‘My math girl’ y la importancia de la educación financiera
Al iniciar el curso de Seminario de Tesis en la Licenciatura de Economía, acostumbro hacer una lluvia de ideas entre mis alumnos sobre temas que sean de su interés para desarrollar su tesis de grado.
Entre otras ideas muy interesantes -y hasta cómicas-, nos vino a la mente ese trend viral en internet que titulan los creadores digitales como “my math girl” (o matemáticas de chicas). Se trata de una expresión popular de internet que se usa, con humor, para justificar ciertos gastos mediante una lógica financiera absurda. Por ejemplo: “costaba 500 pesos, pero estaba al 50 por ciento de descuento, así que gané 500 pesos”, “lo pagué con la tarjeta, así que no cuenta como gasto”, “si lo uso 100 veces, me costó solo 10 pesos por uso”.
Más allá de la broma, la conversación en clase derivó hacia un tema mucho más serio: la educación financiera. Jesús Antonio, uno de mis alumnos, reflexionó sobre una situación que observa en su colonia: hay familias que saben sobre finanzas; saben bien qué es una Afore, entienden que la inflación reduce el poder adquisitivo y hasta saben que es importante el ahorro. Pero cuando llega la quincena, el dinero entra por una puerta y sale por la otra.
Esa curiosidad lo llevó a realizar su investigación. Hasta ahora ha entrevistado a 21 jefas y jefes de familia. Se trata de una muestra pequeña, por lo que sus resultados no pueden generalizarse a toda la ciudad, pero ofrecen una fotografía interesante de lo que ocurre en algunos hogares de Mazatlán.
En la investigación se ha encontrado con una paradoja: existe un nivel relativamente alto de conocimiento y actitud financiera, pero esto no siempre se traduce en buenos hábitos.
El 95 por ciento identificó correctamente qué es una Afore, 76 por ciento sabe que la inflación reduce el poder adquisitivo cuando el salario permanece igual, y 67 por ciento comprende qué significa una deuda con interés compuesto. También hay una actitud favorable hacia el ahorro. El 90 por ciento afirma que deben ahorrar antes que gastar todo su ingreso y 86 por ciento considera importante planificar sus gastos.
Sin embargo, solamente 43 por ciento elabora un presupuesto mensual, mientras que 62 por ciento nunca o casi nunca ahorra de manera formal. Es decir, sabemos que debemos ahorrar, pero no lo hacemos.
Pero tampoco debemos caer en la idea de que todos los problemas económicos de una familia se solucionan simplemente enseñándole a administrar mejor su dinero. No es así. Una familia puede tener un excelente presupuesto y seguir enfrentando dificultades si sus ingresos son insuficientes, aumentan los precios, se pierde un empleo o aparece una emergencia.
De hecho, el estudio no encontró una relación estadísticamente significativa entre el nivel de educación financiera y el ingreso mensual. En cambio, sí encontró una relación significativa entre educación financiera y la percepción de que ésta ha contribuido a mejorar la economía familiar. En otras palabras, saber administrar mejor el dinero quizá no nos haga ganar más, pero puede ayudarnos a aprovechar mejor el que tenemos.
Y aquí reflexionamos en clase, sobre que la educación financiera debería incorporarse desde la educación básica. No se trata de convertir a los niños en economistas, pero sí de enseñar conocimientos prácticos para la vida cotidiana.
La necesidad es todavía mayor en una época en la que obtener un crédito puede tomar unos cuantos minutos, las tarjetas permiten comprar hoy lo que pagaremos durante meses y las plataformas digitales promueven permanentemente el consumo.
Ahora bien, la educación financiera tampoco debe convertirse en una manera de responsabilizar exclusivamente a las familias por sus problemas económicos. No podemos pedirle a una persona que ahorre cuando apenas consigue llegar a fin de mes. La educación financiera no sustituye mejores ingresos ni resuelve por sí sola la desigualdad. Sin embargo, cuando existe cierto margen de ingreso, aprender a administrarlo puede marcar una diferencia.
Es cuanto...