Ni Imelda rochista ni Rocha imeldista
Los deslindes: oportunismo y cordura

Alejandro Sicairos
01 junio 2026

A propósito de aspirantes a aparecer en la boleta electoral del 6 de junio del próximo año y que se apresuran a hacer deslindes en su relación con el Gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, quizá la única que no pertenece al grupo político con el rótulo del “rochismo” es la Senadora Imelda Castro Castro quien ha llevado una trayectoria con rumbo propio en la izquierda sinaloense. Sin embargo llama la atención el hecho de que las demarcaciones que ella omite, las implementan otros morenistas que al pintar raya ponen a la vista ingratitudes muy cercanas a la traición.

En los casos de la Legisladora nacida en Agua Caliente de Cebada, Municipio de Sinaloa, y del Mandatario estatal oriundo de Batequitas, Badiraguato, ambos tienen razón en decir “no soy rochista” la primera y “no soy imeldista” el segundo sin averiar ninguno la convergencia en ciertos episodios de la actividad política o la amistad que los une al margen de puestos otorgados mediante la voluntad popular.

Imelda Castro inició su trayectoria en la izquierda desde que en 1989 decidió militar en el Partido de la Revolución Democrática que dirigió en Sinaloa de 2005 a 2008 y en 2000 fue candidata a Senadora sin lograr los votos suficientes, en 2001 y 2013 fue Diputada del Congreso del Estado. Hasta agosto de 2017 dejó el perredismo para afiliarse a Morena. Realmente la coincidencia política con Rocha Moya es a partir de que en 2018 Andrés Manuel López Obrador los postuló a ambos como fórmula de Sinaloa al Senado, escaños que obtuvieron por mayoría de votos.

Por su parte, la carrera política de Rocha Moya empezó en 1968 como Secretario General de la Federación Estudiantes Campesinos Socialistas de México, luego como dirigente del Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad Autónoma de Sinaloa, sección académicos a partir de 1980; fue Diputado local en 1983 por el Partido Socialista Unificado de México, así como candidato a Gobernador en 1986 por el Movimiento Popular Sinaloense, en 1998 por el PRD que dirigía en el País Andrés Manuel López Obrador, y en 2021 ganó ese cargo como abanderado de Morena.

Es decir, han ido separados cíclica y programáticamente pues cada cual ha ascendido en la política por esfuerzo y méritos propios. Inclusive “sin querer queriendo”, esta frase que inmortalizó Chespirito con uno de sus personajes para validar lo que se dice sin mediar la prudencia, Rocha Moya declaró en marzo que Imelda Castro no es su candidata a la titularidad del Ejecutivo estatal, y enseguida enmendó que ni ella ni cualquier otro pretenso lo son.

En la víspera, una ex integrante del Gabinete del Gobernador, que es María Inés Pérez Corral quien se desempeñó como Secretaria del Bienestar, manifestó en sus redes sociales el aviso de “a todos los que hemos declarado que estamos con Imelda Castro, nos han estado difamando, espero que no haya muertes por ello. Somos gente de paz”, lo que tal vez significó un primer intento por romper el binomio Rocha-Castro en la política sinaloense.

Si bien es cierto que Imelda Castro se ha abstenido de hacer su propio deslinde respecto al estatus de su relación con Rocha, todo indica que lo hace cuidando no caer en la tentación de moda que en privado o en público ha motivado a otros a desvincularse del rochismo. Es una mujer sensata que difícilmente hará coro con aquellos que creen que el árbol está caído y proceden a hacer leña.

Al contrario, en lo referente a la acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el Gobernador y nueve funcionarios en activo o ex, la sinaloíta se ha ceñido a la estrategia de defensa de la soberanía que ayer refrendó la Presidenta Claudia Sheinbaum al conmemorar dos años desde que fue electa para ocupar el cargo, exigiendo las pruebas que sustenten las imputaciones y rechazo a la injerencia extranjera en asuntos que sólo competen resolver a los mexicanos.

En el lado opuesto está la posición que clarificó la Diputada federal Graciela Domínguez Nava, quien al inicio del sexenio de Rocha se desempeñó como Secretaria de Educación Pública y Cultura pero el reciente 23 de mayo determinó utilizar el guinda de Morena para difuminar la marca rochista. Manifestó que “yo me sigo considerando morenista, integrante de la izquierda por muchos años. Yo me autodenomino de izquierda, siempre no de hoy sino desde que yo decidí en 1998 participar, siempre lo hice en esta ruta de la izquierda”.

Lo mismo sucede con otros integrantes de la administración pública estatal que una vez que RRM salió por unos días de su despacho del tercer piso de Palacio de Gobierno se apresuran a declararse ajenos al rochismo y adoptan el “inzunzismo” como coartada, pasando por alto que Enrique Inzunza Cázarez y Rubén Rocha representan el mismo proyecto cuatroteísta en Sinaloa. Tal digresión interfiere en la compactación que tendría que presentar el equipo que Yeraldine Bonilla Valverde preside de manera interina, unidad que no admite la desbandada, simulación o transfiguración de quienes hace unas semanas se juraban leales al Gobernador.

En su enésima transformación,

y por apetitos obsoletos,

rochistas hacen la acotación.

de ir juntos pero no revueltos.

Igual que en todo el País, en Sinaloa la Cuarta Transformación mostró ayer la unidad que contra viento y marea prevalece en torno al proyecto de Nación que en 2018 inició Andrés Manuel López Obrador y hoy continúa la Presidenta Claudia Sheinbaum. Dígase lo que se diga, en Culiacán respaldada en la muchedumbre concentrada en la explanada de Palacio de Gobierno, la Gobernadora interina Yeraldine Bonilla Valverde se mostró firme en el timón sinaloense al parafrasear a la Mandataria federal: “La soberanía nacional no se negocia ni se regatea, porque emana del pueblo y sólo al pueblo le pertenece”.