacios o difusión. Todas las aportaciones importan.
Mención especial merecen quienes donan de manera recurrente. Los aliados que no esperan una campaña especial para ayudar, que mes tras mes entregan alimentos o recursos y que han entendido que el hambre no aparece solamente en diciembre o durante una emergencia. Su constancia nos permite planear, crecer y atender a más familias.
A mitad del año podríamos concentrarnos en todo lo que falta. Y falta mucho. Todavía hay familias que necesitan apoyo, comunidades que debemos alcanzar y retos que parecen enormes. Pero también debemos reconocer que no estamos empezando desde cero. Ya existe una comunidad que ayuda, un equipo comprometido y una red de aliados que sigue creciendo.
Agradecer no significa conformarnos. Significa reconocer que no caminamos solos. Significa valorar lo que tenemos para poder construir lo que todavía nos falta.
La realidad puede ser difícil, pero no todo está perdido. Mientras existan personas dispuestas a trabajar, compartir y ayudar, siempre habrá razones para seguir adelante. Tal vez esa sea la mejor forma de evaluar cómo vamos a mitad del año: no solamente contando lo que hemos recibido o entregado, sino reconociendo cuántas personas han decidido no rendirse.
Y por eso, más que lamentarnos por lo que sucede, hoy vale la pena detenernos y decir una palabra sencilla, pero necesaria: gracias.