Narcopresidente

Martín Moreno-Durán
19 mayo 2022

López Obrador ha cruzado una línea peligrosa que no tiene retorno: defender desde Palacio Nacional a los criminales del País. A los asesinos. A los narcos. A los sicarios. A los secuestradores. A los extorsionadores. A los asaltantes. A los feminicidas. A quienes han puesto de rodillas a los mexicanos bajo un vacío de Gobierno cada vez más alarmante y preocupante. A quienes nos han robado la tranquilidad.

“También cuidamos a los integrantes de las bandas (criminales), son seres humanos. Es una política distinta, completamente distinta”.

¡Y vaya que es una política distinta! Antes -con sus fallas, altibajos y excepciones-, a los criminales se les combatía y perseguía. Hoy, el Presidente de la República los defiende y proclama: “Los cuidamos”.

De la mano de la benevolencia de AMLO para con el crimen organizado, millones se preguntan alarmados: ¿Por qué defiende el Presidente a los criminales que han enlutado a la Nación? ¿A los que asesinan a familias y niños? ¿A los que ejecutan a inocentes? La respuesta, es:

Porque López Obrador, bajo una estrategia clara, canalla y de alto peligro para México, pretende que el crimen organizado -como ya ocurrió en la elección intermedia de 2021 en la franja del Pacífico-, le ayude a Morena a ganar la elección presidencial de 2024.

Y porque hay un cálculo eminentemente político-electoral. Por eso, la sumisión, el arrodillamiento de AMLO para con el crimen organizado y su brazo más poderoso: el narcotráfico.

Aliarse al narco con un “dejar hacer, dejar pasar” que de mutua conveniencia permita la convivencia de ambos poderes: Gobierno y narco, para lograr sus respectivas metas a mediano y largo plazo.

El narco, para no ser molestado ni perseguido por la Guardia Nacional ni el Ejército ni la Marina. Muy al contrario: para que los sicarios persigan y acorralen a los soldados, como ocurrió en Nueva Italia, Michoacán, donde un comando de la banda “Hermanos Sierra Santana” persiguió, literal, a vehículos militares, bajo una estampa inverosímil e inédita que retrata a la perfección lo que está ocurriendo en México: el Gobierno bajo dominio del narco.

López Obrador claudicó, desde el inicio de su Gobierno, en la tarea constitucional de garantizar la protección de los mexicanos, al decir: “No es nuestra función capturar a los capos”. En ese momento se recrudeció la pesadilla.

A mitad de su Gobierno, AMLO se ha quitado la careta y proclamado: “También cuidamos a los criminales”.

Allí están los hechos.

AMLO, aliado al narco.

Narcopresidente, pues.

Durante 41 meses del régimen obradorista, 115 mil mexicanos han sido ejecutados. En todo el Gobierno de Felipe Calderón fueron 102 mil 859 muertos con violencia. En el de Peña Nieto, 129 mil 262. Así, el sexenio de López Obrador será el más violento de la historia. Y lo que falta.

¿Cómo se entregó el Presidente de México a los brazos del narcotráfico para que ayuden a Morena a ganar elecciones?

Pues así:

Con la liberación, el 17 de octubre de 2019, de Ovidio Guzmán (hijo de “El Chapo” Guzmán), quien había sido detenido por militares en Culiacán. “Yo ordené la liberación”, se jactó AMLO en Palacio Nacional. En Estados Unidos, se ofrece una recompensa de 5 millones de dólares por Ovidio.

Con el fraternal e inaudito saludo del Presidente México hacia la madre del capo más importante en la historia criminal de México: Joaquín “El Chapo” Guzmán. “No te bajes, yo voy...”, le dijo AMLO a María Consuelo Loera el 29 de marzo de 2020. Hay que quedar bien con el patrón.

“Se llegó a decir de que ‘El Chapo’ estaba entre... no me gusta decirle así... Guzmán Loera, ofrezco disculpas... que estaba entre los hombres más ricos del mundo”. Oír para creer: ¡El Presidente de México ofreciendo disculpas a un capo! Qué vergüenza.

“La gente se portó muy bien... y los que pertenecen a la delincuencia organizada, en general bien”, dijo López Obrador un día después de las elecciones intermedias de 2021. Y lo dijo sin miramiento alguno, bajo una cifra espeluznante: casi 100 candidatos a puestos de elección popular fueron asesinados los meses previos al día de los comicios. Hay que ser cínico.

Y tenemos otra estampa del sometimiento del Gobierno obradorista ante el poderío del narco: en Marquelia, Guerrero, sicarios del CJNG amenazaron al Comandante de la Marina en el puerto y a su equipo: “Te pensaba maniar (sic) y colgarte en el puente, carnal; pero por el Presidente Municipal que es nuestro amigo, vamos a dejar esto así, y respeto te pedimos...”. Los criminales se fueron sin ser molestados.

¿Por qué la alianza AMLO-narcotráfico? Por interés político-electoral, sí, pero también, por interés económico y de control de la seguridad nacional.

La explicación más lúcida y certera la ofrece el doctor Ricardo Pascoe Pierce en mi reciente libro Bartlett, El Impune (Edit. Aguilar/Random House). Capítulo “El amasiato con AMLO”, subcapítulo “Narcoeconomía nacionalista”. Detalla Pascoe, textual:

“-Bartlett y López Obrador piensan que el narco es una especie de economía nacionalista, un instrumento propio que hay que defender.

“-Es un eje: con el dominio electoral buscan el control político. Con el dominio de la energía, el control económico. Y con el narco, el control de la seguridad nacional. Esos son los ejes que los unen.

“Y remata:

“-La concepción política de Bartlett y de López Obrador, es una mezcla de nacionalismo oportunista. Han convertido al narcotráfico en parte de la economía nacional, y piensan que así como se defiende a Pemex, así, en el fondo, también debe defenderse al narcotráfico como fuente de recursos para el desarrollo del país. Sólo hay que ver los estados donde Morena ganó gubernaturas en las elecciones del 6 de junio (de 2021): controlados por el crimen organizado.

“Hoy, el narco es un socio diferente, con poder propio que puede ganar elecciones. Es una operación sofisticada, inteligente y siniestra”.

Hasta aquí, lo dicho por Pascoe Pierce en mi libro.

Así de grave es la situación en México con la comunión AMLO-narcotráfico.

López Obrador asume, textual, “cuidar a los integrantes de las bandas criminales”.

López Obrador ordenando liberar al hijo de “El Chapo”. Saludando a la madre de “El Chapo”. Eximiendo de la violencia al crimen organizado. Cerrando los ojos ante 115 mil ejecuciones y 100 mil desaparecidos durante su Gobierno.

Si tiene pico de pato, cola de pato y camina como pato...

Narcopresidente.