Mundial 2026: la niñez también está en juego

Save the Children
27 junio 2026

Cada cuatro años, el Mundial de Futbol transforma ciudades enteras. Hoteles y espacios de alojamiento llenos, aeropuertos saturados, turismo internacional, nuevas inversiones, campañas de promoción y millones de personas movilizándose alrededor de un mismo espectáculo. Pero junto con la derrama económica y la celebración deportiva también llegan riesgos que difícilmente ocupan los titulares: casos de trata de personas, explotación sexual y comercial, trabajo infantil, explotación laboral, desapariciones y distintas formas de violencia que afectan de manera desproporcionada a niñas, niños y adolescentes.

México ya vive la intensidad del Mundial 2026. Mientras estadios, aeropuertos, hoteles y espacios turísticos operan a máxima capacidad, la atención pública continúa concentrada en los resultados deportivos, la movilidad, la seguridad y la derrama económica.

Sin embargo, persiste una pregunta indispensable ¿cómo garantizar la protección efectiva de niñas, niños y adolescentes frente a los riesgos asociados con uno de los eventos masivos más importantes del planeta?

No se trata de ser alarmistas. La experiencia internacional en torno a estos megaeventos deportivos ha mostrado que el incremento de flujos turísticos, actividades comerciales temporales y movilidad humana puede generar condiciones propicias para redes de explotación y para el aumento de distintos factores de riesgo, particularmente en contextos donde persisten desigualdades, informalidad laboral y debilidades institucionales.

Frente a ello, México sí ha comenzado a construir respuestas importantes. Quizá no suficientes todavía, pero sí relevantes.

Uno de los avances más importantes ha sido la actualización del Código Nacional de Conducta para la Protección de Niñas, Niños y Adolescentes en el Sector de los Viajes y el Turismo, construida de manera colaborativa entre la Secretaría de Turismo, organizaciones de la sociedad civil -entre ellas Save the Children- y representantes de la industria turística. Hoy, con el Mundial en marcha, este instrumento adquiere especial relevancia porque pone a prueba la capacidad del sector turístico para asumir un papel activo en la prevención de violencias y explotación contra niñas, niños y adolescentes.

El desafío es enorme. Durante eventos internacionales de gran escala, hoteles, plataformas digitales, servicios de transporte, centros de entretenimiento y espacios turísticos pueden convertirse tanto en espacios de protección como en escenarios donde se invisibilizan riesgos. Por eso, fortalecer protocolos, capacitación y mecanismos de detección temprana no es accesorio: es indispensable.

Otro paso relevante ha sido el desarrollo de la guía “Aprende y juega con el futbol” por el Sistema Nacional DIF, una iniciativa que aprovecha el contexto del Mundial como una herramienta pedagógica y de promoción de derechos. Puede parecer menor frente a la magnitud del evento, pero incorporar herramientas y contenidos de prevención, convivencia y protección en materiales dirigidos a niñas, niños y adolescentes y sus familias también forma parte de la construcción de entornos más seguros.

A ello se suma el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil para fortalecer la actuación de las autoridades. Desde Save the Children hemos acompañado técnicamente distintas acciones impulsadas por autoridades federales y locales para incorporar el enfoque de derechos de la niñez y el principio del interés superior en estrategias, capacitaciones, protocolos y herramientas preventivas vinculadas al Mundial 2026.

Como parte de este esfuerzo, impulsamos procesos de capacitación para la identificación y prevención de la trata de niñas, niños y adolescentes en el contexto del Mundial 2026, que fortalecieron las capacidades de casi mil agentes del Instituto Nacional de Migración ubicados en aeropuertos estratégicos del país y que continuarán con personal de la Secretaría de Turismo, la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Procuradurías de Protección y alcaldías de la capital.

La relevancia de estas acciones radica en algo fundamental: entender que la protección de la niñez no es tarea exclusiva de instituciones especializadas. Un agente migratorio, una autoridad turística, personal de seguridad pública o funcionariado local pueden convertirse en el primer punto de identificación de una situación de riesgo o explotación. Y cuando eso ocurre, la diferencia entre contar o no con herramientas de detección puede ser determinante.

Sin embargo, estos avances conviven con una realidad incómoda: el Mundial está aquí y México todavía no cuenta con una estrategia integral y articulada de prevención de riesgos para niñas, niños y adolescentes. Las acciones existentes son valiosas, pero continúan operando de manera fragmentada frente a desafíos que exigen coordinación permanente entre instituciones, sectores y niveles de gobierno.

Existen esfuerzos, sí. Pero todavía no se vislumbra una estrategia nacional que articule la prevención de la violencia, la trata y la explotación sexual comercial; la erradicación del trabajo infantil; la protección de la niñez en movilidad; el fortalecimiento de los sistemas de protección y la respuesta frente a los riesgos digitales asociados a un evento de escala global.

Y ese vacío importa. Porque los riesgos tampoco ocurren de forma aislada.

La niñez en contextos de movilidad enfrenta mayores posibilidades de separación familiar y explotación. La expansión temporal de actividades económicas puede incrementar el uso de mano de obra infantil en entornos informales o la incorporación de adolescentes en edad permitida para trabajar en actividades prohibidas o peligrosas. El aumento de la demanda de servicios sexuales puede traducirse en mayores riesgos de explotación sexual comercial de adolescentes. Y la hiperconectividad digital asociada con eventos globales también amplifica riesgos vinculados con la captación, la difusión de material de abuso sexual infantil y distintas formas de violencia en entornos digitales.

La pregunta ya no es si México estaba listo para organizar partidos de futbol. Los estadios están llenos, los partidos se juegan y millones de personas participan en la experiencia mundialista. La verdadera pregunta es si estamos siendo capaces de proteger de forma integral a quienes históricamente suelen quedar fuera de la conversación cuando hablamos de grandes eventos internacionales.

El verdadero reto no es responder cuando ocurre una situación de riesgo, sino construir las condiciones para prevenirla. La protección de niñas, niños y adolescentes requiere planeación, coordinación institucional y capacidades que trasciendan la temporalidad del torneo.

El Mundial durará apenas unas semanas. Pero la forma en que México responda hoy a los desafíos de protección de la niñez puede dejar lecciones y capacidades que permanezcan mucho después del último partido.

Ahí está la verdadera prueba.

El autor es Miguel Ramírez Sandi, coordinador nacional de Incidencia Política y Asuntos Legislativos en Save the Children México. Redes: @miguelramsan